Javier Milei, presidente de Argentina, se encuentra en una situación complicada debido a su relación con China mientras intenta mantener una alineación política con Estados Unidos. Desde su campaña electoral, Milei prometió no hacer negocios con países comunistas, pero su perspectiva parece haber cambiado tras asumir el poder.
El mandatario ha revelado intenciones de visitar China en el transcurso de este año, lo que genera tensiones dado el contexto actual en el que la administración de Donald Trump está presionando a sus aliados para que se distancien de Beijing. La situación se torna aún más interesante cuando se considera que Argentina tiene un vínculo comercial estratégico con el gigante asiático.
Un cambio de enfoque en la política exterior
Durante su campaña, Milei fue claro al expresar que no buscaría relaciones comerciales con China, pero tras su elección, ha adoptado un enfoque más pragmático. Este cambio se evidenció con la renovación de un acuerdo de swap de divisas con China, que prevé un monto aproximado de 5 mil millones de dólares, lo que ha consolidado su relación económica con el país asiático.
China se ha convertido en el segundo socio comercial más importante de Argentina, solo detrás de Brasil, y ha realizado inversiones significativas en sectores como la energía, el litio y la infraestructura. Según datos del INDEC, el comercio con China ha crecido, representando un 23.7% de las importaciones y un 11.3% de las exportaciones de Argentina en el último año.
Presiones externas y alineaciones internas
La administración de Trump busca reafirmar su influencia en la región a través de una reinterpretación de la Doctrina Monroe, conocida como la Donroe Doctrine. Este enfoque implica que Estados Unidos podría intervenir en América Latina si considera que sus intereses están amenazados. La relación de Milei con Trump es particularmente significativa, dado que el presidente estadounidense ha manifestado su deseo de alejar a China de la región.
Patricio Giusto, un analista del Observatorio Sino-Argentino, señala que “la alineación total con Estados Unidos y Israel, que es prácticamente única en el mundo, claramente entra en conflicto con el fortalecimiento de las relaciones con China.” Esta tensión se ve reflejada en las declaraciones de Milei, quien ha elogiado las acciones militares de EE.UU. en Venezuela, a la vez que se ha sumado a iniciativas lideradas por Trump, como la Junta de Paz.
Desafíos económicos y decisiones estratégicas
En un contexto de crisis política y económica, Argentina recibió un respaldo financiero de 20 mil millones de dólares de Washington, justo antes de las elecciones de medio término de octubre. Este apoyo es un reflejo del interés de EE.UU. en estabilizar a Argentina y evitar que un gobierno alineado con China tome fuerza en la región. El secretario del Tesoro de EE.UU, Scott Bessent, ha subrayado que “no queremos otro estado fallido en América Latina, ni uno que esté liderado por China”.
En los últimos meses, la presencia de funcionarios estadounidenses en Argentina ha aumentado, destacando las visitas de altos mandos del Comando Sur de EE.UU. a la Base Naval Integrada de Ushuaia, en el extremo sur del país. Estas visitas son una clara respuesta a la creciente influencia de China en la región, especialmente en el área de los recursos naturales, como el vasto yacimiento de Vaca Muerta, que alberga importantes reservas de gas no convencional y petróleo.
La necesidad de un equilibrio
Milei se enfrenta a un delicado equilibrio entre mantener la relación económica con China y su alineación geopolítica con Estados Unidos. Expertos advierten que esta separación podría no ser sostenible a largo plazo, especialmente si Trump decide imponer condiciones comerciales a Argentina. El presidente argentino ha dejado claro que “gobierno para 47.5 millones de argentinos y tomo decisiones que favorezcan a los argentinos”, insistiendo en la importancia de un mercado abierto.
En, el 70% de las exportaciones argentinas a China consistieron en productos como soja, carne y litio. A su vez, la apertura del gobierno de Milei a las importaciones ha permitido que una gran cantidad de productos de consumo chinos inunden el mercado argentino, contribuyendo a un crecimiento del 274.2% en las importaciones de empresas como Temu y Shein.
En conclusión, romper la relación con China sería impracticable para Argentina. Como afirma Florencia Rubiolo, “China no es reemplazable como socio”. A medida que Milei navega en estas aguas turbulentas, su capacidad para gestionar estos dos frentes será crucial para el futuro económico y político de Argentina.


