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4 junio 2026

La separación de Martín Kohan: viaje, voces y pequeñas epifanías

Fernando viaja desde Retiro hacia La Paz para cuidar a su hermano Juan Pablo; la novela articula tres secciones con voces y tiempos distintos y transforma detalles mínimos en revelaciones sobre la separación

La separación de Martín Kohan: viaje, voces y pequeñas epifanías

En La separación, Martín Kohan plantea una novela centrada en un desplazamiento físico que sirve de excusa para investigar una fractura íntima. El protagonista, Fernando, emprende un viaje desde Retiro hasta La Paz (un pueblo de Traslasierra) para acompañar a su hermano Juan Pablo, que atraviesa una depresión tras una ruptura amorosa. El vehículo que los conecta —al que el chofer llama la unidad— no es sólo transporte: se convierte en un microcosmos donde se condensan costumbres, voces y pequeñas observaciones que la prosa de Kohan sabe agrandar hasta volverlas significativas.

El viaje como dispositivo narrativo

La novela organiza su recorrido en tres grandes episodios y utiliza el trayecto como instrumento para modular el relato. En la primera parte, la narrativa se instala en primera persona y en presente, lo que genera una sensación de inmediatez que permite al lector habitar el asiento del viaje. Esa voz inicial pone atención en lo mínimo: la mirada de un perro, un nombre de pueblo, la mecánica cotidiana del colectivo. En la construcción del microespacio Kohan despliega su talento por transformar detalles prosaicos en ventanas hacia estados emocionales más amplios, articulando una atmósfera donde la suspensión prima sobre la resolución clara.

Estructura y variaciones de voz

La segunda sección, titulada Diario de La Paz, cambia radicalmente el tono: la narración adopta la segunda persona en futuro profético, una decisión que crea distancia y presagio a la vez. Esa transformación formal subraya el desfallecimiento del hermano y las dificultades del consuelo. Kohan rompe la linealidad textual con capítulos cortos que funcionan como instantáneas diarias —con encabezados que son los nombres de los días— y describen una convivencia tensa, donde los intentos de ayuda terminan siendo fallidos frente a un dolor que se narra siempre hacia el propio yo del que sufre.

Los tiempos verbales como mapa emocional

El regreso constituye la tercera parte y reconfigura nuevamente la perspectiva: Fernando se vuelve objeto en tercera persona, como si un observador externo constatara que el viaje ya no puede restaurar lo que antes existía. Este juego con tiempos verbales y personas narrativas no es gratuito: actúa como un mapa que refleja la deriva psicológica de los personajes y la imposibilidad de cerrarse sobre una conclusión definitiva. A lo largo de esas secciones aparecen episodios menores —un incidente vial, una requisa policial, una puerta trabada— que mantienen el tono de un retorno sin catarsis ni gloria.

Temas, estilo y resonancias

Kohan regresa a intereses temáticos que lo han acompañado en obras anteriores como Ciencias morales, Fuera de lugar y los cuentos de Desvelos de verano: los pueblos, las tardes estancas, la vida social fragmentada. Aquí, los nombres de estaciones y localidades —Talar, Solís, San Antonio de Areco, Capitán Sarmiento, Arrecifes, Pergamino, Colón, Hughes— funcionan como anclajes geográficos y como ritornello que refuerza la sensación de tránsito continuo. El autor también juega con la ironía en signos lingüísticos, por ejemplo en la exclamación sobre Venado Tuerto, que transforma la denominación en una observación sobre la discrepancia entre nombre y cosa.

La separación como núcleo

Más allá de la ruptura amorosa puntual, la novela articula una tesis más amplia: la separación que interesa a Kohan es una condición antropológica, una escisión que atraviesa las formas de unidad precarias que crea la vida cotidiana. Esa idea se expresa en microgestos —un charco visto desde la ventanilla, una gota que corre por el vidrio, una espera sin sentido— que se elevan a epifanías reveladoras. La prosa, muchas veces poética, consigue traducir la soledad colectiva en imágenes concentradas que funcionan como venas doloridas del mundo mayor.

Valoración final

La obra, publicada por Anagrama y compuesta por 232 páginas, propone un libro de atmósfera más que de argumento contundente: la tensión se mantiene en la duda y en la observación minuciosa. Kohan reafirma su capacidad para inventar unidades narrativas densas donde el lector queda atrapado entre voces y tiempos. Quien se acerque a este texto encontrará una reflexión sobre la soledad y la ruptura que prioriza los detalles y la forma por sobre una resolución dramática. En esa decisión reside su potencia: una novela que convierte el cotidiano en interrogante y la espera en sentido.

Autor

Niccolò Conforti

Niccolò Conforti siguió el lanzamiento de una startup napolitana en un encuentro en el Centro Direzionale, sosteniendo una línea editorial pro-innovación en el sector fintech. Analista fintech, aporta un detalle biográfico: mantiene un registro de los primeros pitch a los que asistió en Nápoles.