En enero la actividad económica de Argentina registró un avance leve que, de entrada, confirma una recuperación con matices. Según datos oficiales, el indicador mensual del PIB subió un 0,4% frente a diciembre y creció un 1,9% interanual —una lectura que coincidió con la estimación mediana relevada por Bloomberg—. Este proxy del PIB sirve como termómetro rápido del desempeño productivo y, en este caso, mostró que el arranque del año fue positivo aunque desigual entre sectores.
El repunte estuvo liderado por el agro, mientras que el comercio minorista y la industria manufacturera mostraron retrocesos. Al mismo tiempo, la inflación mensual volvió a situarse cerca del 3% en febrero, una cifra que contrasta con la promesa presidencial de bajar la inflación por debajo del 1% mensual. Ese desacople entre el discurso y los números reales ha contribuido a la pérdida de impulso político del gobierno, con una aprobación del presidente Javier Milei que tocó 36% según el sondeo LatAm Pulse de AtlasIntel para Bloomberg.
Desempeño trimestral y composición de la actividad
En el cuarto trimestre la economía también mostró signos de crecimiento: el PIB creció 0,6% respecto al trimestre anterior, un resultado por debajo de las expectativas de muchos analistas, y el mismo periodo registró una expansión del 2,1% en términos reportados. Dentro de esa dinámica, las exportaciones fueron el motor principal, seguidas por el consumo privado, mientras que el gasto público y la inversión cayeron. Este patrón sugiere que la demanda externa impulsó parte del avance, pero la inversión privada y el gasto público no compensaron las debilidades internas.
Sectores con desempeño divergente
La agricultura lideró el crecimiento en enero, beneficiada por condiciones estacionales y mayor demanda externa, pero el comercio y la industria sufrieron retracciones. El contraste entre un sector exportador fuerte y sectores orientados al mercado interno genera heterogeneidad en la recuperación: mientras algunos subsectores generan divisas y empleo, otros muestran estancamiento o contracción. Esta recuperación desigual es relevante porque condiciona tanto la creación de empleo como la percepción social sobre la mejora económica.
Riesgos macroeconómicos y proyecciones
Los economistas mantienen pronósticos moderados para el año: la encuesta del Banco Central de febrero plantea una expectativa de crecimiento del 3,4% y una desaceleración de la inflación hasta alrededor del 26% anual. No obstante, esas cifras están sujetas a riesgos. Jimena Zúñiga, economista para Bloomberg Economics, advirtió que aunque la actividad de enero dejó el primer trimestre en una base relativamente sólida, la fuerza desigual entre los sectores tradables y el resto de la economía puede comprometer la continuidad del crecimiento y afectar la confianza de los mercados si la cohesión política se deteriora.
Indicadores laborales y vulnerabilidades
El mercado laboral todavía muestra tensiones: la tasa de desempleo subió a 7,5% en el cuarto trimestre, el nivel más alto para un cuarto trimestre desde la etapa de la pandemia. Ese aumento refleja que la recuperación del empleo no ha sido homogénea y añade presión social cuando los salarios reales permanecen comprimidos por la inflación. La combinación de empleo débil, subsectores rezagados y metas de desinflación ambiciosas configura un panorama donde la política económica debe equilibrar ajuste y crecimiento.
Contexto político y memoria pública
Además de los retos macroeconómicos, el gobierno enfrenta desafíos políticos que repercuten en la economía. En 2026 el PIB de Argentina creció 4,4%, un dato que algunos interpretan como validación de las reformas, mientras que la inflación, que llegó a rondar el 160% cuando Milei asumió, descendió hasta niveles no observados en varios años. Sin embargo, recortes en subsidios provocaron protestas y hubo acusaciones de corrupción que erosionaron parte del apoyo ciudadano. Las tensiones políticas, incluidas controversias sobre memoria histórica y políticas culturales, alimentan la polarización y pueden complicar el espacio político para medidas económicas difíciles.
En síntesis, la lectura de enero confirma que la economía argentina está en una senda de crecimiento modesto pero frágil: el avance mensual es real, la estacionalidad y las exportaciones ayudan, y el 2026 dejó indicadores positivos, pero la heterogeneidad sectorial, la persistencia de la inflación y el desgaste político plantean riesgos que podrían ralentizar la recuperación si no se gestionan con prudencia. El desafío para las autoridades es sostener la dinámica favorable sin sacrificar la cohesión social ni la confianza de los mercados en el programa macroeconómico.



