Racismo en el fútbol: el episodio Prestianni-Vinícius y la necesidad de sanciones claras

El fútbol argentino vuelve a enfrentarse a una polémica que trasciende la táctica y los resultados: un episodio de abuso verbal que involucra a Gianluca Prestianni y a Vinícius Júnior durante un partido de la Liga de Campeones en Lisboa. La situación generó una investigación de UEFA, versiones contradictorias sobre las palabras pronunciadas y un debate más amplio sobre conductas discriminatorias en el deporte.

Este texto ofrece contexto sobre lo ocurrido, sintetiza las declaraciones clave y sitúa el incidente dentro de tendencias más amplias en el fútbol argentino, donde gestos y cánticos ofensivos han sido motivo de sanciones y advertencias en los últimos años.

El episodio y la investigación

Durante el encuentro entre Benfica y Real Madrid, tras el gol de Vinícius, se produjo una confrontación en el campo que derivó en una interrupción de cerca de diez minutos. El jugador brasileño declaró haber escuchado un insulto de carácter racista y expresó en sus redes que los racistas actúan con cobardía y, muchas veces, cuentan con la impunidad de otros.

Versiones enfrentadas

De acuerdo con fuentes citadas por medios internacionales, incluido ESPN, Prestianni declaró ante la UEFA que utilizó un insulto de carácter homófobo en español, concretamente una palabra que comienza con «m» y que en ese idioma tiene connotaciones anti‑gay, y no el término «mono» («mono» en español para referirse a «mono/monkey»). Por su parte, testigos como Kylian Mbappé afirmaron haber escuchado repetidas repeticiones del supuesto insulto hacia Vinícius, y el Real Madrid entregó un dosier de pruebas a la UEFA.

Marco disciplinario y posibles sanciones

La UEFA aplica su normativa disciplinaria para conductas racistas y homófobas de forma similar. El artículo 14 de su reglamento establece que cualquier persona o entidad que insulte la dignidad humana por motivos como la raza, el color de la piel o la orientación sexual puede recibir sanciones que incluyen suspensiones extensas o sanciones económicas. En la práctica, esto implica la posibilidad de penas severas para jugadores y equipos si se comprueba la autoría de episodios discriminatorios.

Repercusiones deportivas y simbólicas

Además de la sanción deportiva, estos hechos tienen un efecto simbólico: erosionan la imagen del fútbol e impactan en la experiencia de convivencia en los estadios. Los clubes y las autoridades enfrentan la doble responsabilidad de aplicar castigos y desarrollar políticas educativas para prevenir la repetición de este tipo de incidentes.

Contexto nacional: patrones y respuestas

Argentina no es inmune a comportamientos discriminatorios en el ámbito futbolístico. En los últimos años se registraron cánticos y gestos xenófobos y racistas dirigidos a jugadores de origen extranjero; clubes importantes han sido multados y advertidos por comportamientos de sus hinchadas. Ese historial sitúa al país en un proceso en que las instituciones han intentado, con diferentes grados de éxito, reducir ciertas expresiones ofensivas.

Factores culturales y digitales

Parte del problema se relaciona con normas de lenguaje cotidiano: apodos y referencias físicas que en contextos informales pueden considerarse aceptables localmente resultan ofensivos fuera de ese marco. A esto se suma la influencia de plataformas digitales, donde la proliferación de mensajes racistas y extremistas puede normalizar actitudes que antes se consideraban inaceptables. El resultado es una combinación de factores culturales y tecnológicos que exige soluciones multilaterales.

Medidas recomendadas y precedentes

Existen experiencias útiles: campañas de concientización, la amenaza real de suspender partidos cuando se detectan insultos discriminatorios, y sanciones económicas y deportivas han contribuido a disminuir ciertos cánticos xenófobos en estadios. Estas acciones muestran que con voluntad institucional y controles operativos es posible lograr cambios visibles.

La insistencia debe ser en la prevención y en sanciones que no sean meramente simbólicas. El fútbol necesita transmitir con claridad que el racismo, la xenofobia y la homofobia no forman parte del juego ni de la cultura deportiva. Solo así se podrá proteger a los jugadores y recuperar la credibilidad de una práctica que congrega a millones de personas.

Si la investigación de la UEFA confirma imputaciones, el caso Prestianni podría servir como impulso para reforzar normas y prácticas; si no, habrá que buscar vías para aclarar responsabilidades y evitar la repetición de incidentes que envenenan el deporte.