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21 julio 2026

Escapada japonesa en Tlaxcala: onsen, diseño y sostenibilidad

Disfruta de onsens privados, baños de bosque y una experiencia cultural que mezcla Japón y México en lugares como Tlaxcala y Mérida

Escapada japonesa en Tlaxcala: onsen, diseño y sostenibilidad

JapoNeza abrió sus puertas en 2026 en el estado de Tlaxcala y extendió su concepto ese mismo año a Mérida, en la península de Yucatán, con una propuesta de hospedaje que integra onsen privados, madera recuperada y operación sustentable. La sede rural se ubicó en una antigua parcela tipo rancho con vistas al lago Atlangatepec y al perfil del parque nacional La Malinche.

El proyecto se presentó como un retiro de contemplación que traduce ideas japonesas al contexto rural mexicano, con ocho habitaciones repartidas en dos edificios y un lenguaje estético inspirado en Japón. Según sus gestores, la iniciativa se orientó a ofrecer silencio, paisajes abiertos y prácticas de bajo impacto en una región de agricultura de temporal.

Apertura, expansión y contexto cultural

Los responsables vincularon el origen del concepto a experiencias personales del propietario, Fausto Terán, quien adoptó la estética nipona tras años de artes marciales y viajes a Asia. Esa influencia permeó el diseño, los materiales y los servicios, y dio forma a una marca que en 2026 también inauguró una sede urbana en Mérida con criterios similares de diseño minimalista y conservación.

La relación entre México y Japón fue enmarcada por los promotores en una historia que comenzó en el siglo XIX, cuando en 1897 llegó al sureste mexicano la Enomoto Colonization Party para cultivar café. En el presente, la afición nacional por el anime, el ramen y otras expresiones culturales fue parte del telón de fondo que facilitó la recepción de un concepto de alojamiento inspirado en prácticas japonesas.

Ubicación, habitaciones y experiencia sensorial

La sede de Tlaxcala se situó frente al lago Atlangatepec y a los pies de La Malinche, con campos de secano y caballos en libertad en la propiedad. En sus ocho habitaciones se incorporó un onsen privado —tina térmica de estilo japonés— construido con madera de cedro local y secciones de concreto, acompañado de una piscina de inmersión fría para contrastes de temperatura.

La experiencia se articuló alrededor del Shinrin Yoku, traducido como “baño de bosque”, que promueve la inmersión sensorial en el entorno natural para favorecer la relajación y la atención plena. Los huéspedes pudieron combinar esa práctica con recorridos a caballo por senderos de la zona y con baños termales al aire libre, integrando contacto con paisaje y rituales de agua en un mismo itinerario.

Diseño, materiales y sostenibilidad operativa

La construcción y operación se concibieron con énfasis en sostenibilidad. Muros y mobiliario emplearon madera recuperada de troncos caídos de manera natural y reaprovechados por la comunidad local. Se aplicaron técnicas japonesas de carbonización de madera para aumentar la resistencia a plagas, recursos que Fausto Terán estudió durante sus viajes y que anclaron una estética sobria y resistente.

El complejo se alimentó con paneles solares, contó con gallinas para aportar huevos orgánicos y operó con un sistema biodegradable; además, el agua se reutilizó para el riego de jardines. Estas medidas se describieron como parte de una filosofía de contacto respetuoso con la tierra y los recursos, que buscó reducir la dependencia de suministros externos y minimizar la huella de carbono del hospedaje.

Cocina híbrida y actividades

La carta gastronómica se concibió como un cruce entre tradición mexicana y técnicas japonesas, con productos de la huerta integrados a recetas familiares. Entre los platos, se ofrecieron versiones locales de ramen con un caldo inspirado en pozole verde a base de pepitas de calabaza y alga marina, así como una preparación que mezcla el popular Pollo al Tocatlán con setas y nopales.

Tras la comida, los huéspedes tuvieron opciones de montar a caballo por caminos rurales o dedicar tiempo a la relajación en onsen al aire libre. La combinación de gastronomía híbrida y actividades de baja intensidad se presentó como un complemento al itinerario de contemplación y de baño de bosque, en línea con el enfoque sensorial del establecimiento.

Referentes, reconocimientos y gestión

En antecedentes de hospedajes japoneses en México, se recordó la apertura en 1959 de Sumiya en Cuernavaca —hoy Grand Fiesta Americana Sumiya— y, décadas después, la llegada en 2018 de Ryo Kan a la Ciudad de México, un ryokan con tatamis y kimonos que replicó una experiencia urbana. Frente a esos referentes, JapoNeza se posicionó como un retiro rural fuera de la capital, con foco en entorno natural y autosuficiencia energética.

El proyecto acumuló nominaciones como mejor boutique hotel en México, reconocimientos de asociaciones de arquitectura y cobertura en medios internacionales como Vogue. La administración quedó a cargo de Claudia y Laura Terán, quienes enfatizaron la continuidad de una operación orientada a la contemplación, el orden y el cuidado de animales, valores que describieron como compartidos entre vida rural mexicana y tradiciones japonesas.

La sede de Mérida y diferencias operativas

La expansión a Mérida en 2026 llevó el concepto a un entorno urbano con mayor afluencia. En ese inmueble, la construcción se adaptó a la vegetación existente para mantener sombra y corredor bioclimático, y se apostó por diseño minimalista y conservación, con soluciones específicas al clima cálido como duchas exteriores para refrescarse en temporadas de alta temperatura.

La política de acceso varió entre sedes: la ubicación urbana adoptó un esquema solo adultos, mientras la de Tlaxcala aceptó familias y grupos más numerosos. En ambos casos se mantuvo el hilo conductor de prácticas sostenibles y un lenguaje visual sobrio, con materiales naturales y espacios despejados que remitieron a referencias japonesas sin despegarse del paisaje local.

Puentes culturales y referencias editoriales

Los gestores enmarcaron el proyecto como un puente entre dos maneras de entender el trabajo y la vida cotidiana: atención al orden, a la tierra y a los animales, así como a los ritmos del campo. Ese discurso acompañó el despliegue de servicios de bienestar y gastronomía híbrida, y se apoyó en narrativas que subrayaron la convivencia entre estética japonesa y prácticas del medio rural mexicano.

En el ámbito editorial, el poeta y periodista Alan Chazaro —autor de “These Spaceships Weren’t Built For Us” (Tia Chucha Press, 2026) y colaborador en medios como NPR, The Guardian y L.A. Times— reseñó espacios culturales y aportó visibilidad al cruce entre hospitalidad y diseño. Su mención se sumó al conjunto de coberturas que situaron a JapoNeza en el mapa turístico como una intervención que tradujo prácticas japonesas al paisaje y a la gastronomía local.

Autor

Luca Bellini

Luca Bellini procede de las cocinas de Turín: tras una decisión tomada ante el mercado de Porta Palazzo dejó la brigada para dedicarse al periodismo gastronómico. En la redacción defiende recetas reinterpretadas en clave contemporánea, firma investigaciones sobre mercados de barrio y conserva la colección de recetarios de su abuela.