Qué líquidos evitar y cómo adaptar la alimentación para proteger la salud cardiovascular y oncológica

La salud cardiovascular y el manejo nutricional en enfermedades complejas requieren decisiones informadas. En una nota publicada el 26/02/se detallaron bebidas que pueden elevar la presión arterial, mientras que especialistas del Hospital Metropolitano explican cómo la nutrición personalizada es clave en el tratamiento de pacientes con cáncer. Complementan estas recomendaciones pautas para iniciar actividad física y señales de alerta frente a la depresión.

Este artículo reúne esas ideas en un formato práctico: qué líquidos limitar si tenés hipertensión, cómo evaluar y adaptar la alimentación en oncología, y qué medidas tomar para ejercitarse con seguridad y detectar trastornos del ánimo.

Qué bebidas conviene evitar cuando hay hipertensión

Si se padece hipertensión arterial, algunos líquidos pueden empeorar la tensión y aumentar el riesgo cardiovascular. Entre los más relevantes figuran las bebidas muy saladas o con alto contenido de sodio, los refrescos azucarados y algunas bebidas energéticas que combinan cafeína y estimulantes. Asimismo, el consumo excesivo de alcohol puede elevar la presión y reducir la efectividad de ciertos medicamentos antihipertensivos. Los especialistas recomiendan priorizar el agua, infusiones sin azúcar y líquidos con bajo contenido de sodio, así como leer etiquetas para identificar sodio oculto en bebidas preparadas.

Alternativas más seguras

Optar por agua mineral o filtrada, aguas aromatizadas sin azúcar y té sin endulzar aporta hidratación sin sumar sodio ni azúcares simples. Para quienes consumen café, moderar la ingesta y observar la respuesta individual es aconsejable: la respuesta hemodinámica a la cafeína varía entre personas y puede elevar temporalmente la presión en algunos individuos.

Nutrición individualizada en pacientes con cáncer

Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, la alimentación se transforma en un componente esencial del tratamiento. El concepto de nutrición personalizada implica evaluar el estadio y la localización del tumor, el apetito, el estado nutricional y la función de órganos como hígado y riñón para diseñar un plan seguro y eficaz. En tumores del tracto digestivo, por ejemplo, puede ser necesario recurrir a vías alternativas de nutrición; en otros casos, el objetivo será prevenir la pérdida de masa muscular y corregir deficiencias específicas de micronutrientes.

Recomendaciones generales para pacientes oncológicos

Los especialistas sugieren priorizar proteínas para preservar masa muscular, consumir frutas y verduras ricas en antioxidantes (como frutos rojos) y preferir alimentos lo más naturales posible evitando productos procesados y azúcares refinados. La fibra y los vegetales —cocinados en ciertos casos— ayudan a mantener la función digestiva. Los suplementos nutricionales pueden ser útiles si la ingesta oral es insuficiente, pero deben indicarse de forma individualizada; no todas las personas los necesitan ni todos son adecuados para cada paciente. Es esencial recordar que la alimentación por sí sola no cura el cáncer, pero sí contribuye a la tolerancia a las terapias y a la recuperación.

Iniciar ejercicio con seguridad y detectar señales de alarma en salud mental

Al comenzar o retomar una rutina física conviene seguir pasos progresivos: empezar de menos a más, calentar antes de la actividad y estirar Para quienes no están entrenados, caminar a ritmo vigoroso y ejercicios de fuerza con cargas leves son un buen punto de partida. La natación y las actividades en el agua se recomiendan cuando se necesita reducir el impacto en articulaciones. Además, mantener una adecuada ingesta de proteínas y una buena hidratación protege la masa muscular durante el entrenamiento.

Qué hacer ante dolor, fatiga o síntomas psicológicos

Si aparece dolor durante el ejercicio, lo correcto es detener la actividad y consultar a un profesional de la salud. En paralelo, es clave estar atentos a señales de depresión: pérdida de funcionalidad en tareas diarias, irritabilidad persistente, pérdida de interés por actividades antes disfrutadas, pensamientos de desesperanza o sensación de vacío emocional. Frente a estas señales, el acompañamiento médico y psicológico es necesario para un diagnóstico y un plan terapéutico adecuados.

En síntesis, proteger el corazón y mejorar la calidad de vida en enfermedades crónicas exige decisiones combinadas: evitar bebidas que eleven la presión, adaptar la alimentación en función del estado del paciente y retomar la actividad física con pautas graduales, todo acompañado por profesionales. La integración de estos enfoques contribuye a resultados más seguros y a una mejor respuesta a los tratamientos.