La jornada del 14 de febrero de pasó a la historia del deporte brasileño cuando Lucas Pinheiro Braathen se alzó con la medalla de oro en el slalom gigante masculino en la pista del Stelvio Ski Centre, en Bormio, Lombardía. Con una suma de tiempos que dejó atrás a los principales favoritos, Braathen registró 1:13.92 en la primera manga y un sorprendente 1:11.08 en la segunda, totalizando 2:25.00 y asegurando un triunfo que es, además, el primero para Brasil y para toda Sudamérica en unos Juegos Olímpicos de Invierno.
En paralelo, a unos 200 km del lugar de la competencia, la Casa Brasil en Milán vivió una celebración efusiva: cerca de 300 aficionados siguieron la transmisión, corearon el nombre del campeón y sirvieron cientos de pães de queijo. La victoria socializó el momento con ovaciones, abucheos a los rivales suizos y brindis gratuitos anunciados por la organización.
La hazaña deportiva en la pista
En el corazón de la actuación estuvo la técnica y la decisión de Braathen. Desde la primera bajada, en la que marcó 1:13.92 como tiempo de referencia, el brasileño demostró una combinación de agresividad y control que pocos pudieron igualar. Entre los competidores sobresalían figuras como Marco Odermatt, Loic Meillard y Thomas Tumler, todos representantes de Suiza, que llegaron a establecer tiempos excelentes pero no suficientes para desbancar al líder.
La segunda manga presentó un recorrido más veloz y exigente, con la pista mostrando desgaste tras las primeras pasadas. Braathen, saliendo en una posición tardía por haber liderado la primera ronda, afrontó superficies irregulares y condiciones cambiantes sin perder la línea ni la velocidad, logrando 1:11.08 y consolidando su ventaja en la suma final.
Reacción en Milán: emoción y tradición brasileña
La Casa Brasil, espacio del Comité Olímpico del Brasil (COB) en la ciudad anfitriona, se convirtió en un reflejo de la dimensión simbólica del triunfo. Los presentes entonaron cánticos como «olê, olê, olá, Lucas», mostraron banderas y no dudaron en pitar a los esquiadores suizos cuando estos parecían acercarse a los tiempos del brasileño. La escena combinó pasión deportiva y elementos culturales brasileños, incluidos platos típicos y animación colectiva.
Celebración y catering
Para acompañar la transmisión, el chef Raphael Rego, con experiencia internacional, coordinó la distribución de aproximadamente 900 pães de queijo para los asistentes; minutos después del desenlace exitoso se ofrecieron también rondas de cerveza long neck gratuitas, que desataron vítores y un espontáneo paseo en trenecito por el salón entre los convocados.
Testimonios y significado
Entre la audiencia había residentes y emigrantes que difundieron la emoción del momento. Una aficionada, que vive en Milán desde hace décadas, contó cómo comenzó a seguir las pruebas tras familiarizarse con la identidad brasileña del deportista y destacó que el triunfo abre nuevas posibilidades de apoyo y visibilidad para deportes de invierno en un país con poco contacto con la nieve.
Contexto histórico y repercusiones
Antes de esta consagración, el mejor resultado brasileño en Juegos de Invierno había sido el noveno puesto de Isabel Clark en el snowboard cross en Turín 2006. La medalla de oro de Braathen amplía el mapa del olimpismo y podría favorecer la llegada de patrocinios, inversiones en formación y mayor atracción de aficionados hacia disciplinas invernales en territorios cálidos.
En lo competitivo, el triunfo también representa un golpe de efecto en el orden mundial del esquí alpino: vencer a figuras del circuito y resistir la presión de las segundas mangas confirma que el rendimiento de Braathen no fue casualidad, sino el resultado de estrategia, técnica y templanza.
Implicaciones futuras
Esta medalla puede actuar como catalizador para atletas amateurs y jóvenes talentos en Brasil, mostrándoles que la ausencia de nieve habitual no es una barrera insalvable. Además, es probable que federaciones, patrocinadores y programas de formación internacional reconsideren inversiones en esquí y otras disciplinas invernales.



