La discusión sobre la reforma laboral volvió a encender la escena política tras un cruce público entre el diputado Fernando Iglesias y el referente de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro. El choque se produjo en la órbita mediática y política en un contexto en el que la Cámara de Diputados ya había aprobado capítulos centrales del proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei. El intercambio incluyó comparaciones históricas y una respuesta oficial desde la representación diplomática en Bélgica.
Ese episodio ocurrió en un momento de fuerte polarización por la normativa laboral, que fue votada El contexto legislativo y las reacciones públicas alimentaron un clima donde los reproches cruzados se mezclaron con advertencias sobre la marcha del proyecto hacia el Senado.
Lo sucedido entre Iglesias y Ferraro y la réplica diplomática
El enfrentamiento comenzó cuando Fernando Iglesias cuestionó el texto del oficialismo y lo comparó con reformas pasadas de gobiernos anteriores, aludiendo a ajustes similares que según él redefinieron derechos laborales. Comparaciones históricas de esa naturaleza suelen buscar anclar la crítica política en ejemplos previos, y en este caso gatillaron una reacción pública de Maximiliano Ferraro, quien había pedido cambios puntuales en el proyecto, en particular la exclusión del Título XXVI por sus implicancias en la libertad de expresión.
La discusión escaló hasta que el embajador argentino en Bélgica intervino con un mensaje contundente, respondiendo a las críticas de manera enérgica. La réplica diplomática sorprendió por su tono y por introducir un elemento internacional al debate, manifestando que las controversias internas también se trasladaron a ámbitos donde la representación del país observa la repercusión de decisiones legislativas sensibles.
Resultados de la votación en Diputados y puntos más controversiales
En la Cámara baja, la reforma laboral obtuvo aprobación El dictam Entre los apartados debatidos, el Título XXVI —que plantea derogaciones de normas previas, entre ellas estatutos vinculados al periodismo— generó fuertes rechazos y se aprobó con 126 votos a favor, 119 en contra y 4 abstenciones. Otro capítulo polémico, el Título II, que crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para financiar indemnizaciones por despido, fue sancionado sin modificaciones por 130 votos a favor, 117 en contra y 3 abstenciones.
Los números revelan la estrechez del respaldo y explican por qué la discusión fue tan áspera: la normativa avanza pero con la oposición firme y múltiples voces advirtiendo sobre pérdida de derechos. El oficialismo defendió la iniciativa como una modernización laboral necesaria para impulsar la creación de empleo y la flexibilidad, mientras que distintos bloques denunciaron un sesgo hacia el empleador y posibles recortes de garantías para las y los trabajadores.
Reacciones dentro y fuera del recinto
En el recinto hubo intervenciones encendidas: desde críticas que equipararon el proyecto con una regresión de derechos hasta defensas que lo presentaron como una oportunidad para actualizar normativas con más de medio siglo de vigencia. Figuras como Máximo Kirchner, Juan Grabois y otros oradores adversaron fuertemente, mientras que representantes del PRO y aliados celebraron el avance legislativo. Al mismo tiempo, se registraron incidentes en los alrededores del Congreso, con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad y detenciones que marcaron la jornada.
Perspectivas y próximos pasos
Con la sanción en Diputados, el texto ahora se encamina al Senado, donde enfrentará nuevas negociaciones y posibles impugnaciones. Varios sectores anunciaron la intención de judicializar artículos y advertir sobre inconstitucionalidades, en paralelo a llamados a modificar capítulos considerados dañinos para la libertad de expresión y derechos laborales. El debate público y las acciones de protesta seguramente continuarán, dado el impacto que la reforma promete tener en el mundo del trabajo y la regulación profesional.
Implicancias políticas
El choque entre actores del oficialismo y la oposición, ejemplificado en el cruce entre Iglesias y Ferraro y la respuesta del embajador, subraya que la reforma es también un termómetro de las tensiones internas y de la estrategia política. Más allá de la letra de la ley, lo que se juega es la percepción pública sobre quién gana y quién pierde con los cambios: empleadores, trabajadores, medios y sectores culturales han mostrado sus reservas, mientras el gobierno reafirma la necesidad de transformar las normas laborales.



