Cómo una mujer de 81 años fundó una exitosa compañía de ópera en Guanajuato

En 2009, Kate Burt, una mezzo-soprano y directora de escena de Nueva York, tomó una decisión audaz: dejar atrás la gran ciudad y mudarse a Guanajuato, México. A sus 65 años, se embarcó en la aventura de aprender español mientras exploraba el vibrante mundo teatral de su nueva ciudad. Su amor por el teatro la llevó a auditar clases en la Universidad de Guanajuato, donde encontró una forma única de aprender el idioma a través del arte.

“Participar en clases de voz y teatro me permitió adquirir vocabulario relacionado con mis pasiones,” recuerda Burt. “Escuchaba atentamente hasta que pude empezar a hablar.” Así, logró no solo mejorar su español, sino también integrarse en la comunidad artística local.

Los primeros pasos en la escena teatral

El primer contacto de Burt con el teatro mexicano fue a través de la pastorela, una obra tradicional muy popular. Su experiencia como diseñadora de vestuario en Estados Unidos le abrió puertas cuando el director de un taller infantil de teatro le pidió que creara alas de ángel para la obra. Con su máquina de coser a pedal, Burt confeccionó alas de dos metros de altura, pintando a mano cada pluma de tela. Cuando llegó el momento de llevarlas al teatro, se dio cuenta de que no cabían en el taxi, así que decidió ponérselas y caminar por la ciudad. “Seguramente me veía muy rara,” se ríe Burt al recordar la atención que atrajo.

Un nuevo llamado a la enseñanza

En su camino hacia el teatro, se cruzó con el director de la escuela de música de la universidad, quien le propuso enseñar actuación a los estudiantes de canto. Sin saberlo, esta experiencia la llevaría a dirigir y producir obras y óperas a partir de 2012. La primera obra que dirigió fue parte de su ejercicio para aprender español. “Era tan divertida que decidí buscar actores para representarla,” comenta. “Aprendí mucho sobre el español coloquial durante ese proceso.”

Fundación de la Ópera Guanajuato

Al llegar a Guanajuato, Kate no tenía planes de fundar una compañía de ópera. Sin embargo, se dio cuenta de que, a pesar de la rica cultura y de contar con una magnífica orquesta, había escasas oportunidades para que cantantes locales se presentaran. Así surgió la idea de crear la Ópera Guanajuato, una asociación civil sin fines de lucro que fundó en 2018. Su objetivo principal es ofrecer un espacio para que artistas mexicanos participen en producciones operísticas y teatrales.

La compañía otorga becas a cantantes talentosos con recursos limitados. Con audiciones abiertas, Burt ha escuchado a artistas de todo el país. Cada año, la Ópera Guanajuato produce entre dos y tres obras, incluyendo títulos clásicos como “Hansel y Gretel” y “La flauta mágica,” presentándose no solo en Guanajuato, sino también en localidades como San Miguel de Allende e Irapuato.

Ópera en espacios comunitarios

Además de las producciones tradicionales, Burt ha innovado al llevar la ópera a lugares inesperados, como el Mercado Hidalgo, donde los cantantes actúan entre los puestos de tortillas y quesos. “La respuesta del público fue increíble,” señala. “Muchos nos comentaron que no podían ir al teatro, pero estaban encantados de ver las presentaciones en el mercado.” Burt cree que la participación de los niños en estas actividades es clave: “Cuando involucramos a los niños, traen a sus familias al teatro, y muchos se sorprenden al descubrir la ópera.”

Desafíos y aprendizajes en el camino

A pesar de su experiencia, uno de los mayores retos fue el idioma. Recuerda con humor un malentendido en un restaurante, donde pidió “el cuento” en lugar de “la cuenta,” dejando al camarero confundido. “Todos nos reímos después de que mi amiga me corrigió,” dice. Sin embargo, dominar el español fue solo el primer paso; entender la cultura mexicana y sus matices también requirió un considerable esfuerzo. “Es fundamental escuchar con atención y hacer preguntas abiertas para comprender mejor,” afirma.

Otro obstáculo fue la burocracia y los trámites fiscales, que la sorprendieron por su complejidad. Para manejar estos aspectos, Burt confía en un contador y cuenta con un equipo reducido pero comprometido, que incluye un director coral y un asistente administrativo. Para financiar sus proyectos, realizan recaudaciones de fondos y Burt también invierte en su compañía con fondos propios.

El legado de Kate Burt

Kate Burt ha dejado una huella significativa en la comunidad artística de Guanajuato. “Nos encantaría tener un espacio permanente donde podamos ensayar y presentar nuestras obras,” expresa. Su historia es un claro recordatorio de cómo la pasión y la dedicación pueden transformar no solo la vida de una persona, sino también la de toda una comunidad. Para aquellos que desean emprender, Kate sugiere: “Conéctense con la comunidad local, escuchen lo que ya se está haciendo y busquen oportunidades donde haya una necesidad.”