Una multitud convergió en la Plaza de Mayo de Buenos Aires para recordar el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. La convocatoria, convocada por organizaciones de derechos humanos y apoyada por sindicatos y partidos políticos, recorrió el kilómetro que separa la plaza de la Avenida 9 de Julio, con miles de personas que llenaron las calles en torno a la Casa Rosada. El reclamo central recuperó el lema Nunca más y pidió mantener viva la memoria de las víctimas de la dictadura que gobernó entre 1976 y 1983.
La jornada incluyó pancartas, retratos de los desaparecidos y la presencia histórica de agrupaciones como las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo, que tuvieron un lugar destacado en el escenario instalado al costado de la plaza. Periodistas y fotógrafos coincidieron en que fue una de las manifestaciones más numerosas vistas en la capital en años recientes; las fuerzas de seguridad difundieron que ofrecerían estimaciones oficiales más adelante. Mientras tanto, marchas simultáneas se desarrollaron en diversas ciudades y localidades del país.
La voz de las organizaciones de derechos humanos
En el acto central, las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo retomaron sus históricas demandas de esclarecimiento. La Asociación de Abuelas informó que logró recuperar la identidad de 140 nietos y nietas restituidos a sus familias, y calcula que quedan más de 300 por localizar. En el escenario, Estela Barnes de Carlotto, presidenta de la organización y de 95 años, reivindicó cada restitución como una prueba del entramado represivo que incluyó desaparición, tortura y sustracción de menores.
Recuperaciones y memoria
Las palabras de las referentes subrayaron el valor simbólico y jurídico de cada caso recuperado. Para las Abuelas, cada identidad restituida es la confirmación de delitos sistemáticos y una pieza fundamental para la memoria colectiva. Durante la marcha, muchas personas portaron fotografías de familiares desaparecidos y consignas como «No nos vencieron» o «Los estamos buscando», combinando el reclamo de justicia con la transmisión intergeneracional de la memoria.
Contexto histórico y reclamos
El golpe que depuso a Isabel Perón e instaló la dictadura implicó un período de represión conocido por sus métodos de violencia, detenciones en centros como la ESMA, torturas y exilios masivos. Las organizaciones de derechos humanos recuerdan que el terrorismo de Estado dejó miles de víctimas y una sociedad marcada por la pérdida. En Plaza de Mayo, el acto repitió la exigencia de verdad sobre aquellos que aún permanecen sin aparecer y la demanda de que el Estado asuma su responsabilidad histórica.
Testimonios y transmisión generacional
Entre quienes caminaron estaba Valeria Coronel, docente, que asistió acompañada por su hija de ocho años: «La memoria se transmite de generación en generación para que la lucha continúe», dijo mientras señalaba la intención de educar a los más jóvenes sobre lo sucedido. Este tipo de intervenciones ilustraron cómo el reclamo por memoria y justicia se integra en la vida cotidiana y en la educación de futuras generaciones.
Debate político y apertura de archivos
La conmemoración también tuvo un componente de disputa pública. El gobierno del presidente Milei cuestiona las cifras históricas sostenidas por las organizaciones de derechos humanos, y afirma que los casos de desaparición fueron menos numerosos —estimando oficialmente por debajo de 9.000— frente al dato de alrededor de 30.000 que mencionan otros sectores. Desde la Casa Rosada se difundió un video que calificó la interpretación tradicional como una perspectiva «sesgada y revanchista», aludiendo al uso político del pasado reciente.
Documentos y transparencia
En paralelo a la conmemoración, funcionarios publicaron casi 500 páginas de documentos de inteligencia que abarcan desde 1973 hasta 1983, incluyendo el periodo de la dictadura. Esos papeles contienen desde listas de compras hasta registros de vigilancia sobre universidades, sindicatos y medios. La divulgación fue presentada como una apuesta por la transparencia y por fortalecer la credibilidad institucional, aunque genera debate sobre su alcance y el contexto en que se difunden.
La movilización del 24 de marzo mantuvo la tradición de reclamar memoria, verdad y justicia frente al poder, al mismo tiempo que abrió nuevamente el debate público sobre cifras, responsabilidades y el modo de abordar el pasado. Entre discursos, fotos y gestos simbólicos como la suelta de globos blancos, la jornada volvió a poner en primer plano la búsqueda de quienes faltan y la reivindicación de las víctimas de aquel periodo que marcó a la Argentina.



