En enero de 2016, un peón rural llamado Martín Franco desempeñaba sus labores en una arrocera ubicada en Cayastá, a unos 100 kilómetros de la capital de Santa Fe. Durante ese mes, Franco contribuyó de manera decisiva a la captura de los responsables del triple crimen de General Rodríguez, un caso que había conmocionado a la sociedad argentina en 2008. Sin embargo, a pesar de su valiosa información, él nunca recibió la recompensa de 2.000.000 pesos que había sido ofrecida por el gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Franco, con 44 años y residente en Helvecia, expresó su descontento: «Todos me decían que merecía la recompensa, pues fui el primero en alertar a la policía sobre la ubicación de los fugitivos. Sin embargo, tras innumerables trámites, nunca obtuve una respuesta concreta.» Su situación refleja un desánimo profundo, afirmando que la recompensa fue un verso, una promesa vacía que nunca se cumplió.
La fuga y la búsqueda de justicia
La fuga de los criminales, Víctor Schillaci y los hermanos Martín y Cristian Lanatta, tuvo lugar el 27 de diciembre de 2015 desde el penal de General Alvear. Después de su escape, llegaron a Santa Fe el 6 de enero de 2016, donde se ocultaron en una casa rural. Sin embargo, su tranquilidad fue efímera, ya que esa misma noche se dieron cuenta de que la policía estaba tras sus pasos.
El camino que tomaron los fugitivos estuvo marcado por una serie de eventos frenéticos. Tras varios intentos de esconderse, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. La situación se tornó crítica cuando, en un tiroteo ocurrido el 7 de enero, lograron escapar, pero la presión sobre ellos no cesó. Franco, quien había estado en contacto con la policía, se sintió muy frustrado por no haber recibido la compensación correspondiente por su colaboración.
El impacto en la comunidad
La experiencia de Franco no es única. Otros residentes de la misma zona también aportaron información sobre los fugitivos y, al igual que él, se encontraron con la misma decepción. «Nadie de la región ha cobrado un solo peso de la recompensa», insistió Franco, quien ha mantenido comunicación con sus vecinos. El sentimiento de traición y decepción es palpable, ya que muchos esperaban que su valentía al brindar información sería reconocida.
Pese a su situación laboral precaria, Martín sigue luchando por mantener a su familia. Después de haber sido despedido de la arrocera, ha intentado encontrar trabajos temporales, pero la estabilidad se le ha escapado de las manos. «Sería ideal contar con un empleo fijo para poder salir adelante», comentó con un tono de resignación.
El desenlace del caso
Finalmente, el 11 de enero de 2016, gracias a la información que Franco proporcionó, se llevó a cabo una operación que culminó con la captura de los fugitivos. Sin embargo, el proceso judicial posterior para los Lanatta y Schillaci fue prolongado y complicado. En total, enfrentaron cuatro juicios por diversos delitos cometidos durante su fuga, resultando en múltiples condenas que sumaron un total de años de prisión.
En octubre de 2018, los tres hombres fueron sentenciados a años adicionales por la evasión y por tomar a un rehén. La justicia no solo buscó castigar sus crímenes, sino también dar un cierre a una historia que había dejado una huella profunda en la sociedad argentina.
A medida que se aproxima el décimo aniversario de esta fuga que sacudió al país, la historia de Martín Franco resuena como un recordatorio de las promesas incumplidas y de la lucha constante por la justicia y la dignidad en la vida cotidiana.



