Crecimiento inesperado de la economía argentina por la cosecha y el sector financiero

La economía argentina presentó un repunte en el último mes del año, con un avance mensual que sorprendió por encima de las proyecciones privadas. Según el informe oficial, la actividad subió un 1,8% intermensual y 3,5% interanual, cifras que contrastaron con la contracción previa y superaron el consenso de analistas. Este desempeño reflejó una combinación de factores estructurales y temporales: la cosecha de trigo alcanzó niveles históricos y el sector de intermediación financiera mostró un aporte significativo, mientras que la industria manufacturera y el comercio minorista registraron caídas.

El resultado llega tras meses de volatilidad vinculada a la incertidumbre electoral, cuando la actividad había desacelerado por anticipos de movimientos económicos en previsión de cambios de política. En ese contexto, muchas empresas aceleraron producción en trimestres anteriores, lo que generó un efecto de arrastre que se revirtió parcialmente en meses siguientes. No obstante, el impulso agrícola mantuvo su independencia respecto a la dinámica política, funcionando como motor puntual que explica gran parte del alza registrado en diciembre.

Balance sectorial: quiénes empujaron y quiénes frenaron

El componente más llamativo del desempeño fue el sector agropecuario, que experimentó un crecimiento interanual cercano al 32%, impulsado por una cosecha de trigo que combinó volumen y rendimiento por hectárea por encima de campañas recientes. Al mismo tiempo, la intermediación financiera aportó una mejora notable, sumando puntos porcentuales al resultado global. En sentido opuesto, la industria manufacturera mostró una caída en su actividad, afectada por menores niveles de producción en segmentos clave, y el comercio mayorista y minorista también sufrió contracción, restando dinamismo al conjunto.

Impacto del agro

La magnitud de la cosecha de trigo constituye un caso paradigmático de cómo un ciclo productivo puede modificar indicadores macro en el corto plazo. La mayor producción no solo elevó el valor agregado del sector, sino que también incidió en servicios conexos, logística y actividad financiera asociada a anticipos y liquidaciones de exportaciones. En términos prácticos, la actividad agrícola actuó como un estímulo temporal pero de gran alcance dentro del EMAE, el indicador oficial de actividad económica.

Comportamiento de la industria y el comercio

Mientras el agro y las finanzas empujaron, la industria permaneció rezagada por restricciones de demanda y ajustes de stocks; sectores intensivos en capital y mano de obra formal mostraron descensos. En paralelo, el comercio registró menores ventas en términos reales, lo que refleja la pérdida de dinamismo del consumo y la reconfiguración del mercado laboral, en la que los puestos formales de mayor salario fueron reemplazados en buena medida por ocupación informal.

Contexto macro y perspectivas

El repunte de fin de año ofrece cierto alivio a las autoridades y partidarios de la actual agenda macroeconómica, aunque los economistas advierten sobre la naturaleza transitoria de algunos impulsores. Expertos señalan que factores que podrían sostener un crecimiento más sólido —como una expansión del crédito y una depreciación real sostenida— podrían ofrecer un estímulo menor al previsto inicialmente. Además, la inflación continúa siendo un desafío: la tasa mensual reciente se aceleró y presiona los precios de alimentos, servicios y tarifas.

Las previsiones oficiales y privadas convergen en una desaceleración de la inflación anual respecto a niveles muy altos, y en estimaciones de crecimiento para el año siguiente que rondan el 3% a 4%, aunque con amplios márgenes según supuestos de financiamiento, tipo de cambio y condiciones externas.

Conclusión: un resultado con matices

El cierre fuerte del mes confirma que la economía puede beneficiarse de choques positivos en sectores puntuales, pero también pone en evidencia la fragilidad de una recuperación que depende de pocos motores. El contraste entre la cosecha récord y la debilidad de la manufactura y el comercio sugiere que, para consolidar crecimiento, será necesario que el impulso se amplifique a través de mayor crédito, estabilidad cambiaria y recuperación del empleo formal. A corto plazo, los datos brindan un respiro; a mediano plazo, el desafío es transformar un crecimiento selectivo en uno más equilibrado y sostenible.