Para muchas generaciones mexicanas Cri-Cri es sinónimo de infancia: un personaje que llegó por la radio y se quedó en la memoria colectiva. Francisco Gabilondo Soler, el autor detrás del apodo El Grillito Cantor, creó un universo de canciones pensado para educar y divertir a los niños; su legado incluye discos, libros, un museo y hasta un parque en Orizaba. A mediados de año, la escena capitalina revivirá su repertorio cuando la Filarmónica de las Artes presente una serie de conciertos en el Centro Universitario Cultural de la UNAM, programados para el 29 y 30 de mayo y el 5 y 6 de junio.
La historia de Soler combina modestia y ambición creativa: desde aprendiz de pianola hasta presentador en una de las emisoras más influyentes del país, su trayectoria ilustra cómo la radio transformó la cultura popular en México. Aunque algunos extranjeros asociaron a Cri-Cri con personajes internacionales como Jiminy Cricket, la obra de Soler siempre mantuvo una identidad local fuerte; esa identidad fue determinante cuando, según relatos familiares, rechazó una oferta relacionada con Walt Disney. Hoy su cancionero sigue siendo material didáctico en aulas y hogares.
Orígenes y formación de un creador
Nacido en Orizaba en 1907, Francisco Gabilondo Soler desarrolló inquietudes variadas: aprendió a tocar la pianola usando pianos públicos, trabajó en oficios como la tipografía y cursó estudios de astronomía en el Observatorio Nacional en Baja California en 1928 sin concluir la carrera. Su llegada a la radio coincidió con el crecimiento del medio en México; en XEW —una emisora clave del siglo XX— comenzó como el presentador que la gente conoció como El Guasón del Teclado, antes de reconvertirse en autor de canciones infantiles que estrenó en 1934. Ese primer ciclo de temas infantiles —entre ellos «El Chorrito», «Bombón I» y «El Ropero»— inauguró un segmento que duró 27 años y cimentó su fama.
La aparición de Cri-Cri y su repertorio
El personaje de Cri-Cri, vestido con frac rojo y violin hecho de hojas y ramas, nació en la radio de 1934 y se volvió emblema de la imaginación mexicana. Gabilondo Soler compuso un total de 210 canciones que combinan pedagogía y fantasía; títulos como «El Ratón Vaquero», «Cochinitos Dormilones», «Caminito de la Escuela» y «Marcha de las Letras» son ejemplos de cómo sus letras apuntaban a valores y conocimientos elementales. En Orizaba, el museo y el parque dedicados a su obra utilizan figuras de cartón piedra para ilustrar las historias, manteniendo viva la conexión entre letra, música y visualidad.
Encuentro con Disney y la defensa de una obra nacional
Durante la gira latinoamericana organizada por el gobierno estadounidense a través de la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos, Walt Disney y su equipo visitaron México en 1941 como parte de un proyecto cultural que inspiró filmes como «Saludos Amigos» (1942) y «The Three Caballeros» (1944). En ese contexto se ofrece, según testimonios familiares, una posible colaboración con Gabilondo Soler. La versión más difundida dice que el compositor prefirió no trasladar sus personajes a un mercado cinematográfico estadounidense, decisión que más tarde fue confirmada por su nieto Francisco Sanz Polo en 2016 y que reforzó la admiración del público por su fidelidad artística.
Una postura coherente con su legado
La negativa a incorporar su obra a la maquinaria de entretenimiento internacional tiene explicación en la lectura del propio creador: su intención fue siempre conservar un proyecto íntimo y pedagógico orientado al público mexicano. Aunque la comparación con figuras como Walt Disney llegó a oídos de muchos y aumentó su estatura simbólica, Gabilondo Soler optó por un camino distinto: no convertir su catálogo en una empresa comercial masiva. Ese criterio ha influido en cómo se preserva su música hasta hoy, priorizando la transmisión cultural sobre la explotación mercantil.
El homenaje sinfónico y la vigencia de sus canciones
La serie de conciertos ‘Cri-Cri… Por siempre’ producida por la Filarmónica de las Artes y la Compañía de Teatro de las Artes trae el repertorio a formato orquestal en el CUC. Con dirección musical del maestro Jorge Barradas García y actuación de la primera actriz Evangelina Martínez —que interpreta a Doña Emilia Fernández de Soler en un recurso dramático que conecta generaciones—, el montaje reúne a más de 30 músicos y recrea canciones emblemáticas como «La Patita», «El Negrito Bailarín» y «La Marcha de las Letras». Las funciones están abiertas al público familiar, con boletos a la venta en Boletópolis y precios de $400 y $450 pesos.
Que Cri-Cri siga llenando teatros y aulas es prueba de la perdurabilidad de una obra pensada para educar con ternura. Los conciertos en CDMX son una invitación a redescubrir un patrimonio sonoro que, desde su estreno en 1934, ha acompañado el aprendizaje infantil y la memoria colectiva. Mantener esa tradición activa, con orquestaciones y puestas en escena contemporáneas, permite a nuevas audiencias entender por qué Francisco Gabilondo Soler sigue siendo una figura central en la cultura mexicana.
