La contienda por la reelección de Javier milei no está definida y arrastra una mezcla de oportunidades y riesgos. A 17 meses de la votación, las últimas mediciones muestran una merma notable en el respaldo ciudadano, según reportes de la firma CG Global Data. En apenas poco más de seis meses el presidente pasó de figurar entre los líderes regionales mejor posicionados a ocupar uno de los puestos más bajos en los rankings que comparan jefes de Estado, un retroceso que obliga a revisar estrategias y prioridades.
En el seno del gobierno conviven decisiones de estilo y problemas concretos: por un lado, el liderazgo mantiene figuras polémicas como Manuel Adorni, señalado en la prensa por denuncias de irregularidades; por otro, la percepción pública sobre la economía muestra signos de estancamiento, con salarios que no reviven y noticias de pérdida de empleo. Ese cóctel genera dudas sobre si la continuidad de las políticas actuales será suficiente para sostener una campaña hacia 2027.
La erosión del apoyo político
Las encuestas han sido el termómetro más visible del desgaste. Según los informes, Milei pasó de competir entre los más apoyados a figurar cerca de los menos respaldados en un lapso breve. En la comparación regional perdió posiciones frente a líderes como Rodrigo Paz y Luiz Inácio Lula da Silva, mientras que ahora sólo le superan en impopularidad figuras como José Balcázar y Delcy Rodríguez. Ese movimiento en los sondeos obliga a preguntarse si se trata de una oscilación temporal o el inicio de una tendencia más estructural que condicionará su opción por presentarse nuevamente.
El caso Adorni y la comunicación interna
El episodio de Manuel Adorni expone una tensión entre lealtades internas y costo político: según medios locales, el presidente llegó a afirmar que preferiría perder una elección antes que destituir a ciertos colaboradores. Esa postura plantea un dilema sobre prioridades: ¿se gobierna en función de principios personales o de la necesidad de ajustar el gabinete para recuperar confianza? Mientras tanto, la oposición no termina de consolidarse y eso le da margen, aunque ese margen no es infinito si la economía no muestra señales de mejora.
Economía, percepción pública y costo electoral
Más allá de los escándalos, el verdadero talón de Aquiles parece ser la situación económica. Existe una sensación generalizada de estancamiento: los salarios no registran un repunte real, los aumentos tarifarios afectan la canasta básica y los despidos han aumentado en sectores claves. Esa realidad se mezcla con la implementación de políticas de ajuste, descritas por críticos como una motosierra fiscal por su profundidad, que erosionan el poder adquisitivo y el apoyo social. El desafío para el Ejecutivo es traducir recortes y reformas en señales de crecimiento y empleo antes de que la memoria electoral castigue a la gestión.
RIGI, inversiones y la incógnita empresarial
En paralelo, el gobierno impulsa la expansión del sistema RIGI, un esquema que otorga beneficios fiscales a proyectos de gran escala. El anunciado «Super RIGI» busca ampliar esos incentivos a nuevas etapas de la cadena de valor, privilegiando sectores como energía y minería. Hasta ahora, los datos compilados por la consultora Globaris indican compromiso de 36 proyectos por un total aproximado de US$86.000 millones, de los cuales el Ejecutivo aprobó 13. Esa cifra ilustra interés inversor, pero también muestra que las empresas valoran tanto las ventajas fiscales como la sostenibilidad política del marco que las respalda.
Inversores ante la duda sobre 2027
Las firmas que presentaron planes bajo RIGI están más preocupadas por la continuidad de esos beneficios después de 2027 que por obtener nuevas exenciones hoy. En ese sentido la fragilidad política se convierte en un riesgo para la viabilidad de proyectos a largo plazo: sin certezas sobre quién gobernará ni sobre la permanencia de los incentivos, la inversión puede demorarse o revisarse. El dilema para Milei es evidente: priorizar un paquete proempresarial agresivo puede erosionar aún más el apoyo social; aminorarlo puede enfriar la llegada de capitales urgentes.
Balance y escenarios hacia la reelección
Si la tendencia actual persiste, no es descartable que el presidente termine descartando su postulación; la pregunta central es si esa sería una decisión deliberada o la consecuencia de un desgaste irreversible. La estrategia del Ejecutivo ha oscilado entre la pragmática —evitar medidas extremas como una dolarización inmediata— y la radical —mantener recortes drásticos pese a la sangría de popularidad—. Al final, la confrontación entre principio y realidad marcará si el proyecto de continuidad se reacomoda o se diluye.
En definitiva, la suerte de la reelección depende de la capacidad del gobierno para reconectar con las preocupaciones sociales sin renunciar por completo a atraer inversiones. ¿Actuará Milei para reconstituir apoyo político y moderar medidas, o mantendrá el rumbo aun pagando un alto costo electoral? Esa incógnita seguirá definiendo el debate público en los meses venideros.
