El gobierno de José Antonio Kast anunció el 24 de marzo de 2026 que Chile dejará de respaldar la postulación de la ex presidenta Michelle Bachelet para ocupar la secretaría general de la ONU. La decisión, comunicada por la Cancillería, atribuyó el cambio de orientación a la fragmentación de candidaturas en América Latina y a discrepancias con actores clave del proceso, lo que, según el texto oficial, hace inviable el éxito de la postulación desde la plataforma chilena. Este giro rompe con la iniciativa impulsada por la administración anterior y complica la estrategia de promoción diplomática que venían desplegando los países proponentes.
La candidatura de Michelle Bachelet seguía contando con el respaldo de Brasil y México, pero a partir del anuncio chileno las embajadas y misiones de Santiago dejarán de participar activamente en su promoción internacional. El gobierno especificó además que, si la ex presidenta decide continuar en la contienda, Chile no apoyará a ningún otro aspirante. Bachelet, de 74 años, tiene en su hoja de servicios cargos relevantes en el sistema multilateral —entre ellos, la dirección ejecutiva de ONU Mujeres y la alta comisaría para los derechos humanos— y aspira a suceder a António Guterres, cuyo mandato concluye el 31 de diciembre de 2026.
Motivos oficiales y reacciones internas
En el comunicado de la Cancillería se subrayó que la dispersión de opciones en la región y las discrepancias con actores influyentes vuelven «inviable» la candidatura chilena. El presidente Kast argumentó que mantener el respaldo oficial implicaría un costo político importante para el país, frase que evidenció la oposición de la derecha a la iniciativa anterior. Desde el arco parlamentario se registraron tensiones: voces de la derecha celebraron la retirada por considerarla coherente con la nueva administración, mientras que sectores del progresismo calificaron la medida como un retroceso y un gesto diplomático incómodo. La discusión pública refleja además diferencias sobre si la postulación fue o no una candidatura de Estado consensuada previamente.
Consecuencias regionales
La carrera por la secretaría general adquiere una nueva geometría tras la decisión chilena. La práctica de la rotación regional, no escrita pero recurrente, colocaba en el centro a América Latina para esta vacante; en ese contexto la retirada de uno de los países proponentes modifica alianzas y mensajes. Entre los contendientes figuran la costarricense Rebeca Grynspan y el argentino Rafael Grossi, además de la postulación de Michelle Bachelet. Históricamente, la región solo aportó un secretario general: el peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991), lo que añade peso simbólico a cualquier decisión de apoyo o rechazo en la contienda actual.
Implicaciones diplomáticas inmediatas
Aunque Chile ha retirado su respaldo, la nominación de un candidato a la secretaria general de la ONU puede ser formalizada por un Estado o un grupo de Estados distinto al país de origen del aspirante; por eso la candidatura de Michelle Bachelet puede proseguir con el amparo de Brasil y México. No obstante, la ausencia de la maquinaria diplomática chilena —embajadas y misiones— reduce la capacidad de lobby y de incidencia en ciertas capitales y en órganos consultivos. El resultado es un proceso con menos recursos de promoción y con una mayor necesidad de coordinación entre los países que aún la respaldan.
Perspectivas y próximas etapas
El proceso para elegir al próximo secretario general continúa con varias candidaturas en liza y con rondas de consultas en el seno de los órganos de la ONU. La estrategia de cada aspirante depende ahora de redes de apoyo multilaterales y de la capacidad de construir consensos entre potencias y bloques regionales. Factores como la presencia o ausencia en actos protocolarios y las señales políticas tras la investidura del nuevo gobierno chileno contribuyeron a que la candidatura perdiera empuje; en ese sentido, actores diplomáticos han observado que el cambio de administración y ciertos gestos públicos afectaron la percepción internacional de la iniciativa.
Qué seguir de cerca
Las próximas semanas serán relevantes para observar si Michelle Bachelet insiste en su postulación con el respaldo exclusivo de Brasil y México, y cómo reaccionan otros países latinoamericanos ante la ausencia de apoyo chileno. También será determinante el posicionamiento de actores extra regionales y la evolución de las votaciones informales en los órganos de la ONU. En este tablero, la combinación de diplomacia pública, negociaciones discretas y el ajuste de alianzas definirá si la candidatura mantiene opciones reales o si la contienda deriva hacia otras figuras representativas de la región.



