El conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán ha dejado, según los recuentos oficiales, más de 2.000 muertos en los territorios afectados y ha agravado una crisis regional con efectos directos sobre el suministro energético. En el Líbano, por ejemplo, las cifras oficiales citadas superan los 826 muertos y más de 800.000 desplazados, mientras que los combates y las operaciones en el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico han multiplicado los ataques a cargueros y las interrupciones marítimas.
El impacto económico es inmediato: la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha evaluado una caída combinada de alrededor de 10 millones de barriles por día (8 mb/d de crudo y 2 mb/d de derivados), según su informe del 12.03.2026. Ante la situación, los países miembros de la AIE han acordado liberar hasta 400 millones de barriles de reservas estratégicas, y Estados Unidos ha anunciado la puesta en el mercado de 172 millones de barriles para mitigar el choque.
Impacto en el mercado energético y rutas alternativas
Antes del inicio de la crisis circulaban por el estrecho de Ormuz cerca de 15 mb/d de crudo y 5 mb/d de productos; hoy esos flujos están por debajo del 10 % de esos volúmenes. Esa caída obliga a evaluar corredores alternativos para sacar hidrocarburos del golfo Pérsico y reducir el efecto sobre los precios. La situación provoca una reconfiguración del comercio mundial de petróleo y aumenta la prima de riesgo en los mercados energéticos.
Rutas terrestres y limitaciones
Entre las alternativas figuran los oleoductos que evitan el estrecho: el trazado saudí entre Abqaiq y Yanbu, con una capacidad de aproximadamente 7 mb/d, y el conducto emiratí entre Habshan y Fujairah, con cerca de 1,5 mb/d. Aunque ambos pueden incrementar envíos respecto a los niveles previos (de 2-2,5 mb/d y 1 mb/d, respectivamente), siguen siendo vulnerables a ataques y no compensan por completo la pérdida. Otras opciones, como el oleoducto del Kurdistán hasta Ceyhan, quedan condicionadas por problemas de seguridad y por limitaciones de producción.
Infraestructura regional y riesgos
Irán dispone además de la terminal de Jask —alimentada por un oleoducto desde Goreh— que podría facilitar exportaciones por fuera del estrecho, pero esa instalación no está plenamente operativa. La AIE subraya que la duración de la interrupción del tráfico marítimo y los daños a activos energéticos determinarán el efecto final en los mercados y en la economía global.
Dimensión humana y dinámica geopolítica
El conflicto no es solo económico: las evacuaciones masivas, los daños a patrimonios históricos y las afirmaciones de las partes intensifican la tensión. Irán ha denunciado que al menos 56 lugares históricos sufrieron daños en los ataques; por su parte, Israel ordenó la evacuación de suburbios de Beirut y alertó a la población de no regresar por el momento. Además, se han reportado incidentes en el mar con buques atacados, marineros desaparecidos y pérdidas humanas, lo que complica las operaciones de ayuda y la movilidad civil.
En el plano militar y político, resuenan declaraciones como la del presidente Donald trump, que llegó a afirmar en un mitin que Estados Unidos ya había ganado el conflicto y propuso una misión naval internacional para reabrir el estrecho de Ormuz. Mientras tanto, el Pentágono ha informado sobre daños a figuras de liderazgo iraní y Washington y sus aliados estudian medidas para mantener abiertas las rutas comerciales.
Qué esperar en las próximas semanas
El destino de los mercados depende ahora de la duración del bloqueo y de la capacidad de las rutas alternativas para absorber la demanda, sobre todo en Asia, que era el principal destino de esos envíos: China, India, Corea del Sur y Japón recibían la mayor parte del flujo perdido. Las liberaciones de reservas estratégicas —incluida la de Estados Unidos— son paliativos temporales que alivian la presión inmediata, pero no sustituyen una vuelta a la normalidad en el tránsito por el estrecho.
En paralelo, las consecuencias humanitarias y geopolíticas siguen abiertas: conversaciones directas entre Israel y Líbano, propuestas diplomáticas multilaterales y operaciones para proteger el tráfico marítimo marcan la agenda. La evolución del conflicto y la seguridad de infraestructuras energéticas serán determinantes para el precio del petróleo, la estabilidad regional y las economías que dependen de esos suministros.



