El inicio de 2026 ha sido un verdadero terremoto en el ámbito político internacional, marcado por la abrupta captura de Nicolás Maduro. En un giro inesperado, fuerzas especiales de Estados Unidos llevaron a cabo una operación relámpago en Caracas, que culminó con la detención del mandatario y su esposa, trasladándolos a Nueva York para enfrentar serias acusaciones. Esta acción, aunque parezca un cambio de régimen, ha puesto a la administración de Maduro bajo la influencia estadounidense, con el control de los recursos petroleros como eje central de esta nueva fase.
La intervención de Estados Unidos en Venezuela no fue una acción aislada. En los días siguientes, Trump intensificó su retórica, amenazando a otros países de la región como Colombia y Cuba, mientras ofrecía su apoyo a los manifestantes en Irán. Estas amenazas han generado un clima de tensión que ha dejado al mundo expectante sobre el desenlace de estos acontecimientos.
Reacciones internacionales ante la crisis
Las repercusiones de la captura de Maduro no se hicieron esperar. En un discurso inusitado para un líder europeo, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier comparó las acciones estadounidenses en Venezuela con la intervención de Rusia en Ucrania, describiéndolas como fracturas del orden mundial. Este tipo de declaraciones pone de relieve cómo las acciones de una nación pueden afectar la percepción internacional y el equilibrio de poder.
Un escenario geopolítico cambiante
Desde Moscú, Dmitri Medvédev aplaudió el giro de los eventos, argumentando que Estados Unidos ha perdido su autoridad moral. Esta perspectiva se suma a un contexto donde el poder se ejerce de manera más brutal, y el respeto a las normas internacionales parece estar en declive. Así, la intervención en Venezuela ha abierto la puerta a un aumento de las zonas de riesgo a nivel global.
Inestabilidad en diversas regiones
Mientras tanto, Europa enfrenta su propia crisis con la guerra en Ucrania que ya cumple cuatro años. La lucha híbrida contra la Unión Europea se intensifica, y los gobiernos se ven obligados a lidiar con escenarios que antes parecían inimaginables. En el Medio Oriente, la situación en Gaza se mantiene volátil, y en Irán, las protestas siguen desafiando a un régimen que no logra sofocar el descontento popular.
La mirada de China
En Asia, la paciencia de China se convierte en un factor crucial. A pesar de la tregua en la guerra comercial con Estados Unidos, las tensiones persisten, especialmente en torno a Taiwán, donde las maniobras militares chinas han aumentado. Este contexto invita a reflexionar sobre cómo una retirada estadounidense de las organizaciones internacionales puede crear un vacío que China estará lista para llenar.
En una reciente entrevista, Trump expresó su convicción de que Xi Jinping no actuaría contra Taiwán durante su mandato, subestimando la estrategia de Beijing. La arrogancia de este tipo de declaraciones resalta un desconocimiento sobre el largo plazo en la geopolítica. Mientras tanto, cada paso de Estados Unidos hacia la desarticulación de acuerdos internacionales, como el tratado New START, aleja al mundo de una era de control sobre armamento nuclear.
Las acciones del presidente Trump, aunque inesperadas, no son siempre improvisadas. La operación en Venezuela había sido planeada durante meses, lo que demuestra que detrás de la aparente imprevisibilidad hay una estrategia clara. Sin embargo, el costo de esta estrategia es la estabilidad del orden global, una consecuencia que podría tener efectos devastadores a largo plazo.
Al final del día, el año 2026 apenas comienza. La primera semana ha mostrado un mundo en desequilibrio, y si bien el suspense ha sido establecido por eventos dramáticos, queda por ver cómo evolucionarán las próximas semanas. La frase atribuida a una maldición china, que dice: “Ojalá vivas en tiempos interesantes”, parece ajustarse a la realidad actual. Este año se perfila como uno de los más intrigantes y complicados en el escenario internacional.



