Diciamoci la verdad: en una sorprendente acción militar, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció el arresto del dictador venezolano Nicolás Maduro en una operación de gran escala. Tras el asalto, Trump afirmó: “Controlaremos el país hasta que podamos realizar una transición segura y adecuada”. Este giro radical en la política exterior estadounidense refleja un retorno al intervencionismo y expansionismo que han caracterizado la historia de EE. UU.
Mientras todos hacen finta de que esto es solo otro acto aislado, Trump ha utilizado un lenguaje provocador desde su reelección, haciendo declaraciones que van desde considerar a Canadá como el «51° estado» hasta amenazar a México con incursiones militares. Su enfoque también ha incluido propuestas como la adquisición de Groenlandia y el control del Canal de Panamá, lo que indica una visión expansiva y agresiva de la política exterior estadounidense.
Lecciones del pasado
La historia de la expansión estadounidense está llena de episodios que deberían servir como advertencia frente a las acciones actuales. En 1845, el presidente James K. Polk promovió una ideología de expansión territorial, apoyando la anexión de Texas, proclamada independiente por colonos angloamericanos pro-esclavistas. Para justificar sus acciones, Polk envió tropas al sur del Río Nueces, argumentando que el Río Grande era la verdadera frontera entre EE. UU. y México.
Después de un enfrentamiento militar, donde las fuerzas mexicanas atacaron a los soldados estadounidenses, Polk presionó al Congreso para declarar la guerra, alegando que México había invadido territorio estadounidense y derramado sangre estadounidense. Este conflicto, conocido como la Guerra México-Estados Unidos (1846-1848), representó la primera invasión a gran escala de EE. UU. a otra nación.
Justificación de la intervención
La guerra fue presentada por políticos y medios como un acto de iluminación y desarrollo económico. Se argumentaba que EE. UU. estaba protegiendo a los mexicanos de las hostilidades indígenas, a pesar de que la realidad era mucho más compleja. El senador Robert Walker, en 1836, declaró que los angloamericanos estaban en Texas para «defender a los mexicanos contra un enemigo salvaje». Este discurso mostró cómo la retórica de la intervención se basó en la idea de superioridad.
Las consecuencias del expansionismo
La ocupación de México por EE. UU. tuvo un costo humano devastador. Al menos 25,000 mexicanos, en su mayoría civiles, perdieron la vida. El Tratado de Guadalupe Hidalgo, que puso fin a la guerra, resultó en la cesión de más del 55% del territorio mexicano, incluyendo lo que hoy es el suroeste de EE. UU. Aunque se prometió la protección de las poblaciones indígenas, estas garantías fueron rápidamente olvidadas.
Después de la guerra, la resistencia indígena se intensificó, desafiando la capacidad de EE. UU. para gobernar sus nuevos territorios. En los territorios recién adquiridos, las comunidades de mexicanos-americanos y los navajos se involucraron en ciclos de violencia, mientras que las promesas de paz y estabilidad resultaron ser vacías. La falta de cumplimiento de las obligaciones del tratado puso de relieve los límites del poder estadounidense.
Reflexiones sobre el presente
La realidad es menos politically correct: a medida que Trump revive el intervencionismo y el expansionismo en la política estadounidense, es fundamental que los ciudadanos reflexionen sobre las lecciones del pasado. La historia demuestra que tales acciones no solo pueden sobrecargar a las fuerzas militares, sino que también pueden resultar en un alto costo de vidas, tanto para los invasores como para los invadidos. Las recientes amenazas a países como Venezuela, Groenlandia y México ponen de relieve la necesidad de una discusión seria sobre las implicaciones de la intervención militar.
El primer paso hacia la invasión de EE. UU. a otra nación es un relato cauteloso que debe ser recordado. Es crucial que las decisiones actuales se tomen con un sentido de responsabilidad y reflexión histórica, para evitar repetir los errores del pasado.



