River Plate encara un tramo complicado tras dos derrotas que reavivaron preocupaciones antiguas. El 13/02/y 14/02/quedaron marcados por resultados adversos y episodios que transparentaron un plantel tenso: expulsiones, lesiones y un nivel colectivo por debajo de lo esperado. En el vestuario los referentes asumieron cierta responsabilidad, pero en el terreno de juego las respuestas fueron insuficientes.
La imagen pública del club —con su figura técnica como centro— muestra fisuras. El entrenador, que supo imponer un estilo y ganar títulos, ahora se encuentra ante la obligación de replantear ideas. Ese escenario exige una lectura honesta de lo que funciona y lo que no, la circulación de nuevas propuestas tácticas y un liderazgo que recupere confianza.
Estado actual del equipo y señales alarmantes
En las últimas jornadas el conjunto mostró rendimiento bajo y episodios que complicaron más que aclararon. La derrota por 1-4 frente a Tigre y la caída posterior en La Paternal dejaron en evidencia fallas defensivas, escasa contundencia ofensiva y problemas en la gestión de los partidos. Además, la expulsión de Marcelo Gallardo en el primer tiempo y la lesión grave de Juan Portillo intensificaron una noche ya negativa.
Más allá del resultado, lo preocupante es la falta de identidad en el juego: rotaciones incómodas, piezas que no terminan de encajar y un desequilibrio entre el bloque medio y el ataque. La acumulación de tropiezos —once derrotas en 18 compromisos recientes— no sólo es estadística: es síntoma de un equipo que perdió ideas y ritmo.
La figura del entrenador: entre la admiración y la necesidad de cambio
Marcelo Gallardo llegó a ser una referencia indiscutible en River; su legado como director técnico transformó la percepción del club. Pero incluso los técnicos más destacados enfrentan ciclos que exigen renovación. Hoy, la comparación con versiones pasadas del equipo evidencia una función en crisis que obliga a cuestionar metodologías, rotaciones y comunicación interna.
El desafío para el cuerpo técnico no es sólo táctico: también es cultural. Renovar el staff, probar esquemas alternativos o priorizar la lectura de partidos puede ser necesario. Los entrenadores de elite a nivel mundial demuestran que la reinvención constante forma parte de la supervivencia deportiva; River debe decidir si opta por esa vía o persiste en un camino que ya mostró rendimientos decrecientes.
Liderazgo y vestuario
Desde el plantel hubo gestos de asunción de responsabilidad. Jugadores como Juan Fernando Quintero salieron a hablar y a exigir compromiso: “Tenemos que hacernos cargo”, expresó con claridad tras una de las derrotas. Sin embargo, la reacción emocional no siempre se traduce en soluciones tácticas. El liderazgo interno debe combinar autocrítica con propuestas concretas para revertir el presente.
Qué hay que corregir y pasos posibles
Las correcciones necesarias abarcan varios frentes. En lo futbolístico, recuperar dinamismo ofensivo y equilibrio defensivo es prioritario; mejorar la efectividad en el último tercio y optimizar la transición entre líneas también. A nivel institucional y de cuerpo técnico, evaluar la estructura de trabajo, incorporar nuevos enfoques y replantear la comunicación entre entrenador y jugadores son pasos recomendados.
Además, la gestión de crisis exige decisiones rápidas pero medidas: priorizar la salud del plantel luego de lesiones graves, como la de Portillo, y gestionar la tensión que derivó en episodios polémicos con árbitros. Mantener la calma y buscar soluciones inteligentes permitirá que el club no quede atrapado en reacciones impulsivas sino que avance hacia un plan de recuperación.
Mirada a corto y mediano plazo
A corto plazo, la prioridad será obtener resultados que cambien la dinámica anímica y deportiva. Ganar confianza en partidos claves, mostrar una idea definida y evitar errores que faciliten derrotas ayudarán a apagar fuegos. A mediano plazo, la reconstrucción pasa por consolidar un sistema de juego claro y por la potencial renovación de componentes técnicos y futbolísticos.
River enfrenta un momento donde las declaraciones públicas y las autocríticas en el vestuario no alcanzan sin reformas concretas en la cancha. El club cuenta con recursos y tradición para recuperarse, pero eso requiere decisiones firmes, apertura al cambio y una ejecución ordenada. El pulso de la temporada dirá si Gallardo y su plantel logran reinventarse o si las grietas profundas demandan otras soluciones.



