El debate sobre la vivienda vuelve a centrarse en la diferencia entre ingresos y precios. En este análisis se toma como referencia el salario mínimo vital y móvil, que quedó establecido en $352.400 mensuales desde el 1 de marzo de 2026, y la cotización del dólar utilizada por las plataformas inmobiliarias. La dolarización de los valores del metro cuadrado y la limitada disponibilidad de crédito hipotecario configuran un escenario donde la compra tradicional resulta inaccesible para gran parte de la población. Además, la normativa detalla que el monto aplica a trabajadores mensualizados que cumplen la jornada legal; quienes trabajan por hora perciben $1762 por hora.
Para traducir esa brecha en términos concretos se realizó una simulación sobre una unidad estándar de dos ambientes y 50 m² en cinco barrios porteños: Puerto Madero, Núñez, Palermo, Villa del Parque y Lugano. Los valores por metro cuadrado provienen de relevamientos de la plataforma Zonaprop expresados en dólares y se cruzaron con la cotización promedio entre el dólar oficial de compra y venta (US$1395) para estimar los precios en moneda extranjera y, a partir de allí, calcular la equivalencia en sueldos mínimos.
Contexto y parámetros de la simulación
La prueba parte de dos premisas: primera, que los precios se presentan en dólares y, segunda, que el salario mínimo vital y móvil es la referencia más baja del ingreso formal. Estas condiciones permiten medir la accesibilidad de forma homogénea. Se consideró una unidad de 50 m² como ejemplo representativo de un departamento de dos ambientes y se aplicaron los valores por metro cuadrado relevados en cada barrio para obtener el precio final en dólares. Con esos montos se calculó cuántos sueldos mínimos serían necesarios si el trabajador quisiera pagar el inmueble sin ahorro previo ni financiamiento.
Resultados por barrio: distancias y años de trabajo
En Puerto Madero, el barrio más caro del listado, el metro cuadrado ronda los US$6152, por lo que la unidad de 50 m² supera los US$307.600. Tomando el promedio del dólar oficial (US$1395), quien recibe el salario mínimo debería reunir más de 1217 sueldos completos para comprar esa unidad, lo que equivale a más de 101 años de trabajo sin gastar en nada más. Ese número destaca la desconexión entre los salarios formales más bajos y el segmento más exclusivo del mercado inmobiliario porteño.
Barrios de alta demanda: Núñez y Palermo
En Núñez el valor por metro cuadrado se ubica cerca de US$3413, por lo que el dos ambientes estimado trepa a alrededor de US$170.650. Esa cifra requiere aproximadamente 676 salarios mínimos, equivalente a más de 56 años de ingresos sin gastos. Por su parte, Palermo, uno de los sectores más demandados, registra un metro cuadrado en torno a US$3390, lo que sitúa el precio del mismo departamento en cerca de US$169.500 y demanda cerca de 671 sueldos, es decir, casi 56 años de trabajo continuo. Ambos casos muestran cómo la popularidad de un barrio no siempre se traduce en mayor accesibilidad para quienes cobran el salario mínimo.
Barrios más accesibles y la distancia aún existente
La brecha se reduce en sectores de clase media como Villa del Parque, donde el metro cuadrado ronda los US$2267 y el precio estimado del dos ambientes es de aproximadamente US$113.350. En términos de sueldos esto representa unos 449 salarios mínimos, lo que equivale a casi 37 años de ingreso sin gastar en nada más. En el extremo más económico del análisis, Lugano muestra un metro cuadrado en torno a US$1098 y un precio estimado de US$54.900 para la unidad de 50 m², lo que exige alrededor de 217 sueldos, el equivalente a más de 18 años de trabajo.
Conclusión: implicancias y preguntas abiertas
El ejercicio ilustra que, aun tomando una referencia oficial como el salario mínimo, la compra tradicional de una vivienda de 50 m² en Buenos Aires está fuera del alcance para la mayoría de los trabajadores formales. La dolarización de los valores y la escasez de opciones de financiamiento accesible amplifican esa distancia. Los números —desde los más extremos en Puerto Madero hasta los más bajos en Lugano— plantean preguntas sobre políticas públicas, mecanismos de acceso al crédito y alternativas de vivienda que podrían reducir la brecha entre ingresos y precios en el mercado porteño.



