En redes sociales una podóloga conocida como María Jesús desafió una creencia muy extendida: que caminar descalzo provoca resfriados. Con tono directo y cercano explicó que esta idea más bien pertenece al terreno de los mitos familiares y que, desde la perspectiva biomecánica, andar sin calzado puede ser una forma sencilla de reactivar estructuras que el calzado moderno ha dejado inactivas. La intervención busca cambiar el enfoque: pasar de evitar el contacto del pie con el suelo a usarlo como herramienta para recuperar funcionalidad.
La especialista recuerda que el pie es una estructura compleja: cuenta con 26 huesos, numerosos tendones, ligamentos y decenas de músculos que trabajan coordinados. El uso continuo de zapatillas muy acolchadas o con suela rígida provoca una especie de «hibernación» de esa musculatura; con el tiempo se pierde fuerza, movilidad y la capacidad para adaptarse a irregularidades del terreno. La consecuencia, apunta la experta, se manifiesta en molestias que muchas veces atribuimos únicamente a la espalda o a las rodillas, sin mirar a la base que las sostiene.
Beneficios de integrar la práctica
El principal efecto positivo de caminar descalzo es la activación del arco plantar y la musculatura intrínseca del pie; esa reacción se traduce en mejor equilibrio y mayor estabilidad a la hora de dar cada paso. Desde un enfoque de cadena cinética, fortalecer la base influye en la alineación de tobillos, rodillas y caderas, por lo que puede reducir la probabilidad de dolor en estas zonas. Además, la práctica contribuye a prevenir afecciones comunes como la fascitis plantar y los juanetes, siempre que se combine con una valoración profesional cuando exista sintomatología previa.
Cómo empezar con seguridad
La recomendación de la podóloga es progresiva y realista: dedicar entre 10 y 15 minutos diarios a caminar descalzo en ambientes seguros y limpios, como una alfombra en casa o césped bien mantenido. No se trata de desechar el calzado, sino de complementar su uso. Entre los consejos prácticos figura alternar apoyos —andar breves tramos de puntillas y también apoyando solo en los talones— para activar distintos grupos musculares. Si existe dolor persistente o patologías previas, lo adecuado es consultar a un profesional de la podología antes de introducir cambios.
Mitos y respuestas
¿Andar descalzo provoca resfriados?
La especialista lo aclara con contundencia: los resfriados son causados por virus, no por el contacto directo del pie con una superficie fría. Caminar descalzo puede aumentar la sensación térmica de frío en las extremidades, pero eso no equivale a una infección viral. En entornos poco higiénicos o con riesgos de lesiones, sí existen razones para evitar la exposición; por eso la propuesta enfatiza superficies seguras y limpias. En resumen: la exposición al frío en los pies no es la causa de un problema infeccioso.
Ejercicios sencillos para integrar en la rutina
Además de los paseos cortos sin calzado, la podóloga sugiere ejercicios fáciles que se pueden practicar en casa: recoger objetos pequeños con los dedos del pie, hacer flexiones de los dedos sobre una toalla para practicar la retracción y extensión, o caminar sobre diferentes texturas (alfombra, césped, madera) para estimular receptores sensoriales. Estos gestos activan el reflejo plantar y mejoran la propiocepción. Son ejercicios de baja complejidad pero alto impacto si se mantienen de forma regular.
Precauciones finales
La invitación es recuperar la libertad del pie sin apresuramientos: empezar despacio, elegir superficies adecuadas y combinar la práctica con ejercicios complementarios y, cuando corresponda, una consulta profesional. El objetivo es que los pies recuperen fuerza y movilidad, lo cual repercutirá positivamente en la postura general. La propuesta de María Jesús es sencilla, gratuita y accesible: unos minutos al día pueden devolver funcionalidad a una parte del cuerpo que solemos descuidar.



