La fascinante vida de Guillermo Monroy: el pintor de 102 años que busca la belleza en cada obra

Guillermo Monroy nació el 7 de enero de 1924, en un contexto histórico muy diferente al actual. A sus 102 años, ha sido testigo de múltiples tragedias, pero su amor por la vida y el arte se mantiene intacto. Durante casi un siglo de trayectoria, Monroy ha buscado la belleza en su entorno, encontrando inspiración incluso en lo que otros podrían considerar poco atractivo.

Una mañana soleada, Monroy nos abrió las puertas de su vibrante hogar en Cuernavaca, Morelos, donde reside desde hace más de seis décadas. Su espacio, lleno de color y creatividad, está repleto de materiales artísticos como pasteles, pinceles y un lienzo en blanco que espera convertirse en una obra dedicada a su hijo, Guillermo Diego, un reconocido músico.

Un viaje desde Tlalpujahua hacia el arte

La infancia de Monroy transcurrió en Tlalpujahua, Michoacán, un lugar que dejó atrás cuando su familia se mudó a la Ciudad de México en busca de nuevas oportunidades tras el cierre de las minas. Con diez hijos y escasos recursos, la familia Monroy enfrentó grandes desafíos. Sin embargo, el optimismo de su padre nunca flaqueó; tras un breve tiempo en la estación de trenes de Buenavista, volvió a encontrar empleo y un hogar en Peralvillo.

El camino de Guillermo hacia el arte comenzó en la escuela de La Esmeralda, donde tuvo la oportunidad de conocer a grandes referentes como Diego Rivera y Frida Kahlo. Su llegada a este espacio fue como encontrar un hogar, un lugar donde supo que debía permanecer. A pesar de las dificultades económicas, su padre lo alentó a seguir su pasión por el arte, asegurándole que siempre habría comida en casa.

La influencia de los grandes maestros

Durante su formación, Monroy se convirtió en uno de los cuatro estudiantes más cercanos a Kahlo, quien, a pesar de sus problemas de salud, dejó una huella profunda en sus alumnos. Frida no solo les enseñó sobre el arte mural, sino que también los invitó a trabajar en su jardín, creando un vínculo que trascendía la enseñanza.

Junto a sus compañeros, colaboró con Diego Rivera en los murales de Anahuacalli y, posteriormente, realizó su propio mural en el Centro SCOP, donde representó la tierra. Esta experiencia le otorgó habilidades artísticas, así como la vocación de enseñar, que cultivó a lo largo de su carrera en diversas instituciones.

Un compromiso con la enseñanza y la justicia

Monroy dedicó gran parte de su vida a la enseñanza, comenzando en la Secundaria 1 de la Ciudad de México y continuando en el Instituto Regional de Bellas Artes en Chiapas. En su labor, siempre buscó descentralizar la cultura y ofrecer oportunidades a artistas emergentes. En Acapulco, nació su hijo Guillermo Diego, a quien nombró en honor a su legado artístico.

La creación del Instituto Regional de Bellas Artes de Cuernavaca marcó un hito en su carrera, donde pudo formar a futuros artistas y compartir su pasión por el arte. Monroy recuerda a sus alumnos con cariño y orgullo, sintiendo que ha contribuido a sus sueños y carreras.

La búsqueda de justicia social

A lo largo de su vida, Guillermo ha enfrentado la pérdida de amigos y familiares, lo que lo llevó a unirse al Partido Comunista Mexicano en su juventud. Su compromiso con la justicia social ha sido constante, impulsándolo a luchar por los derechos de los demás. Recuerda con tristeza a su amigo Luis Morales, quien fue asesinado durante una protesta por derechos laborales.

Hoy, Monroy sigue aprendiendo y explorando nuevas técnicas artísticas. Actualmente, trabaja en una serie titulada “Dinamismo de una geometría plástica continua”, donde investiga las posibilidades de una única línea. Su pasión y dedicación son un testimonio de que nunca es tarde para aprender y crear.

Reflexiones sobre el futuro

Una mañana soleada, Monroy nos abrió las puertas de su vibrante hogar en Cuernavaca, Morelos, donde reside desde hace más de seis décadas. Su espacio, lleno de color y creatividad, está repleto de materiales artísticos como pasteles, pinceles y un lienzo en blanco que espera convertirse en una obra dedicada a su hijo, Guillermo Diego, un reconocido músico.0

Una mañana soleada, Monroy nos abrió las puertas de su vibrante hogar en Cuernavaca, Morelos, donde reside desde hace más de seis décadas. Su espacio, lleno de color y creatividad, está repleto de materiales artísticos como pasteles, pinceles y un lienzo en blanco que espera convertirse en una obra dedicada a su hijo, Guillermo Diego, un reconocido músico.1