La fascinante historia de Los Cabos: Jesuitas y Franciscanos en la conquista del territorio

La península de Baja California ha experimentado una notable transformación a lo largo de los siglos. En febrero de 1768, los jesuitas fueron expulsados de sus territorios por orden del rey Carlos III de España. Esta decisión, cuyas motivaciones aún se discuten, podría estar relacionada con un documento falsificado que cuestionaba la legitimidad del monarca. Sin embargo, la llegada del nuevo gobernador, Gaspar de Portolá, a San José del Cabo, desmintió rápidamente las expectativas de riquezas materiales.

El 30 de noviembre de 1767, las fuerzas de Portolá desembarcaron, atraídas por rumores de tesoros en las misiones jesuitas. Sin embargo, se encontraron con una realidad muy diferente. Según Zephyrin Engelhardt, al explorar la Misión de San José del Cabo, solo hallaron algunos ornamentos eclesiásticos, sin rastro de la riqueza que esperaban. Sus esfuerzos en la Misión Santiago resultaron igualmente infructuosos, donde encontraron una pobreza similar.

El legado jesuita y el ascenso de los franciscanos

Durante más de setenta años, los jesuitas establecieron 17 misiones en la región, dedicándose a salvar almas en lugar de acumular riquezas. Su legado fue significativo, aunque sin opulencia material. El escenario cambió con la llegada de los franciscanos, quienes asumieron la misión de Baja California por solo cinco años y fundaron una única misión: la Misión San Fernando Rey de España de Velicatá, al sureste de El Rosario.

La decisión de reemplazar a los jesuitas fue tomada por José de Gálvez, un influyente visitador general en la Nueva España. A su llegada en julio de 1768, Gálvez presentó a los franciscanos, liderados por Junípero Serra, sus planes de reorganización para la península. Uno de sus objetivos más ambiciosos fue establecer misiones en Alta California, actualmente conocido como el estado de California. Aunque no está claro cuánto influyó la pobreza de las misiones de Baja California en esta decisión, en 1769 comenzaron a organizar expediciones hacia San Diego, donde Serra fundaría la primera misión de Alta California.

Financiación de la nueva misión y consecuencias para Baja California

El enfoque hacia el norte tuvo repercusiones significativas en Baja California, especialmente cuando en 1777 la capital de Las Californias se trasladó de Loreto a Monterey. Este movimiento fue, en gran medida, financiado por los escasos recursos de las misiones de Baja California y por el único empresario exitoso de la región, Manuel de Ocio. Ocio, un exsoldado que había encontrado perlas tras una tormenta, estableció una mina en Santa Ana. Aunque no era particularmente rica, se convirtió en una fuente vital de financiación para las expediciones hacia Alta California.

Gálvez, al darse cuenta de que Ocio poseía la poca riqueza existente en la península, estableció su sede en su mina y lo presionó para contribuir a la financiación de las nuevas misiones. Sin embargo, Ocio no recibió agradecimientos ni recompensas, y su vida culminó trágicamente cuando fue asesinado por dos mineros que Gálvez había importado.

Impacto en las comunidades indígenas

Las políticas de Gálvez tuvieron graves consecuencias para las comunidades indígenas, a las que consideraba un recurso de trabajo gratuito. A diferencia de los jesuitas, quienes mantenían una relación más protectora con los indígenas, Gálvez implementó un sistema de trabajo forzado, trasladando grupos indígenas para satisfacer las demandas laborales. Esta estrategia resultó en un alto costo humano, como se evidenció en el caso de una ranchería que fue trasladada, donde casi todos sus miembros fallecieron.

Los pueblos indígenas de la región de Los Cabos, como los pericú, vieron disminuir drásticamente su población. En 1768, había 178 indígenas en la misión de Santiago y 70 en San José del Cabo, pero solo tres años después esas cifras se redujeron a 70 y 50, respectivamente. La principal causa de esta disminución fue la propagación de enfermedades, exacerbadas por la falta de atención médica y el movimiento forzado de las comunidades.

La influencia duradera de los franciscanos

A pesar de sus errores, los franciscanos sentaron las bases para la colonización de la región. Gálvez fue el primero en hacer un llamado a colonos, ofreciendo tierras a españoles de buena reputación bajo ciertas condiciones. Esto atrajo a soldados y marineros, quienes, junto a la mano de obra de la mina de Ocio, fueron fundamentales en la formación de comunidades que eventualmente darían lugar a San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Así, aunque breve, la era franciscana en Los Cabos fue un período definitorio que condujo a la creación de una comunidad más diversa y al inicio de un nuevo capítulo en la historia de Baja California. Posteriormente, en 1773, los dominicos asumirían la administración de las misiones de la región, cerrando un ciclo en la historia misionera de Baja California.