Un trabajo científico internacional, con participación de la Universidad del Atlántico y centros de Estados Unidos y Francia, identifica un problema persistente en el litoral caribeño: la presencia masiva de neumáticos fuera de uso que actúan como fuentes de contaminación. La investigación, publicada en la revista Marine Pollution Bulletin, combina enfoques de geología costera y ecotoxicología para trazar la ruta de estos residuos desde las vías terrestres hasta los sedimentos marinos y las franjas intermareales, mostrando efectos que van más allá de la simple acumulación visual en la playa.
En comunidades costeras la reutilización de llantas responde a la falta de opciones formales para proteger frentes de playa, pero las soluciones improvisadas esconden consecuencias a mediano y largo plazo. El estudio documenta cómo la interacción con el mar y la exposición al sol favorecen la fragmentación en microplásticos y la liberación de compuestos mediante lixiviación, procesos que empeoran la calidad del agua y afectan la vida en arrecifes y manglares. Investigadores locales aportaron evidencia clave para entender la magnitud del problema en el Caribe colombiano.
Usos informales de llantas en el litoral
En varias playas del Caribe las llantas se emplean como muros, escolleras caseras, bases para senderos y hasta como muelles artesanales sin supervisión técnica. Estas prácticas, realizadas principalmente por particulares ante la ausencia de soluciones de ingeniería costeña, convierten al neumático en un material constructivo inapropiado. La intención de frenar la erosión costera lleva a incorporar elementos que no fueron diseñados para ambientes marinos, y esa adaptación precaria potencia la degradación del propio litoral que se pretendía proteger.
Fragmentación y procesos de degradación
La combinación de olas, abrasión y radiación ultravioleta provoca la rotura gradual de las llantas en partículas de desgaste, lo que incrementa la carga de microplásticos en el sistema costero. Además, el contacto prolongado con agua salada facilita la liberación de aditivos y otras sustancias químicas presentes en el caucho, que pueden incorporarse al sedimento y la columna de agua. Estos procesos afectan la salud de organismos bentónicos, arrecifales y de los manglares, comprometiendo servicios ecosistémicos claves para las comunidades locales.
Vacíos en monitoreo y responsabilidad institucional
El estudio resalta que, aunque existen normas para el manejo de llantas en entornos urbanos, en la práctica esos marcos legales dejan de aplicarse cuando el residuo cruza la línea de la costa. Al transformarse en contaminante marino, el neumático suele quedar invisible para las autoridades ambientales y los programas de monitoreo. Según el investigador Oscar Rangel Buitrago, esta falta de gobernanza permite que el caucho y los compuestos asociados permanezcan en los sedimentos por tiempo indefinido, alterando la pesca artesanal y otros medios de vida en departamentos como Atlántico.
Impactos en comunidades y economía local
La acumulación de fragmentos y sustancias tóxicas no es un riesgo teórico: reduce la calidad del agua, afecta la reproducción y la salud de especies comerciales y erosiona la base de ingresos de miles de familias pescadoras. La alteración de servicios ecosistémicos —como la protección costera natural y la productividad pesquera— puede traducirse en pérdidas económicas y en mayor vulnerabilidad frente a eventos climáticos, amplificando problemas sociales en zonas ya expuestas.
Recomendaciones y vías de solución
Los autores piden que los neumáticos sean reconocidos explícitamente como una fuente de contaminación marina y que se incorporen a las estrategias nacionales de gestión costera y a los programas de monitoreo. El estudio busca sentar las bases para prohibir el uso de materiales no aptos en infraestructuras litorales y promover alternativas técnicamente avaladas y sostenibles. Entre las medidas propuestas figuran campañas de recolección, diseños de protección basados en ingeniería litoral y educación comunitaria para evitar soluciones improvisadas.
Reconocer la problemática es el primer paso para proteger la salud ambiental y la economía de las comunidades del Caribe. Incluir a los neumáticos fuera de uso en las políticas públicas y crear mecanismos de seguimiento permitirá evitar que prácticas locales se conviertan en contaminantes permanentes, garantizando así la conservación de arrecifes, manglares y playas que sostienen a muchas familias.


