En la orilla del antiguo Canal del Dique, donde el ambiente se transforma al caer el sol, Rodolfo Palomino Cassiani, un reconocido líder palenquero, comparte historias que se entrelazan con la memoria colectiva de su pueblo. La danza Son de Negro no es solo un arte, sino un símbolo de resistencia que se remonta al siglo XVII, donde sus raíces se encuentran en los palenques, comunidades libres formadas por aquellos que escaparon de la esclavitud.
Desde sus inicios, esta danza ha sido un medio de defensa de la cultura afrocolombiana y un mecanismo de comunicación dentro de la comunidad, estableciendo un vínculo entre lo ancestral y lo contemporáneo. La historia del son de negro es un hilo que conecta generaciones y que, a pesar de los desafíos, sigue vibrando con la misma fuerza.
Los hechos
El Son de Negro se origina en un contexto de resistencia y lucha por la identidad. Según Palomino, esta danza comenzó a gestarse en el año 1603, en un tiempo donde la opresión colonial amenazaba la existencia de los pueblos afrocolombianos. Al ser una expresión cultural, el son de negro ha sobrevivido a través de los años, resistiendo al olvido y a la marginación.
La figura de La Guillermina
Uno de los elementos más destacados en esta danza es la figura de La Guillermina, que representa la astucia y el papel de la mujer dentro de la comunidad. A través de un disfraz que mezcla lo masculino y lo femenino, La Guillermina simboliza la fuerza de las mujeres afrodescendientes, quienes han sido guardianas de la memoria y la cultura. Este personaje no es solo un elemento visual, sino un mensaje profundo acerca de la importancia de la mujer en la lucha por la libertad.
El trabajo de preservación cultural
La publicación del libro ‘Son de negro, ¡vive!, coordinado por Luis Ricardo Navarro Díaz, se erige como un esfuerzo por preservar esta rica herencia cultural. Este texto es resultado de una década de investigación, donde se recopilan relatos y testimonios de quienes han vivido y transmitido esta tradición. Navarro describe su labor como un puente entre los ancianos que aún recuerdan las raíces de la danza y las nuevas generaciones que deben aprender y continuar con el legado.
Conservación y transmisión del conocimiento
El libro no es solo un compendio de historias; se convierte en una herramienta vital para asegurar que el son de negro no se pierda en el silencio. A través de una plataforma digital, se busca documentar y compartir la tradición, permitiendo que más personas se conecten con esta danza que es un símbolo de identidad.
El impacto del son de negro en la actualidad
Hoy en día, el Son de Negro no solo se presenta en festivales locales, sino que también ha encontrado su lugar en los grandes desfiles del Carnaval de Barranquilla. Esta danza, que antes era un susurro en la historia, ahora resuena con fuerza en la celebración de la diversidad cultural del Caribe colombiano. En cada golpe de tambor, se siente la energía de aquellos que lucharon por su libertad y su cultura.
La evolución del son de negro ha permitido que nuevas generaciones se apropien de esta danza, incorporando elementos modernos sin perder su esencia. La participación activa de las mujeres en la danza es un claro ejemplo de cómo la tradición puede adaptarse y florecer, representando un acto de resistencia ante los cambios culturales.
En un contexto donde muchas tradiciones enfrentan la amenaza de la desaparición, el son de negro se mantiene vivo gracias a la dedicación de sus practicantes y a la necesidad de contar su historia. Como indica Navarro, “mientras haya quien baile, el son vive”.



