La figura de Mirtha Legrand volvió a centrar la atención pública en el debate sobre la longevidad y el envejecimiento activo. Celebrando sus 99 años, la conductora continúa con presencia en televisión, teatro y reuniones sociales; circunstancias que motivaron un análisis del gerontólogo Carlos Presman en LN+ el 26/02/.
Lejos de atribuir la vitalidad a un solo factor, Presman resaltó una combinación de elementos: rutinas, contexto familiar y profesional, y sobre todo la conexión social. En este texto se ofrece una lectura ordenada de esas ideas y su implicancia para comprender el envejecimiento saludable.
Entorno y hábitos: la base de una vida activa
Según el experto, el entorno en el que una persona envejece actúa como una plataforma que facilita o dificulta la actividad cotidiana. Un ambiente que ofrece estímulos, responsabilidades y oportunidades de interacción genera condiciones favorables para mantenerse activo. Presman subrayó que la continuidad laboral o la participación en proyectos públicos —como los de Mirtha— funcionan como factores que sostienen la motivación.
Rutinas que sostienen la vitalidad
Las rutinas son, en palabras del gerontólogo, «una estructura que preserva capacidades». Mantener horarios, adoptar hábitos de ejercicio moderado, una alimentación balanceada y actividades cognitivas regulares ayudan a conservar funciones físicas y mentales. Aquí rutina se entiende como un conjunto repetido de comportamientos que reducen la fragilidad y promueven la autonomía.
El papel del apoyo familiar y profesional
El sostén afectivo y la disponibilidad de redes de apoyo también fueron destacados. Un núcleo familiar presente, colaboradores profesionales y la atención médica adecuada componen el entramado que permite a una persona mayor enfrentar desafíos diarios con mayor resiliencia. Para Presman, estos factores no son accesorios: son ingredientes funcionales para una vejez con participación social.
La conexión social: el factor que más pesa
Más allá de la disciplina personal, el especialista puso al frente la conexión social como elemento determinante. La idea central es sencilla: no aislarse protege de riesgos asociados al envejecimiento, como la depresión y el declive cognitivo. Participar en intercambios personales, laborales o artísticos fomenta la sensación de propósito, una variable clave para la salud mental y física.
Interacciones significativas frente al aislamiento
Presman explicó que la calidad de las relaciones importa tanto como su cantidad. Las interacciones significativas —con familiares, colegas o público— estimulan la actividad emocional y cognitiva. En el caso de figuras públicas que mantienen contacto frecuente con audiencias o grupos de trabajo, ese vínculo actúa como un motor constante de estímulo.
Implicancias prácticas: qué se puede aprender
Tomando el ejemplo de Mirtha Legrand, el mensaje del gerontólogo ofrece pautas aplicables a la población general: fomentar la permanencia en actividades que den sentido, cuidar la calidad de las relaciones y mantener hábitos saludables. Estas acciones no prometen la inmortalidad, pero sí aumentan la probabilidad de una vida más plena y funcional.
Recomendaciones concretas
Entre los consejos prácticos aparecen: cultivar redes sociales activas, sostener proyectos personales o profesionales, y mantener rutinas de salud física y mental. Presman insistió en que la longevidad es un proceso multifactorial y que el éxito suele ser «colectivo», pues depende de la interacción entre la persona y su entorno.
Reflexión final
El testimonio del gerontólogo sobre la vitalidad de una figura como Mirtha Legrand no sólo celebra una trayectoria sino que remarca lecciones útiles: la longevidad se nutre de contactos humanos, hábitos sostenibles y un entorno que promueva la participación. Esa mezcla, más que un secreto individual, resulta una estrategia social para envejecer con mayor calidad.



