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4 junio 2026

Qué ver en Calakmul: guía práctica para explorar la ciudad Maya

Explora Calakmul: desde su hallazgo en 1931 hasta las pirámides, las inscripciones jeroglíficas y las rutas recomendadas para 1, 2 o 3 noches

Qué ver en Calakmul: guía práctica para explorar la ciudad Maya

Calakmul es uno de los grandes testimonios de la civilización Maya en la península: un conjunto monumental rodeado por la densa vegetación de la Reserva de la Biosfera Calakmul y reconocido por la UNESCO. Su nombre antiguo, registrado en las investigaciones, era Uxte’tuun, es decir, el lugar de las 3 piedras, y la ciudad combina un valor arqueológico extraordinario con una rica diversidad biológica. Al visitar, el viajero no solo observa estructuras mayas sino que también atraviesa un ecosistema donde la fauna y la flora dialogan con los vestigios del pasado.

La historia moderna del sitio comienza con un hallazgo casual: en 1931 el botánico Cyrus Lundell y sus trabajadores, ocupados en la extracción de chicle, dieron con los restos bajo la maleza. Lundell bautizó el enclave como Calakmul —’dos montículos adyacentes’ según la interpretación inicial— y trazó los primeros planos. La noticia llegó al Carnegie Institution, que envió en abril de 1932 a Sylvanus Morley junto a especialistas como Karl Ruppert, interesándose especialmente por los centenares de estelas jeroglíficas. Tras un periodo de abandono académico, nuevas excavaciones devolvieron a Calakmul su lugar en la arqueología mesoamericana.

Investigación y hallazgos clave

Desde la reapertura de los trabajos arqueológicos INAH y equipos universitarios revelaron la magnitud de Calakmul. Investigadores como William Folan y el equipo liderado por Ramón Carrasco permitieron identificar a la ciudad como capital dinástica de la casa Kanu’l, asociada al glifo emblema de la cabeza de serpiente. Entre los descubrimientos más relevantes figura un máscara de jade hallada en la denominada Estructura VII, actualmente en el Museo Baluarte de la Soledad en Campeche, y varias tumbas con ofrendas que confirman la importancia ritual y política del sitio. La evidencia epigráfica ha permitido reconstruir nombres de barrios y plazas, así como la secuencia de poder que marcó su apogeo y declive.

Las áreas imprescindibles dentro del recinto

El recorrido habitual empieza en la Gran Plaza, epicentro político donde dominan los templos monumentales. Frente a ella sobresale la Estructura VII, accesible y desde cuya cima se obtiene una vista panorámica del conjunto. Al sur, la Estructura II —la gran pirámide— supera los 50 metros y presenta siete fases constructivas; es recomendable subirla para observar el dosel selvático hasta la distancia y los detalles de mascarones y frisos. La Estructura I, por su parte, ofrece escalinatas y restos de estelas que recuerdan el expolio sufrido. Cerca, la llamada Lundell Palace (Estructura III) conserva bóvedas y habitaciones, y la Gran Acrópolis revela la configuración residencial de la élite con patios, bancos interiores y el Juego de Pelota asociado a ceremonias y diplomacia regional.

Áreas cerradas y bienes protegidos

No todas las zonas son accesibles: el sector Chiku Nahb resguarda murales policromos que documentan escenas de la vida cotidiana y espacios de intercambio, pero actualmente no está abierto al público. Las restricciones buscan preservar pigmentos y soportes frágiles. En contraste, los visitantes pueden conocer vestigios expuestos y aprender sobre el contexto urbano y ritual a través de guías certificados que interpretan la arquitectura, los glifos y las relaciones políticas con ciudades vecinas como Tikal.

Rutas cercanas y extensión del viaje

Para apreciar la región conviene planear la estancia: una noche alcanza para ver el sitio principal, pero muchos viajeros recomiendan dos o tres noches. Con una segunda noche es posible añadir el circuito Río Bec —Becán, Chicanná y Xpujil— que muestra un estilo arquitectónico distinto, incluida la famosa fachada zoomorfa de Chicanná. Con una tercera noche se puede realizar la Caminata Mañanera por la biosfera o participar en proyectos comunitarios; operadores locales como Ka’an Expeditions ofrecen esos recorridos y actividades interpretativas para profundizar la experiencia.

Acceso, tarifas y recomendaciones prácticas

El acceso se realiza por carretera: el aeropuerto más cercano es el de Chetumal, aproximadamente a 90 kilómetros, y existe parada del Tren Maya en la zona, aunque siempre hay que completar el trayecto por tierra. La ruta habitual conduce desde Campeche por la carretera federal 186 hasta Conhuas y de allí un tramo de unos 60 kilómetros por camino angosto en medio de la selva; la conducción exige precaución. En el ingreso se cobran tres pagos en efectivo: a la CONANP, a la comunidad ejidal y a INAH por la entrada; no hay cajeros dentro de la reserva. El sitio abre de 8:00 a 17:00 horas y el estacionamiento se ubica a más de 2,4 km de las ruinas.

Consejos finales y respeto al entorno

Antes de partir, recuerde llevar pesos en efectivo, abundante agua, provisiones y repelente (preferiblemente DEET o ropa tratada). El recorrido implica esfuerzo físico y clima húmedo; el calzado adecuado y la protección solar son imprescindibles. Además, respete la flora y la fauna: la reserva alberga mono aullador, tucanes, tecolotes, pecaríes y elocuentemente aves como el pavo ocelado. Planear una estancia de dos o tres noches suele dar tiempo para entender mejor la región y regresar con la sensación de haber conocido el lugar sin prisas.

Autor

Javier Ortega

Javier Ortega, bilbaíno de 58 años con estilo casual, rememora haber seguido la larga huelga industrial en la ría de Nervión y entrevistar a trabajadores en astilleros. Sostiene un periodismo que visibiliza a quienes quedan fuera del poder; guarda archivos fotográficos de la transformación industrial de Euskadi.