El cine argentino está de luto: Luis Puenzo falleció el 21 de abril de 2026 a los 80 años, según informó Argentores. Nacido el 19 de febrero de 1946 en la ciudad de Buenos Aires, Puenzo desarrolló una carrera que abarcó la publicidad, el cine y la administración cultural. Desde sus comienzos en la década de 1960 en el mundo de los comerciales hasta su consagración internacional, su recorrido profesional mostró un interés sostenido por historias que dialogaban con la memoria y la política.
Antes de llegar a la pantalla grande consolidado como realizador, Puenzo fundó Luis Puenzo Cine, donde realizó cortometrajes y piezas publicitarias que le permitieron afinar su lenguaje visual. Su primer largometraje como director y guionista fue Luces de mis zapatos (1973), y luego trabajó en el film colectivo Las sorpresas (1975), colaborando en el segmento «Cinco años de vida». Ese aprendizaje en formatos diversos marcó el estilo que lo llevaría a proyectos de mayor envergadura.
Trayectoria y obras clave
El punto de inflexión en su carrera llegó con La historia oficial (1985), película que codirigió en el guion con Aída Bortnik. Con actuaciones de Norma Aleandro y Héctor Alterio, el film abordó la apropiación de menores durante la última dictadura cívico-militar argentina y la búsqueda de verdad de las familias afectadas. La película no sólo movilizó al público local, sino que también abrió la puerta para que el cine argentino ocupara un lugar relevante en festivales y ceremonias internacionales.
Tras ese reconocimiento internacional, Puenzo dirigió producciones de perfil internacional como Gringo viejo (1989), basada en la novela de Carlos Fuentes y protagonizada por figuras como Jane Fonda y Gregory Peck; y La peste (1992), adaptación de la novela de Albert Camus que reunió a actores de primer nivel como William Hurt y Robert Duvall. En 2004 estrenó La puta y la ballena, una coproducción entre Argentina y España con Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón.
Reconocimientos y resonancia internacional
La historia oficial obtuvo numerosos premios que marcaron un antes y un después para la industria nacional. En 1986 la película ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera, convirtiéndose en la primera obra argentina en recibir esa estatuilla. Además, la dupla Puenzo-Bortnik fue nominada al Oscar por Mejor guion original, y la producción cosechó reconocimientos en festivales como Cannes y premios como el Globo de Oro a la Mejor Película en Lengua No Inglesa y el Cóndor de Plata. Estos galardones ampliaron la visibilidad del cine argentino en circuitos internacionales.
Impacto cultural y temática
La fuerza de la película residió en su combinación de relatos íntimos y denuncia social. Al poner en primer plano la problemática de las apropiaciones ilegales de menores, el film se convirtió en un hito cultural que dio voz a la lucha de organismos como las Abuelas de Plaza de Mayo. Ese enfoque temático demostró la capacidad del cine para incidir en el debate público y en la memoria colectiva.
Otras producciones y acercamientos artísticos
La filmografía posterior de Puenzo mostró su interés por adaptaciones literarias y por trabajar con elencos internacionales. Películas como Gringo viejo y La peste confirman su ambición por narrativas que trascienden fronteras y su capacidad para integrar literatura, historia y cine en proyectos de alto presupuesto y alcance global.
Gestión pública y legado institucional
También tuvo un papel relevante en la política audiovisual. En 1994 participó en la redacción de la Ley de cine (ley Nº 24.377/94), norma que estableció la autarquía del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y las bases de su financiación, contribuyendo a dinamizar la producción nacional. Fue además miembro fundador de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en 2004 y, entre fines de 2019 y abril de 2026, presidió el INCAA.
Su gestión al frente del instituto despertó controversias: si bien abogó por la institucionalidad y la continuidad de ciertas políticas, fue cuestionado por empleados y sectores de la actuación que reclamaban una defensa más contundente de los fondos destinados al cine. La discusión pública en torno a su continuidad en el cargo y las críticas recibidas formaron parte de su último ciclo de actividad pública.
Memoria y huella
La figura de Luis Puenzo combina la carrera de un cineasta premiado internacionalmente con la de un gestor público que influyó en las políticas del sector audiovisual argentino. Su obra, en especial La historia oficial, permanece como referencia para cineastas y público por igual, y su paso por el INCAA dejó marcas en la estructura institucional del cine local. Frente a su fallecimiento, la comunidad artística y cultural recuerda tanto sus logros creativos como su compromiso con una industria nacional más fuerte.