En las últimas semanas han continuado llegando al país flujos de dólares que, en apariencia, son suficientes para recomponer las reservas internacionales. Parte de esos ingresos provienen de un auge en las exportaciones de materias primas y de colocaciones de deuda corporativa en los mercados externos, factores que alimentan una entrada sostenida de divisas. Ese contexto ha permitido al equipo económico recuperar terreno en su objetivo de fortalecer el balance de divisas, algo clave para la estabilidad externa y para cumplir los compromisos pactados con el Fondo Monetario Internacional.
Aunque las cifras de entrada son alentadoras, las autoridades enfrentan una tensión presente en toda la operación: comprar dólares implica inyectar pesos en la economía, y una mayor oferta monetaria puede presionar al alza los precios en un país que sólo recientemente logró domar episodios de alta inflación. El gobierno de Javier Milei y sus colaboradores temen un repunte inflacionario, porque mantener la inflación baja ha sido su principal logro político y técnico hasta ahora. Esa preocupación altera la planificación del Banco Central sobre el ritmo de compras de divisas.
La paradoja entre acumular reservas y controlar la inflación
En teoría, las autoridades preferirían acumular reservas con mayor lentitud para evitar ampliar innecesariamente la cantidad de pesos circulando. El Banco Central ha sumado cerca de US$3.000 millones en reservas brutas en lo que va del año, un paso que lo coloca en camino de cumplir las metas acordadas con el FMI. Sin embargo, fuentes cercanas al proceso indican que los funcionarios siguen confiando en que los flujos de divisas continuarán siendo suficientemente fuertes como para retomar compras más agresivas hacia adelante, cuando las condiciones de demanda monetaria lo permitan.
Factores que sostienen los ingresos de dólares
Aumento de exportaciones y ventas de bonos
Gran parte del ingreso neto de divisas se explica por un mejor desempeño de las exportaciones de productos básicos y por emisiones de deuda corporativa en el exterior. Estas dos fuentes funcionan como válvulas de entrada de dólares: las ventas externas aportan divisas de manera recurrente, mientras que la colocación de bonos corporativos inyecta montos puntuales que elevan las reservas. Ambas dinámicas han contribuido a mejorar la posición externa de Argentina, pero al mismo tiempo plantean el dilema de qué hacer con las divisas que siguen llegando.
Señales mixtas en la demanda interna de pesos
El problema de fondo es que la demanda de dinero en pesos no se ha recuperado con la fuerza prevista por los planificadores. El crecimiento real de los salarios se mantiene modesto, los niveles de morosidad en préstamos han subido y las entidades financieras se muestran más selectivas al otorgar crédito. Esa mezcla reduce la capacidad del sistema para absorber pesos adicionales sin presionar la inflación, lo que obliga al Banco Central a medir cada compra de divisas en función de su impacto en la liquidez local.
Opciones de política y señales públicas
En los últimos días se observó una desaceleración relativa en las compras diarias de dólares: el promedio se situó en US$124 millones este mes frente a los US$138 millones en abril, según los datos oficiales. No obstante, la dinámica se ha vuelto más errática, con repuntes recientes que mantienen la atención de los analistas. El gobernador del Banco Central, Santiago Bausili, reconoció en una presentación pública que la recuperación de la demanda de dinero no ha sido tan rápida como se proyectó en diciembre, y puntualizó que esa recuperación «fue una suposición, no una promesa», frase que resume la cautela que impera entre los técnicos.
Perspectivas y riesgos
En el frente político y comunicacional, el gobierno busca transmitir señales de recuperación: el ministro de Economía, Luis Caputo, señaló en una entrevista radial que la actividad económica debería acelerarse en mayo y junio, una expectativa que influye en la hoja de ruta de las compras de divisas. Aun así, la combinación de ingresos externos robustos y una oferta de pesos que el mercado aún no absorbe por completo obliga a un equilibrio delicado entre asegurar reservas y evitar un nuevo brote inflacionario. Las autoridades deben calibrar cuándo y cuánto comprar sin sacrificar el control de precios que han logrado recientemente.
