En las calles de Brooklyn, una figura peculiar solía caminar: Marianne Moore. Vestía un sombrero tricornio y una capa eduardiana, un atuendo que reflejaba su personalidad y su escritura, la cual desafió las normas de su tiempo. Durante más de cincuenta años, Moore cultivó un estilo poético caracterizado por su precisión naturalista, creando textos que se asemejan a informes de campo.
Moore se apartó deliberadamente de la retórica convencional y de las emociones superficiales. Su poesía se construyó sobre un rigor visual que buscaba autenticidad y requería un nuevo lenguaje. Para explorar lo desconocido, entendía que era necesario educar al ojo en la extrañeza.
Transformando la poesía angloamericana
Según el crítico Hugh Kenner, Marianne Moore fue fundamental en la transformación de la poesía angloamericana. Su enfoque desplazó el énfasis del poema desde la tradición oral hacia la palabra impresa y una observación meticulosa. Este cambio marcó un nuevo paradigma donde la obra poética se concibe como un objeto visual, dependiente de la disposición de las palabras en la página.
Kenner sostiene que, al igual que Flaubert, Joyce y Beckett lo hicieron en la prosa, Moore se convirtió en una figura central en la poesía, estableciendo un modelo que se alejó de la música del lenguaje oral. Su medida de versos y su estructura elíptica resaltan la importancia de la forma sobre el contenido, lo que resulta en una experiencia de lectura única.
Una introducción a su obra
El reciente volumen titulado “Marianne Moore: una introducción”, editado por los traductores Guadalupe Alfaro y Oscar Fariña, reúne una selección de poemas de Moore, acompañados por el ensayo “A disgusto” de Kenner. Escrito en 1965, este ensayo guía la selección y organización de los textos, ofreciendo una mirada profunda a la obra de la poeta.
Los traductores se han esforzado por presentar versiones fieles de los poemas de Moore, incluyendo las primeras versiones de sus obras, que fueron admiradas por figuras literarias como William Carlos Williams y T.S. Eliot. Esta inclusión otorga un valor especial a la recopilación, especialmente en un contexto donde la obra de Moore ha tenido una difusión limitada.
La búsqueda de precisión y claridad
Una de las características más notables en la escritura de Moore es su insistencia en la claridad y la precisión. Para lograr esto, no dudó en modificar la puntuación y eliminar versos enteros a lo largo de diversas ediciones. Un caso emblemático se encuentra en su poema “Poesía”, que en su versión más depurada se reduce a la impactante frase: “A mí también me disgusta: hay cosas más importantes que esta farsa”.
Algunos críticos han cuestionado esta búsqueda de la esencia, señalando que no siempre resulta en lo más efectivo. Sin embargo, la faceta más austera de su obra ha tenido una circulación considerable, lo que hace que el esfuerzo de los traductores por recuperar las versiones originales sea aún más significativo.
La recepción de su poesía
Leer a Marianne Moore no siempre es sencillo. El poeta W.H. Auden, en su primera aproximación a sus poemas en 1935, admitió que no pudo encontrar sentido en ellos. Este tipo de dificultad no es aislada; Kenner concluye que la poesía de Moore está concebida para ser leída visualmente, no auditivamente. La disposición tipográfica de sus poemas crea una estructura que invita a contar sílabas y a observar la relación espacial entre las palabras.
La arquitectura de sus poemas es tal que cada palabra debe justificar su presencia, creando una especie de mosaico de percepción. El poema “El pez” ejemplifica esto, donde la forma del texto obliga al lector a detenerse y observar cada palabra, tal como la poeta examina cada escama de un pez.
Un legado de observación y emoción
Moore se apartó deliberadamente de la retórica convencional y de las emociones superficiales. Su poesía se construyó sobre un rigor visual que buscaba autenticidad y requería un nuevo lenguaje. Para explorar lo desconocido, entendía que era necesario educar al ojo en la extrañeza.0
Moore se apartó deliberadamente de la retórica convencional y de las emociones superficiales. Su poesía se construyó sobre un rigor visual que buscaba autenticidad y requería un nuevo lenguaje. Para explorar lo desconocido, entendía que era necesario educar al ojo en la extrañeza.1



