En las últimas semanas el gobierno de Javier Milei ha experimentado un aumento en el interés de los mercados internacionales y en el flujo de inversiones. Esa mejoría no es producto de un solo hecho: combina una victoria electoral intermedia de alcance mayor al previsto, la percepción de una gestión más pragmática en materia económica, y decisiones puntuales que han favorecido la compra de reservas por parte del Banco Central. Al mismo tiempo, persisten decisiones controvertidas que ilustran la forma centralizada de la toma de decisiones en el Ejecutivo.
Este texto examina las señales que atraen capital, los errores que generan dudas y las tensiones políticas que condicionan la sostenibilidad del modelo económico. También evalúa el rol del FMI, la evolución del empleo formal y el escenario de la oposición peronista como fuerza de presión futura.
Por qué los mercados ven con buenos ojos al gobierno
El entusiasmo inversionista responde, en gran parte, a la percepción de gobernabilidad y a medidas concretas: compras regulares de reservas y una mayor capacidad del oficialismo para aprobar iniciativas en el Congreso. En la práctica, eso significa menos riesgo de desorden cambiario y una narrativa de estabilización que los actores financieros reciben positivamente. Además, el envío de señales al exterior —como la media sanción del acuerdo Mercosur-UE y encuentros diplomáticos del canciller— contribuye a proyectar apertura comercial.
Sin embargo, la confianza no es absoluta: indicadores recientes de inflación muestran números todavía altos. El registro de enero de 2,9% contrasta con la cifra anual que se encontraba en torno al 200% cuando Milei asumió, pero la persistencia de niveles elevados obliga a prudencia en las expectativas.
Errores políticos y económicos que pueden costar caro
Aunque la gestión ha ganado puntos, no faltan decisiones que minan la credibilidad. La intervención del organismo de estadísticas INDEC por una metodología técnica, por ejemplo, fue interpretada como una maniobra de corto plazo que podría dañar la confianza estadística a largo plazo. Estas acciones reflejan un patrón en el que las decisiones clave son tomadas de manera muy personalista, con escasa resistencia institucional.
Otro signo de alarma es la integración del Banco Central a la estrategia del Ejecutivo: pese a que Milei propuso cerrarlo durante la campaña, la entidad funciona hoy como un apéndice de la política económica, con su titular actuando en coordinación estrecha con el ministro de Economía. Esa dinámica debilita la autonomía institucional y podría consolidar fenómenos inflacionarios en el tiempo.
Efectos sobre empleo e ingresos
La búsqueda de estabilidad también trae costos sociales. Desde el inicio del mandato se registraron alrededor de 180.000 pérdidas de empleos registrados en el sector privado, en un mercado laboral de más de seis millones de trabajadores registrados. Aunque la cifra no implica un colapso masivo, la tendencia hacia menor actividad, salarios más bajos y empleos más precarios es un factor que puede erosionar el apoyo popular y, por ende, la viabilidad política del plan económico.
El papel del fondo y la aritmética política
Una misión del FMI que visitó el país captó el diagnóstico: la delegación advirtió el riesgo de que una apertura demasiado rápida y basada en principios estrictos deje a sectores productivos expuestos frente a una competencia internacional intensa y, en algunos casos, desleal. El personal técnico del organismo entiende los límites del libre comercio en el contexto global actual, pero sus recomendaciones internas no siempre se traducen en decisiones ejecutivas.
La dinámica política interna también será central. La recomposición de la oposición, con figuras provinciales que buscan liderazgo nacional, puede transformar la agenda pública. Si el peronismo logra articular un discurso centrado en empleo y salarios, la presión sobre el Ejecutivo para reducir errores y entregar resultados concretos aumentará. En ese escenario, la retórica ideológica podría ceder espacio a la moderación pragmática.
Gestos internacionales y señales domésticas
La alineación con mercados se combina con gestos exteriores —reuniones diplomáticas, acuerdos comerciales y contacto con inversores— que mejoran la percepción externa. A nivel doméstico, la firmeza en el Congreso para avanzar reformas es valorada por la plaza financiera, pero genera tensiones internas y protestas sociales que el gobierno deberá manejar con cuidado para evitar escaladas.
Si no lo hace, los avances en los mercados pueden ser frágiles y reversibles ante errores políticos o económicos que erosionen la credibilidad acumulada.



