La exhibición the healing words project en MAQRO y su llamado a la escucha

El 6 de marzo se inauguró en el Museo de Arte de Querétaro la exposición individual de Kate Van Doren, titulada The Healing Words Project, con la asistencia de cerca de 500 personas. La muestra permanecerá abierta hasta el 6 de junio y ocupa tres grandes salas del museo, ofreciendo una experiencia visual que articula fotografía, dibujo, pintura y video para dar voz a relatos íntimos de supervivencia, desplazamiento, duelo y resiliencia.

La propuesta parte de la idea de que las narrativas autorreferidas son agentes de transformación: las mujeres participantes escriben en su propia piel una frase, un mantra o una plegaria que luego se fotografía y sirve de punto de partida para otras piezas. Van Doren, quien es arteterapeuta registrada, define este modo de trabajo como empathetic realism, una práctica que combina precisión técnica con escucha ética y colaboración activa.

Origen y evolución del proyecto

El proyecto comenzó en 2026 durante la jornada nacional Un Día Sin Mujeres, cuando Van Doren ofreció su cámara como herramienta de visibilidad y protesta frente a la violencia de género en México. Aquellas fotografías, explica la artista, dejaron de ser imágenes aisladas y se transformaron en conversación, en relatos compartidos y, con el tiempo, en procesos de curación. Hasta la fecha la iniciativa ha documentado los recorridos de más de 2,000 mujeres, y entre ellas se encuentra la embajadora de Palestina en México, Nadya Layla Rasheed, quien introdujo a la artista en la noche de apertura.

La puesta en escena en MAQRO

La exposición despliega una narrativa colectiva: retratos donde aparecen palabras sobre la piel, pinturas que resignifican esas inscripciones y videos que amplifican voces de distintas geografías. En la inauguración participaron autoridades culturales como el director de MAQRO, Antonio Arelle, y Ana Paola López Birlain, secretaria de Cultura del estado de Querétaro. Entre el público asistieron muchas de las mujeres retratadas, algunas desplazadas geográficamente que viajaron con sus familias para ver sus retratos en un espacio institucional.

Participantes y testimonios

Los testimonios presentes en la muestra son variados: activistas, madres, artistas, sobrevivientes y lideresas. Figura el colectivo Sorroras y Rebeldes, documentado por Van Doren durante cinco años, y voces como la de Citlalli Parra, que preserva técnicas textiles indígenas, o Lee Asheroff, de 98 años, cuyo mantra es confiar en sí misma y seguir adelante. Voces como la de Alzenira Quezada y Gabriela Osorio se escucharon en la noche de apertura; ambas relataron cómo el proyecto les ayudó a reconocerse y a consolidar procesos de reconstrucción personal.

Impacto, solidaridad y alcance

La artista destina las ganancias de la venta de cada retrato a organizaciones o causas indicadas por las mismas mujeres fotografiadas. Por ejemplo, la obra de la embajadora Rasheed apoya al Noor Gaza Orphan Care Program, y otros ingresos han sido enviados a familias en zonas de conflicto para garantizar soporte básico. En un contexto de discusión global sobre violencia de género, migración y trauma colectivo, la muestra busca centrar la agencia de las participantes en lugar de encuadrarlas como víctimas pasivas.

Elementos interactivos y recursos

La exhibición incluye intervenciones participativas: una estructura metálica creada por Alex Van Doren donde el público anuda tiras de tela con palabras propias, un espejo inscrito con la frase yo soy hermosa que enfrenta al visitante con los rostros de la comunidad retratada, y un vestido confeccionado por Inés Trujillo Chávez con imágenes impresas de las participantes. Además, códigos QR junto a las obras permiten acceder a relatos ampliados en el sitio web del proyecto y en katevandoren.com, facilitando una inmersión documental y ética en cada historia.

La dimensión pública del trabajo también ha trascendido museos: el reconocimiento oficial a la embajadora Rasheed en Toluca —donde el ayuntamiento la declaró Visitante Distinguida y refrendó su apoyo al Estado de Palestina— muestra cómo estos vínculos personales y culturales se proyectan en instancias institucionales. Van Doren espera que la exposición funcione como un espacio de escucha que inspire políticas de apoyo y redes comunitarias, y que motive a otras personas a creer y amplificar relatos que habitualmente han sido silenciados.