El sur de Colombia ha sido escenario de un conflicto intenso, donde guerrillas rivales han chocado brutalmente, resultando en la muerte de al menos 27 combatientes. Este evento, que tuvo lugar en la zona rural del departamento de Guaviare, se enmarca dentro de un contexto de disputas por el control de territorios clave para la producción de cocaína.
Las tensiones han aumentado en esta región, históricamente conocida por su densa jungla y su importancia estratégica en el narcotráfico. A pesar de los esfuerzos por alcanzar la paz tras el acuerdo de, estas facciones continúan operando al margen de la ley, evidenciando la fragilidad del proceso de desmovilización.
Los hechos
Los combates recientes se produjeron en el municipio de El Retorno, situado a unos 300 kilómetros de Bogotá. Este área, caracterizada por su difícil acceso y su atmósfera de aislamiento, se ha convertido en un campo de batalla por la dominación de las rutas de tráfico de cocaína. Las facciones que participaron en el conflicto son disidencias de las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se separaron en debido a desacuerdos internos sobre liderazgo y territorio.
Las facciones involucradas
Los dos grupos enfrentados son liderados por Néstor Gregorio Vera, apodado Iván Mordisco, y Alexander Díaz Mendoza, conocido como Calarca Córdoba. Ambas facciones, que antes formaban parte de un grupo unificado, comenzaron a luchar entre sí tras la ruptura de la Central General Staff. Este conflicto interno ha llevado a un aumento en la violencia, marcando uno de los episodios más sangrientos en meses recientes.
Consecuencias de la violencia
La intensidad de los combates ha generado un impacto significativo en las comunidades locales. Aunque aún no hay cifras exactas sobre el desplazamiento de personas, las disputas previas han obligado a miles de residentes a abandonar sus hogares o a permanecer confinados. Esto interfiere gravemente con el acceso a servicios esenciales como la educación y la atención médica, exacerbando la situación de los civiles atrapados en medio del conflicto.
El dilema de la paz en Colombia
A pesar de los intentos del presidente Gustavo Petro por establecer un diálogo y avanzar hacia una paz total, el camino se ve obstaculizado por la persistente violencia entre estos grupos armados. Aunque la facción de Calarca Córdoba se encuentra en negociaciones con el gobierno, el grupo de Iván Mordisco continúa en batalla, desafiando los esfuerzos por alcanzar un acuerdo duradero.
Las esperanzas de una resolución pacífica se ven opacadas por la realidad del narcotráfico que sigue alimentando el conflicto. Con más de 450,000 vidas perdidas y millones de desplazados a lo largo de más de seis décadas de conflicto, Colombia enfrenta un desafío monumental para lograr una estabilidad duradera.
La lucha por el control de recursos ilícitos, como el tráfico de drogas, continúa siendo un factor de inestabilidad. La reciente violencia entre estas facciones guerrilleras no solo pone de manifiesto las tensiones internas, sino que también resalta la lucha más amplia por el poder y la influencia dentro del panorama del narcotráfico colombiano.



