El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó el resultado de la inflación de febrero el jueves 12 de marzo de 2026. El informe mostró una suba mensual del 2,9%, cifra ligeramente por encima de la mediana de los analistas y similar al registro de enero. En términos interanuales, la variación escaló a 33,1%, superando la lectura previa y las expectativas públicas.
Este dato llegó en un momento especialmente sensible: por un lado, el Gobierno de Javier Milei busca demostrar que la desinflación continúa; por otro, factores internos como tarifas y alimentos siguen presionando la canasta. Al mismo tiempo, el episodio bélico en Oriente Medio elevó la tensión sobre los precios internacionales del petróleo, con implicancias directas sobre los combustibles y costos logísticos.
Composición del aumento y factores domésticos
Según el informe, los mayores aportes al incremento mensual provinieron de alimentos y bebidas no alcohólicas, con especial incidencia de la carne vacuna, y del rubro vivienda y servicios, que registró fuertes aumentos. Estos movimientos reflejan un cambio en la dinámica interna: los bienes muestran signos de desaceleración, mientras que los servicios regulados y semirregulados, como alquileres, energía y salud, siguen siendo más rígidos.
En paralelo, el Gobierno avanzó con la reducción de subsidios energéticos como parte de su agenda fiscal, provocando ajustes en tarifas. Informes oficiales y comunicados señalaron aumentos previstos en electricidad y gas, y el Tesoro reportó una caída cercana al 9% interanual en la recaudación por menor actividad tributaria. Ese contexto fiscal explica la intención de mantener medidas de contención y evita cambios abruptos en la metodología estadística.
Impacto externo: la guerra en Irán y el precio del crudo
La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán tensionó los mercados energéticos globales y elevó el precio del crudo, lo que alimentó alertas sobre un traspaso a la inflación local. Consultoras y casas financieras proyectan que, si la cotización del barril se mantiene en niveles elevados, podría añadirse presión vía combustibles, fertilizantes y costos logísticos.
Estimaciones sobre el efecto inflacionario
Consultoras locales indicaron aumentos puntuales en los surtidores, con subas cercanas al 6% observadas en algunas estaciones a comienzos de marzo; sin embargo, parte de ese ajuste obedeció a la suba de impuestos y correcciones por la inflación de meses previos. Analistas como Sebastián Menescaldi de EcoGo estimaron para marzo una inflación mensual en torno al 2,9%, atribuyendo aproximadamente 0,3 puntos porcentuales a la suba internacional del petróleo. Por su parte, bancos como Citigroup y Barclays proyectaron impactos anuales adicionales cercanos a 0,9% y 0,8%, respectivamente, si el choque energético persiste.
El rol de YPF y la transmisión a precios
La empresa estatal YPF, con participación mayoritaria en el mercado de combustibles, fue señalada como actor clave en la transmisión de precios al surtidor. Su conducción sostuvo que buscará evitar cimbronazos en los valores de venta, aunque reconoció que, ante subas persistentes del petróleo, la cadena de costos terminará impactando al consumidor. Esa postura busca modular el traspaso para no añadir volatilidad inmediata al índice general.
Medición, expectativas y horizonte político
El cálculo estadístico también fue foco de tensión: justo antes de la publicación del IPC de enero, el titular del ente estadístico renunció por diferencias sobre una reforma en la metodología que habría dado mayor peso a los servicios y menor a los alimentos. La propuesta fue archivada y el Gobierno, a través del ministro Luis Caputo, defendió que modificar la fórmula ahora dañaría la credibilidad pública.
Las encuestas y el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central mostraron proyecciones para febrero en torno al 2,7%, y estimaciones de inflación anual que ubicaron el cierre del año cerca del 26%. Analistas internacionales, incluidos economistas de JPMorgan, han planteado que la desinflación de bienes refleja la apertura económica y la reducción de aranceles, mientras que los servicios mantienen una dinámica más resistente vinculada a la negociación salarial.
Conclusión y riesgos
El número de febrero dejó claro que la desinflación no está rota, pero tampoco consolidada. En el corto plazo, la combinación de ajustes tarifarios, la evolución del precio del petróleo y las presiones sobre salarios y servicios aparecen como los principales riesgos. Para las autoridades, el desafío será sostener el ancla fiscal y monetaria mientras se monitorea la transmisión del choque externo para evitar que la inflación vuelva a acelerarse en los meses siguientes.



