El panorama energético de México muestra una brecha entre la normativa y la práctica. Según reportes publicados por Expansión y fuentes del sector, en el país existen entre 3 y 6 días de inventarios de gasolina y diésel. Esta variación responde, en gran medida, a la falta de una medición consolidada que integre los datos de instalaciones estatales y privadas, y a la concentración de capacidad en ciertos puntos del territorio.
La información fue difundida en el contexto del seguimiento a la política mínima de almacenamiento y a los eventos internacionales que pueden afectar precios y oferta, como las interrupciones en el estrecho de Ormuz. Expertos y actores del mercado advierten que, sin una estrategia de expansión de infraestructura y sin datos homogéneos, México sigue siendo vulnerable ante episodios externos que impactan el suministro y la inflación.
Qué exige la política y cómo se cumplen los números
La Política Mínima de Almacenamiento de Petrolíferos establece un mínimo de 5 días para gasolinas y diésel, y 1.5 días para turbosina. Sin embargo, cuando se consideran únicamente los inventarios disponibles en las terminales de Pemex —de acceso inmediato para distribución— el promedio reportado es de apenas 3 días. Mientras tanto, algunas empresas privadas declaran cumplir con el mínimo exigido, lo que explica la horquilla entre 3 y 6 días mencionada por distintas fuentes.
Infraestructura y retos logísticos
La capacidad de almacenamiento y la red de distribución definen la resiliencia del suministro. Según datos de la Secretaría de Energía, existen 77 terminales de Pemex y 14 terminales privadas. Esa distribución concentra la operación en ciertas zonas y deja regiones, especialmente el sur-sureste, con costos logísticos más elevados por el transporte terrestre. Especialistas han insistido en la necesidad de crear un mapa de necesidades para priorizar la construcción de nuevos centros de almacenamiento cerca de los puntos de consumo.
Terminales, privados y medición total
La divergencia de cifras proviene de la coexistencia de infraestructura estatal y privada: algunos actores reportan 1.5 días solo en terminales estatales, mientras que importadores privados pueden mostrar hasta 5 días en sus inventarios. Alejandro Montúfar, CEO de PetroIntelligence, estima que en términos agregados México podría tener entre 6 y 7 días, aunque advierte que la regulación no siempre se ha traducido en mecanismos comerciales que garanticen sostenibilidad de esos niveles.
Comparación internacional y riesgos
A escala global, organismos como la Agencia Internacional de Energía recomiendan mantener inventarios equivalentes a alrededor de 90 días de consumo o importaciones para países importadores netos. Estados Unidos, España e Italia reportan cifras cercanas a ese umbral, y Japón observa cifras algo menores pero igualmente robustas. En contraste, los niveles mexicanos colocan al país por debajo de esos estándares, lo que aumenta la exposición a shocks externos, como el cierre parcial del tránsito en Ormuz que redujo hasta 90% el flujo petrolero en episodios recientes y añadió presión al mercado de combustibles.
El antecedente histórico recuerda que la política de reservas surge de crisis como la de 1973, cuando un embargo derivó en desabasto y alzas de precios a nivel mundial. Desde entonces, el objetivo ha sido mantener inventarios mínimos para garantizar el abastecimiento, mitigar impactos y estabilizar mercados. México fijó metas ambiciosas para 2026 —entre 10 y 15 días— que no se alcanzaron, en buena parte por limitaciones en permisos para nuevas terminales y por la concentración de la infraestructura actual.
Frente a ese escenario, los especialistas recomiendan dos vías principales: ampliar la red de almacenamiento y crear un sistema oficial de seguimiento que consolide información de Pemex y del sector privado. Solo con una fotografía única y una expansión estratégica de centros, sobre todo en zonas con costos logísticos elevados, podrá México reducir su vulnerabilidad ante crisis internacionales y cumplir con los objetivos de seguridad energética trazados por la política pública.



