En el panorama político actual, los alcaldes y gobernadores parecen haber sustituido sus responsabilidades esenciales por una rutina de eventos públicos y la producción de contenido para redes sociales. La esencia de su trabajo, que debería centrarse en el gobierno y en la toma de decisiones estratégicas, ha sido relegada a un segundo plano. Esta tendencia es preocupante, ya que una gobernanza efectiva es vital para el bienestar de la sociedad.
El término gobernar proviene del latín “gubernare”, que a su vez se origina en la palabra griega kybernáô, que significa pilotear o guiar un barco. En el pasado, los líderes eran como capitanes de embarcaciones que tenían claros sus destinos y la responsabilidad de llevar a todos a salvo. En contraste, los políticos actuales parecen más capitanes de cruceros que, en lugar de dirigir el rumbo, se enfocan en las apariencias y en la interacción superficial con los ciudadanos.
La rutina política y el olvido de la gobernanza
Hoy en día, muchos líderes dedican más tiempo a asistir a eventos que a dialogar con sus equipos de trabajo. Esta agenda política no parece ser el resultado de una planificación estratégica, sino más bien de una inercia que se ha vuelto habitual. Asisten a los mismos eventos que sus predecesores, como si la tradición fuera suficiente para justificar su presencia. Hablar en estas reuniones, aunque no haya contenido relevante que aportar, se ha convertido en una norma.
La importancia de marcar la agenda
Para los políticos que buscan dejar una huella duradera, es crucial entender la diferencia entre atender una agenda y marcar una agenda. El verdadero liderazgo implica no solo seguir el camino trazado por otros, sino también ser capaz de definir nuevos rumbos y corregir los errores del pasado. Los líderes que se destacan son aquellos que pueden proponer soluciones innovadoras y trabajar hacia un futuro mejor para su comunidad.
La desconexión con la realidad ciudadana
Es alarmante observar la presencia de múltiples funcionarios en eventos que, aunque pueden ser significativos para los organizadores, carecen de relevancia para el ciudadano promedio. Esta búsqueda de visibilidad parece evidenciar que el trabajo real de los líderes no está siendo valorado ni cumplido adecuadamente. La necesidad de ser vistos en situaciones públicas pone de relieve una falta de conexión con las verdaderas necesidades de la población.
Cuando un político siente la necesidad de ser “visto” en un evento, es probable que su labor diaria no esté teniendo el impacto deseado. Esto debería ser una llamada de atención para todos aquellos que ocupan cargos públicos: el foco debe estar en la gestión y no en la imagen.
Un llamado a la reflexión
El desafío para nuestros líderes es reconocer que la política no es solo un juego de apariencias. Deben aprender a priorizar la gobernanza sobre el espectáculo. Un enfoque centrado en el servicio a la comunidad y en la creación de políticas efectivas puede llevar a una sociedad más justa y equitativa. Esto no solo beneficiará a los ciudadanos, sino que también restaurará la confianza en las instituciones.
La diferencia entre atender y marcar la agenda es crucial para el éxito de cualquier político. Aquellos que logren entender y aplicar esta distinción serán recordados no solo por su capacidad de gestión, sino también por su compromiso auténtico con el bienestar de la sociedad.



