El restablecimiento del contacto directo entre México y China ha tomado protagonismo en un contexto comercial tenso. Delegados mexicanos y negociadores chinos se reunieron para intercambiar apreciaciones sobre una decisión reciente de México: el aumento de aranceles a miles de productos importados, una medida que afecta sobre todo a bienes provenientes de países sin tratados de libre comercio con México. Estas conversaciones buscan contener fricciones y preparar marcos de colaboración que beneficien a las cadenas productivas de ambas naciones.
La dinámica bilateral ocurre además en paralelo con la próxima revisión del T-MEC, lo que añade complejidad al escenario. Estados Unidos, México y Canadá revisarán el tratado y contemplan posibles ajustes para enfrentar la influencia de economías no de mercado en la región, una discusión que puede condicionar futuras reglas sobre bienes de origen chino.
Motivos y alcance de los aranceles
En diciembre, México aplicó incrementos arancelarios que alcanzan, en algunos casos, hasta 50% sobre una amplia gama de importaciones. La lista abarca productos clave para cadenas industriales: automóviles, autopartes, textiles, prendas, plásticos y acero. Aunque un arancel no prohíbe la entrada de mercancías, sí encarece los insumos, lo que obliga a empresas a absorber costos, trasladarlos al precio final o buscar proveedores alternativos. Para sectores con procesos complejos, como el automotriz, los cambios no son inmediatos y requieren reconfiguraciones de largo plazo.
Justificaciones oficiales y lecturas externas
El gobierno mexicano ha defendido la medida como parte de una política industrial destinada a fomentar la producción nacional y corregir desequilibrios comerciales. Sin embargo, analistas interpretan que la acción también cumple una función diplomática: enviar señales de alineamiento con las preocupaciones de Washington, especialmente ante la revisión del T-MEC y las presiones de la administración estadounidense respecto a China.
Reapertura del diálogo: quiénes hablaron y qué se abordó
En Pekín se concretó un primer encuentro presencial entre el negociador chino Li Chenggang y el subsecretario mexicano Vidal Llerenas. A la delegación mexicana se unieron la subsecretaria de Comercio María Teresa Mercado y otros funcionarios. En la capital mexicana, el embajador chino Chen Daojiang destacó el potencial de cooperación en manufactura, innovación y la economía digital, y señaló que el plan quinquenal de China para 2026-2030 representa una oportunidad dorada para profundizar la asociación integral.
Por su parte, representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores de México resaltaron que la relación bilateral atraviesa una etapa sólida, con diálogo político, flujos de inversión y crecientes intercambios comerciales. En el intercambio se abordaron temas tan variados como la integración de cadenas de suministro, proyectos energéticos y la transición hacia una economía verde.
Posibles respuestas y límites de la negociación
Frente a los aranceles, China había advertido públicamente que México debía reconsiderar la medida y indicó que defendería los intereses de sus empresas. Hasta ahora Pekín no ha anunciado represalias concretas, lo que sugiere que prefiere explorar la vía diplomática antes que recurrir a contramedidas. Para México, la negociación ofrece la oportunidad de explicar la intención detrás de la política y de buscar alternativas que limiten el daño económico.
El contexto del T-MEC y las implicaciones regionales
La revisión programada del T-MEC agrega presión a las conversaciones. Estados Unidos ha señalado que el tratado requiere herramientas para controlar eventuales oleadas de exportaciones e inversiones desde economías consideradas no de mercado, como China. Esto abre la puerta a propuestas destinadas a endurecer reglas de origen y supervisar mejor la procedencia de bienes que se integran en cadenas regionales.
Si se adoptaran normas más severas sobre contenidos y origen, sería más difícil que empresas extranjeras utilicen a México como plataforma para exportar a Estados Unidos sin cumplir requisitos estrictos. Ese posible ajuste influye en la estrategia mexicana: equilibrar la relación bilateral con China sin perjudicar su principal vínculo comercial, que sigue siendo Estados Unidos.
Escenarios y desafíos futuros
Los analistas coinciden en que las conversaciones bilaterales constituyen una primera fase; el verdadero reto será la implementación. Aplicar y fiscalizar aranceles sobre volúmenes masivos de importaciones representa un desafío logístico y administrativo. Además, la diferencia en el intercambio comercial —China compra menos bienes mexicanos de los que exporta hacia México— complica la opción de respuestas recíprocas en términos equivalentes.
Entre la presión del T-MEC y las expectativas de inversión, ambas partes deberán encontrar fórmulas que permitan cooperación sin sacrificar competitividad ni soberanía industrial.



