Crisis en River Plate tras el regreso de Marcelo Gallardo

El regreso de Marcelo Gallardo a la dirección técnica de River Plate vino acompañado de muchas preguntas y de la esperanza de revivir una época exitosa. Su primera etapa, entre mediados de 2014 y finales de 2026, consolidó un proyecto que acumuló 14 títulos, incluidos dos trofeos de la Copa Libertadores (2015 y 2018) y la Copa Sudamericana 2014. Tras un período de descanso y una breve experiencia en Arabia Saudita con Al-Ittihad, Gallardo regresó a Núñez en agosto de 2026, pero los signos iniciales de esta segunda etapa han resultado preocupantes para la afición y la directiva.

Resultados y contexto deportivo

En el plano competitivo, el equipo ha sufrido una caída significativa: encadenó tres derrotas ligueras consecutivas y apenas ha anotado cuatro goles en seis jornadas, ninguno proveniente de sus delanteros. Estos números reflejan un problema ofensivo tangible que se suma a una trayectoria reciente con 12 derrotas en los últimos 20 encuentros domésticos, una estadística inusual para un club del peso y la historia de River. Además, la ausencia en la máxima competición continental tras no clasificar para la Copa Libertadores intensificó el clima de insatisfacción en la hinchada y entre analistas.

Situación en la tabla y partidos clave

tras perder 1–0 frente a Vélez Sarsfield como visitante, River mostró debilidades defensivas y ofensivas que lo dejaron muy lejos de la cima. El equipo cayó a la décima posición de su zona y al puesto 21 entre 30 equipos en la clasificación general, un panorama distante de las aspiraciones que suelen acompañar al club. En este contexto, el choque ante Banfield en el Monumental se presenta como una prueba de reacción, aunque la tensión entre la afición y el cuerpo técnico amenaza con convertirse en un factor extra a gestionar.

Contratos, respaldo institucional y decisiones

A su vuelta, Gallardo firmó un contrato válido hasta finales de 2026, que la nueva directiva liderada por Stefano Di Carlo amplió posteriormente hasta diciembre de 2026, mostrando inicialmente confianza en su proyecto pese a la campaña anterior que terminó sin clasificación internacional. La dirigencia ha optado públicamente por ofrecerle apoyo y margen para trabajar, aunque la paciencia institucional no es infinita cuando los resultados y la inversión en refuerzos —superior a los US$70 millones— no rinden frutos en títulos o rendimiento sostenido.

Reacción del club y de Gallardo

Tras el último tropiezo, Gallardo decidió no presentarse a la conferencia de prensa habitual, alegando la necesidad de reflexionar sobre el rumbo del equipo. En declaraciones previas sostuvo que no piensa dar un paso al costado y subrayó la importancia de reconstruir el vínculo entre la plantilla y los seguidores. Afirmó estar convencido del trabajo de su cuerpo técnico y de la plantilla, pero reconoció la presión inherente al cargo cuando los resultados no acompañan. La tensión mediática y la creciente impaciencia de parte de la tribuna completan un escenario complejo para la toma de decisiones.

Diagnóstico futbolístico y posibles salidas

Desde lo táctico, el equipo muestra falencias en la generación de juego ofensivo y en la efectividad en el área contraria. La ausencia de goles de los delanteros obliga a replantear enfoques: puede tratarse de un problema de adaptación de los refuerzos, de la dinámica de grupo o de esquema. La directiva ha preferido dar respaldo público mientras Gallardo evalúa si puede revertir la situación; la última palabra sobre su continuidad dependerá tanto de resultados inmediatos como de la percepción de avance en un proyecto a mediano plazo.

En síntesis, la segunda etapa de Gallardo en River Plate transcurre entre la expectativa histórica y una realidad compleja. El técnico, cuyo legado incluye victorias frente a rivales poderosos y estadios llenos de trofeos, ahora debe encontrar soluciones rápidas para frenar la caída. Para la hinchada, su estatua en el exterior del Monumental simboliza un pasado glorioso; para el presente, el desafío es reconectar a ese símbolo con un rendimiento que justifique la continuidad. La próxima cita en el estadio será una primera señal sobre si este ciclo puede enderezarse o si, por el contrario, la segunda parte quedará marcada por el desencanto.