La mesa de negociación entre el Gobierno de Colombia y el grupo autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), conocido ampliamente como el Clan del Golfo, volvió a abrirse después de una interrupción temporal que generó alarmas en ambos bandos. La suspensión se produjo cuando surgieron dudas sobre la inclusión del alias Chiquito Malo en una lista de objetivos priorizados tras una reunión entre el presidente Gustavo Petro y su homólogo estadounidense Donald trump. Ese episodio tensó la confianza entre las partes y obligó a aclarar el alcance de las acciones estatales frente a cabecillas.
El anuncio conjunto de reanudación subraya que se superaron los obstáculos inmediatos y que el diálogo continuará con el apoyo de mediadores internacionales. En la comunicación oficial se confirmó que la Iglesia Católica y las cancillerías de Catar, España, Noruega y Suiza actuarán como garantes y facilitadores del proceso, con el objetivo de reducir la desconfianza y evitar futuros incidentes que pongan en riesgo la mesa.
Contexto y razones de la suspensión
La congelación temporal de las conversaciones ocurrió tras la divulgación de que el Gobierno, presionada por interlocutores externos, habría priorizado perseguir a determinados cabecillas del crimen organizado. El hecho de que el alias Chiquito Malo figurara entre esos nombres generó la reacción inmediata del EGC, que decidió pausar el proceso hasta obtener garantías sobre si su líder sería un blanco operativo o si la negociación seguiría su curso sin afectaciones directas a los interlocutores.
Quiénes participan y cómo se mediaron las conversaciones
El esquema de mediación ahora anunciado incorpora actores con experiencia en procesos de paz: la Iglesia Católica y gobiernos europeos y de Oriente Medio. Estos garantes intentan proporcionar espacios neutrales y protocolos de comunicación que reduzcan malentendidos y ofrezcan salvaguardas para las partes. La intervención internacional busca además aportar legitimidad y garantizar que los compromisos se cumplan en un marco de transparencia.
Rol de los garantes internacionales
Los países y organizaciones involucradas actuarán como observadores y facilitadores logísticos y diplomáticos: coordinarán agendas, asegurarán mecanismos de verificación y servirán como puente cuando surjan tensiones. La participación de Estados como España y Noruega responde a su trayectoria en procesos similares, mientras que Catar ha sido sede de rondas anteriores del diálogo.
Implicaciones para la seguridad y la política interna
El Clan del Golfo figura entre los grupos armados más poderosos del país, con una estructura que, según estimaciones abiertas, moviliza a miles de combatientes y tiene influencia sobre rutas de narcotráfico y territorios estratégicos. En su contra, Estados Unidos lo ha calificado con medidas severas que afectan su operatividad internacional. La reanudación de los diálogos plantea preguntas sobre cómo conciliar la acción judicial y militar con la vía política propuesta por el Ejecutivo bajo la iniciativa Total Peace.
Presión internacional y la agenda interna
La relación entre Bogotá y Washington ha sido clave en este episodio: las exigencias de cooperación para combatir al narcotráfico contrastan con la apuesta del Gobierno por negociar con actores armados. Este balance será un tema central en el debate público y político, especialmente entre sectores que exigen contundencia ante líderes criminales y otros que apoyan soluciones negociadas para reducir la violencia.
Además, el manejo del proceso tendrá impacto electoral, ya que la seguridad y el control de los grupos armados son puntos recurrentes en la agenda ciudadana y aparecerán en la contienda presidencial. La forma en que se avance en estos diálogos, y la percepción sobre su eficacia, influirán en cómo los electores valoren las propuestas de los diferentes candidatos.
La permanencia de los mediadores internacionales y la claridad sobre garantías serán determinantes para que el proceso avance sin nuevas interrupciones y para que las partes mantengan la confianza necesaria para avanzar hacia acuerdos concretos.


