Iniciativa ciudadana limpia el Puente de Brooklyn y retira más de 450 kilos de candados y basura

El 12 de marzo de 2026 marcó un punto de atención sobre la conservación urbana en Nueva York cuando se difundió la labor de dos vecinos que, de forma voluntaria, retiraron más de 450 kilos de basura y candados del histórico Puente de Brooklyn. Lo que comenzó como una actividad individual para despejar las rejas del paso peatonal se fue transformando en un fenómeno local que llamó la atención de usuarios en redes sociales, autoridades municipales y transeúntes. La acción puso en primer plano problemas recurrentes en espacios públicos muy visitados, desde la acumulación de objetos hasta el desgaste estético e incluso riesgos para la infraestructura.

Detrás del esfuerzo están Ellen Baum y Max Parke, vecinos de Brooklyn que combinaron trabajo manual y herramientas especializadas para limpiar la estructura. Baum, gestora de programas de 37 años y residente de Brooklyn Heights, dedicó más de 40 horas desde principios de febrero a retirar a mano gomas para el cabello, pañuelos, recibos y otros desechos adheridos al enrejado. Por su parte, Parke, ingeniero de software de 39 años, comenzó en diciembre a cortar candados con una amoladora de disco y a transportar los restos en un carro de jardín que acopla a su bicicleta o lleva en el metro. Su tarea conjunta, consolidada en marzo tras conocerse mutuamente, refleja una acción sostenida fuera de circuitos oficiales.

Origen del problema: candados y objetos adheridos

El fenómeno que motivó estas limpiezas se popularizó a partir de la década de 2010 con los llamados «candados del amor», una costumbre importada de puentes europeos donde parejas dejan candados en las barandas como símbolo sentimental. Con el tiempo la práctica se amplió a cintas, auriculares, botellas y otros artículos personales, generando una acumulación visible en varias secciones del Puente de Brooklyn. Para 2014 ya se advertía una invasión de objetos y en 2016 el Departamento de Transporte realizó una operación de limpieza que requirió el cierre parcial del paso peatonal y supuso un gasto cercano a 116 mil dólares. Desde entonces existe una multa de 100 dólares para quien coloque objetos en la estructura, pero la sanción no ha eliminado por completo la práctica.

Metodología de la intervención ciudadana

La aproximación de los voluntarios combinó labores manuales y equipos mecánicos. Baum se encargó de retirar objetos ligeros con paciencia y cuidado para no dañar acabados, mientras que Parke empleó herramientas como la amoladora para cortar candados metálicos resistentes. El material metálico resultante fue recogido y trasladado, acumulando más de 450 kilos de residuos que debieron ser gestionados posteriormente. Esta operación de base vecinal se realizó en invierno, sin apoyo contractual, y en ocasiones bajo la mirada de oficiales que no intervinieron. La iniciativa recibió apodos en redes sociales —como Trashley Madison— y apoyo moral de transeúntes.

Inspiración y réplica local

El trabajo de ambos activistas generó contagio: alrededor de una docena de personas han comenzado a replicar pequeñas jornadas de limpieza en sus barrios, y algunos usuarios intentaron ofrecer herramientas o donaciones, propuestas que Baum ha rechazado hasta ahora para mantener la independencia del esfuerzo. Expertos y participantes han calificado estas acciones como una forma de urbanismo guerrilla, es decir, una intervención informal y ciudadana para mejorar espacios públicos sin esperar la iniciativa directa de las instituciones.

Propuestas y vínculos con las autoridades

Con la intención de institucionalizar el impacto, Baum presentó ante el Departamento de Transporte una serie de propuestas para reducir la recurrencia del problema: reforzar los equipos de limpieza, lanzar campañas educativas sobre la historia y el valor patrimonial del puente e instalar estructuras o contenedores específicos donde los visitantes puedan colocar candados sin dañar la baranda. Tras la difusión de la iniciativa, el consejo municipal ofreció apoyo logístico y la posibilidad de gestionar una reunión con responsables de transporte. Además, el caso despertó interés en instancias políticas locales, incluida la atención sobre el recorrido que hizo el alcalde Zohran Mamdani por la zona en períodos recientes.

Formación y enfoque técnico

En paralelo a las propuestas, Baum se inscribió en el programa Trash Academy de la organización Sanitation Foundation, una capacitación orientada a analizar el impacto de los residuos en el clima, la salud pública y la vida urbana. Esa formación apunta a convertir una acción simbólica en una estrategia informada que pueda dialogar con políticas públicas y con prácticas sostenibles de manejo de residuos en zonas turísticas y patrimoniales.

Un trabajo que no termina

Pese a los avances, la limpieza es una tarea recurrente: en cada visita aparecen nuevos objetos adheridos a la estructura. Los voluntarios admiten que la labor tiene carácter de continuidad y que requiere constancia. Como resumió Ellen Baum con simpleza y honestidad: «Me estoy acostumbrando a que esto es un maratón», una frase que resume el desafío de mantener un símbolo urbano libre de acumulación y de convertir la atención ciudadana en una mejora sostenida del espacio público.