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4 junio 2026

Guía para sentir Venecia durante la Bienal: museos, talleres y atardeceres

Una guía para combinar la visita a la Bienal de Venecia con espacios menos conocidos que muestran la esencia artística y artesanal de la ciudad

Guía para sentir Venecia durante la Bienal: museos, talleres y atardeceres

Durante el período de la Bienal de Venecia la ciudad despliega una energía particular: las plazas se llenan de visitantes internacionales, los canales recuperan su bullicio y los pabellones concentran la atención. La Bienal, creada en 1895, alterna entre arte y arquitectura y sirve de plataforma para anticipar corrientes contemporáneas: más de 75 países suelen presentar proyectos a través de pabellones nacionales ubicados en los históricos espacios del Giardini y el Arsenale. Esta edición —la 61ª titulada «In Minor Keys» y curada por Koyo Kouoh— abre el 9 de mayo y permanece hasta el 22 de noviembre, lo que convierte a la ciudad en punto de encuentro durante meses.

Aunque las cifras de asistentes confirman su magnetismo (en 2026 se registraron 699.304 visitantes y en 2026 se superó la barrera de 800.000), Venecia conserva muchos espacios que merecen exploración más allá de los circuitos oficiales. Vivir o pasar tiempo prolongado en la ciudad permite acceder a esos lugares íntimos donde la historia, el oficio y la contemplación dialogan. A continuación ofrezco una propuesta curada de cinco paradas que combinan museo, arte público, legado literario, oficio artesanal y paisajes para atardeceres: una ruta pensada para sentir la ciudad con calma y profundidad.

La Bienal: contexto y ecos en la ciudad

La Bienal de Venecia no es sólo una exposición: actúa como termómetro del arte contemporáneo global. Su prestigio se sostiene en la capacidad de reunir propuestas diversas y en la presencia de los pabellones nacionales que permiten comparaciones entre escenas artísticas. La muestra, por tradición, alterna su foco anual entre arte y arquitectura, lo que obliga a profesionales y público a renovar expectativas cada temporada. En un escenario donde cientos de miles de visitantes coinciden, resulta valioso planear con antelación y reservar momentos para explorar espacios que, sin ser masivos, ofrecen experiencias reveladoras y complementarias a la programación oficial.

Si la Bienal atrae por su amplitud, la ciudad responde con una red de instituciones y talleres que ofrecen matices: desde colecciones privadas transformadas en museos hasta viejos hornos que siguen fabricando mosaicos con técnicas centenarias. Este equilibrio entre lo monumental y lo artesanal sostiene la identidad veneciana, y permite al viajero alternar días de exposición con paseos tranquilos por palacios, jardines escondidos y orillas donde el tiempo parece detenerse.

Cinco rincones para sentir la Venecia cotidiana

Primera recomendación: la Colección Peggy Guggenheim, instalada en el Palazzo Venier dei Leoni junto al Gran Canal, es una visita imprescindible. La casa-museo fue la residencia de Peggy Guggenheim, mecenas estadounidense que transformó su hogar en un hervidero artístico y en punto de encuentro para figuras clave del siglo XX. La colección ofrece un recorrido por las vanguardias del siglo XX —cubismo, surrealismo y expresionismo abstracto— y mantiene un diálogo entre las obras y el entorno doméstico, potenciado por un jardín de esculturas que mira al agua. Entre las piezas emblemáticas figuran Alchemy (c. 1947) de Jackson Pollock, L’Empire des lumières (c. 1953–54) de René Magritte y La Baignade (c. 1937) de Pablo Picasso.

Cultura, memoria y laberintos

En la isla de San Giorgio Maggiore se abre un rincón de carácter íntimo y simbólico: el Laberinto de Borges, concebido por Randoll Coate tras un sueño en 1979 y abierto oficialmente el 14 de junio de 2011 en conmemoración del 25º aniversario del fallecimiento de Jorge Luis Borges. El espacio funciona como una metáfora tejida con vegetación y pasajes que remiten a la poética borgiana y forma parte del complejo de la Fondazione Giorgio Cini, un centro que conserva bibliotecas dedicadas a la historia del arte y programas culturales permanentes. Pasear por allí ofrece una pausa reflexiva lejos del bullicio de los pabellones.

Miradores, iglesias y talleres: el oficio veneciano

Punta della Dogana, con su silueta triangular entre el Gran Canal y el Canal de la Giudecca, aloja la colección de arte contemporáneo de la Collezione Pinault y brinda una de las vistas más bellas sobre la Piazza San Marco y el Palazzo Ducale al atardecer; es un sitio ideal para contemplar la ciudad sin multitudes. A poca distancia, la Chiesa dei Gesuiti conserva la teatralidad del barroco veneciano: su primera versión data de 1148, fue adquirida por los jesuitas y remodelada en 1715, para ser consagrada en 1728 bajo la dirección del arquitecto Domenico Rossi, con obras destacadas como Il Martirio di San Lorenzo (c. 1548) de Tiziano y Assunzione della Vergine (c. 1555) de Tintoretto. Finalmente, para quienes valoran el saber hacer tradicional, la Fornace Orsoni, fundada en 1888 por Angelo Orsoni, sigue produciendo esmaltes, hojas de oro y mosaicos mediante procesos artesanales; su famosa Biblioteca de Color documenta miles de tonos y es testimonio vivo de una técnica que ha restaurado monumentos desde la Basílica de San Marcos hasta obras internacionales.

Recorrer Venecia fuera del circuito masivo significa aprender a alternar la intensidad de la Bienal con momentos de calma: un museo íntimo, un laberinto simbólico, un mirador al atardecer, una iglesia barroca o el calor de un horno que fabrica color. Esa combinación revela una ciudad que no se agota en lo monumental sino que se sostiene en la fusión cotidiana entre historia, creación y oficio.

Autor

Beatrice Beretta

Beatrice Beretta, radicada en Bolonia, anotó por primera vez itinerarios una noche bajo el pórtico de San Luca: desde entonces coordina secciones sobre viajes urbanos. En la redacción impulsa reportajes sobre movilidad sostenible y lleva consigo un mapa de bolsillo de los callejones boloneses como talismán profesional.