La salida forzada del encargado de negocios iraní en Buenos Aires ha vuelto a encender tensiones que vienen de lejos. Mohsen Soltani Tehrani, diplomático con experiencia que asumió el puesto en Argentina en 2026, fue declarado persona non grata y recibió 48 horas para abandonar el país. El gobierno de Javier Milei comunicó la medida como respuesta a una nota de Irán que cuestionó la designación de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista por parte de Argentina.
Motivos oficiales y respuesta de la diplomacia iraní
Desde el Ejecutivo argentino se sostuvo que el comunicado de Teherán había insultado autoridades nacionales y puesto en cuestión decisiones soberanas. Las autoridades en Buenos Aires decidieron entonces declarar al diplomático no grato, recurso contemplado por la Convención de Viena. Para su parte, Soltani argumentó públicamente que la expulsión no beneficia a la población argentina y que, en cambio, agrava una situación ya tensa. Antes de regresar a Teherán, el encargado rechazó la lectura oficial y planteó que el verdadero conflicto es la alineación política de Argentina en un escenario internacional complejo.
Críticas de Soltani: alineamiento y consecuencias
Soltani centró sus reproches en la participación de Argentina en lo que calificó como una guerra iniciada por Estados Unidos el 28 de febrero. Dijo que la intervención argentina, hasta el momento política, no respeta normas internacionales y criticó la retórica presidencial: la disposición a ofrecer apoyo logístico y declaraciones como «vamos a ganar la guerra» fueron presentadas por el diplomático como elementos peligrosos. Advirtió que incluso las palabras de un jefe de Estado pueden tener consecuencias, aun cuando el país no cuente con capacidad para enviar fuerzas militares.
Crítica al discurso presidencial
El encargado iraní distinguió entre la relación con el gobierno y la percepción en la sociedad: no calificó a Argentina como enemiga del pueblo iraní y afirmó que muchos argentinos desaprueban la medida. Sin embargo, acusó al Poder Ejecutivo de tomar una decisión que, en su visión, trasciende la política exterior habitual y contribuye a una escalada diplomática. Soltani sostuvo que la declaración oficial podía provocar reacciones internacionales y afectar vínculos cotidianos entre ambos países.
Aspectos prácticos de la expulsión
Más allá del fondo del enfrentamiento, el diplomático criticó la forma: le dieron 48 horas para irse en medio de un largo feriado, con la legación prácticamente sola. Soltani explicó que debía resolver contratos, liquidar cuentas y gestionar pasajes, pero su pedido de prórroga fue rechazado por la Cancillería. La medida, subrayó, se implementó de manera abrupta y complicó las tareas administrativas del personal en la embajada.
Antecedentes históricos y estado actual de la representación diplomática
Las relaciones entre Argentina e Irán arrastran conflictos desde los atentados de los años 1990: las explosiones contra la sede de la AMIA y la embajada de Israel en 1994 y 1992, respectivamente, marcaron una trayectoria de acusaciones y desconfianza que ha sobrevivido a cambios de gobierno. En los hechos, la misión argentina en Teherán lleva inactiva desde junio de 2026, cuando el entonces canciller Gerardo Werthein ordenó su evacuación tras los primeros bombardeos de Estados Unidos e Israel.
Presencia diplomática actual y posibles repercusiones
Desde la evacuación referida, el encargado de negocios argentino en Irán, Marcelo Jordan, y el cónsul Martín Baeza operan desde Baku, capital de Azerbaiyán. En las últimas horas circularon versiones sobre la posibilidad de que Teherán formalice el cierre de la embajada argentina, lo que profundizaría la inactividad en las relaciones bilaterales. Soltani aseguró que, aunque las autoridades argentinas le dijeron que no se trataba de una ruptura formal, sí anticiparon un período de relaciones inactivas similar al que existe en la sede argentina en Irán.
La ausencia de contactos políticos también fue destacada por el diplomático: afirmó no haber recibido llamadas de dirigentes nacionales —ni del oficialismo ni de la oposición— y sólo referenció comunicaciones de periodistas, académicos y colegas diplomáticos. Ese silencio sugiere, según su interpretación, un consenso político en Argentina sobre la postura frente a Irán. Queda ahora por verse si esta etapa desembocará en un distanciamiento más profundo o si se abrirán canales que permitan una desescalada diplomática.