El derrumbe ocurrido el 25 de marzo en la mina Santa Fe, ubicada en el municipio de El Rosario, Sinaloa, sigue movilizando a autoridades y equipos de emergencia. Tras aquella emergencia producto del colapso de una presa de jales, que provocó la entrada masiva de agua y lodo en las galerías, 21 trabajadores pudieron salir, pero cuatro quedaron atrapados en las zonas más profundas. Después de intensas labores de trabajo subterráneo y drenaje, las autoridades anunciaron la localización y rescate con vida de un segundo minero, así como el hallazgo sin vida de un tercer trabajador. El operativo mantiene la prioridad de encontrar al cuarto compañero desaparecido.
La persona rescatada es Francisco Zapata Nájera, de 42 años, quien fue localizado a unos 300 metros de profundidad y trasladado inmediatamente a un hospital en Mazatlán. Equipos de buzos militares y brigadas especializadas trabajaron en condiciones de visibilidad prácticamente nula y en túneles convertidos en corrientes subterráneas por el lodazal. Durante los días previos ya se había conseguido sacar con vida a José Alejandro Cástulo Colín, localizado el 30 de marzo, lo que dio un impulso emocional y técnico a las maniobras de búsqueda para localizar a los restantes.
Cómo se desarrolló el rescate y las dificultades técnicas
El acceso a la zona más profunda quedó complicado por la presencia de lodo, agua y restos mineros que colapsaron pasos internos. Para poder avanzar, el equipo de rescate instaló sistemas de bombeo potentes y tuberías adicionales que incrementaron la capacidad de extracción de agua. En distintos momentos se aplicaron compuestos de resina expansiva y mezclas de cemento para apuntalar galerías y evitar nuevos derrumbes. Los buzos del Batallón de Atención a Emergencias del Ejército tuvieron que trabajar bajo condiciones extremas: sin luz, con cero visibilidad y riesgo permanente de filtraciones, lo que convirtió cada avance en una operación de alto riesgo y precisión.
Equipamiento y maniobras clave
El operativo llegó a reunir a más de 300 efectivos entre fuerzas federales, brigadas de Protección Civil y personal especializado en trabajos subterráneos. Se empleó un sistema de extracción capaz de bombear hasta 34,000 litros por hora y bombas secundarias con un caudal de 9 litros por segundo para despejar pasajes. Además, se implementó una estrategia de tuberías dobles y adaptadores de descarga para optimizar la evacuación de agua. Estas medidas incrementaron la seguridad del corredor de salida y permitieron que los equipos de buzos llegaran hasta donde se encontraban los mineros atrapados.
Situación de los trabajadores y protocolo médico
Una vez extraído, Francisco Zapata recibió primeros auxilios en el sitio y fue trasladado por aire a un hospital en Mazatlán para recibir atención especializada. Las fuentes oficiales informaron que la extracción desde 300 metros tardó varios horas y exigió maniobras coordinadas para mantenerlo estable durante el ascenso. El primer rescatado, José Alejandro, presentó cuadro de deshidratación leve tras pasar más de 100 horas bajo tierra; ambos casos subrayan la importancia de protocolos médicos inmediatos para descartar problemas como hipotermia, intoxicación por contaminantes mineros o compromisos respiratorios derivados del entorno anegado.
Comunicación con familias y coordinación institucional
Las autoridades han mantenido comunicación constante con los familiares de los cuatro trabajadores atrapados, ofreciendo información periódica sobre avances y retos del rescate. La Fiscalía del estado inició las diligencias correspondientes tras el hallazgo del tercer cuerpo, mientras que la operación de búsqueda continúa hasta localizar al cuarto minero. Los responsables del yacimiento, Industrial Mineral Sinaloa, han colaborado con los trabajos; sin embargo, el incidente reaviva el debate sobre seguridad en presas de jales y protocolos preventivos en excavaciones activas.
Referentes internacionales y lecciones que plantea el caso
El siniestro en Sinaloa recuerda otras emergencias mineras donde la supervivencia más allá de las primeras 72 horas fue posible gracias a bolsas de aire, suministro por sondas y diseño logístico del rescate. Casos históricos en distintas naciones han demostrado que la combinación de ingeniería, bombeo efectivo y manejo médico puede prolongar las posibilidades de vida en escenarios subterráneos. Este episodio obliga a revisar normas de mantenimiento de presas de jales, planes de contingencia y tiempos de respuesta para reducir riesgos y mejorar los resultados en futuras emergencias.