En la jornada del martes 17 de marzo de 2026 se reportó un operativo aéreo que, según fuentes israelíes, acabó con la vida de Ali Larijani, una figura de larga trayectoria en la estructura de poder de Irán. El anuncio oficial del gobierno de Israel y las declaraciones en redes sociales del primer ministro destacaron que el blanco formaba parte del núcleo de las instituciones de seguridad y que la acción forma parte de una ofensiva más amplia con apoyo, según informes, de Estados Unidos.
Los hechos se inscriben en el marco del conflicto que comenzó a escalar semanas atrás y que tiene múltiples frentes: ataques con misiles y drones contra ciudades como Dubái y Doha, operaciones en el sur del Líbano y el cierre parcial del estrecho de Ormuz, una ruta crítica para el suministro global de crudo. Las repercusiones incluyen sanciones sociales, ajustes en vuelos comerciales y fuertes movimientos en los mercados energéticos.
El ataque y el perfil de la víctima
Según fuentes oficiales, el objetivo del bombardeo era un dirigente con responsabilidades en la supervisión de las fuerzas represivas iraníes. Ali Larijani, de 68 años, había ocupado puestos clave en el aparato estatal y, recientemente, le habían encomendado la conducción de negociaciones sensibles con Estados Unidos, por decisión del liderazgo supremo. La presencia de blancos vinculados a la Guardia Revolucionaria y al aparato de seguridad elevó el nivel de la operación, que las autoridades israelíes describieron como una acción destinada a debilitar la capacidad operativa del régimen.
Reacciones políticas y renuncias
La respuesta internacional fue inmediata y polarizada. En Washington, el presidente Donald Trump calificó la negativa de varios aliados de la OTAN a sumarse a la operación como un «error» y reiteró que no necesita apoyo para ciertas maniobras en la región. Paralelamente, la decisión de la Casa Blanca de considerar acciones en el estrecho de Ormuz fue defendida como necesaria para garantizar el tránsito de embarcaciones, pese a la ausencia de consenso aliado. En medio de fuertes desencuentros, un alto funcionario antiterrorista dimitió en protesta por la política bélica estadounidense, citando una campaña de desinformación y presiones externas como factores decisivos.
Renuncias y discursos
La carta de renuncia publicada en redes por un asesor relevante denunció que la administración había sido influenciada por actores proisraelíes y que la confrontación con Irán no respondía a una amenaza inminente. En paralelo, el primer ministro de Israel difundió un mensaje en el que explicó que la eliminación de figuras como Larijani persigue, según su versión, la intención de ofrecer al pueblo iraní la posibilidad de desafiar al régimen. Estos pronunciamientos avivaron el debate sobre la legitimidad y la estrategia de la campaña militar.
Impacto humanitario, económico y logístico
El conflicto ya dejó un saldo significativo en territorios colindantes: el Ministerio de Salud del Líbano informó de 912 muertos por los ataques israelíes desde que estallaron las hostilidades el 2 de marzo, con miles de heridos y grandes daños en infraestructura. En el plano económico, los precios del petróleo registraron subas notables, con el Brent y el WTI recuperando terreno tras las interrupciones en el tránsito por el estrecho de Ormuz. Ante la volatilidad, la Agencia Internacional de la Energía acordó liberar hasta 400 millones de barriles de reservas de emergencia, mientras que navíos petroleros comenzaron a transitar de forma escalonada por la ruta bloqueada.
Afectación a transporte y eventos
La incertidumbre en la región provocó cancelaciones y ajustes operativos: British Airways suspendió temporalmente vuelos a varios destinos de Oriente Medio hasta el 31 de mayo inclusive, y el aeropuerto de Dubái cerró operaciones por incidentes relacionados con drones que afectaron depósitos de combustible. En el ámbito deportivo, la Embajada de Irán en México comunicó gestiones ante la FIFA para evaluar la reubicación de partidos del seleccionado iraní en el Mundial, a raíz de advertencias sobre seguridad emitidas por autoridades y líderes internacionales.
Escenario inmediato y perspectivas
Con la escalada en varios frentes —ataques a infraestructura, movilizaciones terrestres en el sur del Líbano, y bombardeos sobre objetivos en Teherán y Beirut según comunicados militares— la región enfrenta un periodo de alta tensión. Los organismos humanitarios advierten sobre el riesgo de un aumento dramático de la inseguridad alimentaria si el conflicto se prolonga, y los gobiernos buscan equilibrar decisiones militares con presiones internas y la estabilidad de mercados globales. Mientras tanto, la comunidad internacional observa cómo se desarrollan las negociaciones y si se abren vías de desescalada o, por el contrario, la contienda se amplía a nuevos actores.



