Históricamente visto como un territorio de paso entre Brasil y Argentina, Paraguay ha cambiado de percepción en los mercados. Con cerca de 6,1 millones de habitantes y una economía valorada en aproximadamente US$47.000 millones, el país ha escalado en la atención internacional gracias a políticas económicas que han reducido la inflación y sostenido un crecimiento promedio robusto. La obtención de grado de inversión por parte de agencias internacionales y la llegada de residentes extranjeros explican parte de este nuevo dinamismo, mientras que la capital, Asunción, muestra inversiones en bienes raíces y consumo.
El presidente Santiago Peña, economista de formación, ha promovido una estrategia de promoción internacional desde que asumió, viajando con frecuencia para llamar la atención sobre el potencial paraguayo. Su alineamiento con la agenda de seguridad y cooperación impulsada por la administración de Donald Trump en Washington reforzó la percepción de estrecha relación con Estados Unidos. Al mismo tiempo, la permanencia de relaciones diplomáticas con Taiwán lo diferencia en una región con fuerte influencia china, lo que condiciona algunos mercados como el de la carne y la soja.
Factores que explican el atractivo
Entre las razones que empujan capitales hacia Paraguay destacan un marco tributario competitivo y regímenes especiales como la maquila, que ofrece ventajas para la manufactura para exportación. El país ha acumulado señales de confianza: avances en la clasificación crediticia y emisiones de deuda en moneda local que han tenido buena recepción entre inversionistas. Además, flujos de residencias y solicitudes migratorias han aumentado notablemente, reflejando a empresarios y familias que buscan menores cargas fiscales y costos operativos para sus emprendimientos.
Maquila y manufactura como motor
El régimen de maquila ha sido clave para atraer fábricas textiles y de manufactura ligera. Empresas como la liderada por empresarios argentinos han multiplicado exportaciones, aprovechando energía barata, mano de obra competitiva y un entorno laboral más estable para algunas industrias. Productos de alto valor añadido, incluidos textiles premium, se envían desde el país a mercados como Estados Unidos, Reino Unido y Japón. Estas cadenas de valor muestran cómo una mezcla de costos y reglas claras puede transformar a un país pequeño en un centro exportador regional.
Finanzas públicas y mercados de deuda
En los últimos años Paraguay ha recurrido a mercados internacionales con emisiones en guaraní y en dólares, escalando montos y diversificando su base de tenedores. La colocación de deuda en moneda local y la demanda por bonos soberanos reflejan una mejor percepción del riesgo país, aunque no todas las agencias de calificación han avanzado al mismo ritmo. El crecimiento de la inversión extranjera directa y la entrada de capitales implican oportunidades para financiar infraestructura, pero también ponen la lupa en la sostenibilidad fiscal.
Presión sobre la recaudación
El principal atractivo —una baja carga tributaria— también obliga a un debate inevitable sobre recursos para servicios públicos. Con una presión tributaria por debajo del promedio regional, la recaudación limita la inversión en infraestructura, educación y salud. Voces técnicas proponen elevar gradualmente la recaudación para sostener el desarrollo a mediano plazo, sin perder la competitividad que hoy atrae negocios y residentes.
Riesgos políticos y sociales
A pesar del progreso económico, persisten desafíos estructurales: altos niveles de economía informal, desigualdad en el acceso a servicios y percepciones de corrupción que afectan la confianza ciudadana. La presencia dominante del Partido Colorado y tensiones sobre libertades civiles han despertado críticas sobre el rumbo institucional. Para que el crecimiento sea inclusivo y duradero, analistas y actores locales empujan por reformas que combinen transparencia, mejora en la gobernanza y mayor inversión social.
En síntesis, Paraguay ha pasado de ser un país poco observado a un destino atractivo para inversores por sus condiciones fiscales, estabilidad macroeconómica y apertura diplomática. Sin embargo, el desafío será equilibrar esa atracción con políticas que fortalezcan la recaudación, reduzcan la informalidad y aseguren que el crecimiento llegue a un mayor número de hogares. El futuro dependerá de la capacidad del país para convertir su actual momento en progreso sostenible y equitativo.



