La gestión de envases vacíos de fitosanitarios en Argentina ha dado un giro impresionante, logrando recuperar más de 20 millones de kilos de plásticos. Pero, aquí surge una pregunta que vale la pena reflexionar: ¿realmente estamos haciendo lo suficiente para asegurar un manejo ambientalmente responsable de estos desechos? En un mundo donde la sostenibilidad se ha vuelto una prioridad, es crucial examinar los números detrás de estas iniciativas y entender su impacto en nuestro ecosistema y la economía local.
Un sistema en crecimiento
Desde que comenzó en la provincia de Buenos Aires, el sistema de gestión de envases ha crecido de manera constante, extendiéndose hoy a 22 provincias en Argentina. Este crecimiento no es solo una cifra más; es el resultado del esfuerzo conjunto de más de 110 empresas que forman parte de la asociación CampoLimpio. La ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor) ha sido el motor que ha impulsado este proceso, obligando a los productores a asegurar un destino seguro para sus envases, lo que a su vez ha fomentado la economía circular en el sector agroindustrial.
En 2019, el sistema contaba con apenas siete Centros de Almacenamiento Transitorio (CAT), todos ubicados en Buenos Aires. Sin embargo, en solo un año, esta cifra se disparó a 27. Hoy, la red ya abarca 92 CAT en funcionamiento, lo que demuestra un crecimiento del 30% interanual en la recuperación de envases. Este aumento no solo cumple con las exigencias legales, sino que también contribuye a construir una infraestructura sostenible que beneficia a nuestra economía local.
Desafíos y logros en el camino
A pesar de los avances, no todo ha sido un camino de rosas. La persistencia de malas prácticas, como el entierro y la quema de plásticos, junto con el comercio informal, presenta serios retos para una gestión responsable de envases. No obstante, la creciente presencia del sistema ha permitido que cada vez más productores se alineen con las prácticas sostenibles que marca la ley. Esto no solo les ayuda a cumplir con sus obligaciones, sino que también les otorga un certificado ambiental que respalda su compromiso con la sostenibilidad.
La circularidad del modelo de gestión permite que el plástico recuperado sea reciclado en usos seguros. Hasta la fecha, los envases se revalorizan en 19 destinos permitidos, que incluyen caños para fibra óptica y materiales de construcción. Esta transformación no sería posible sin la colaboración de los operadores provinciales que reciben y reciclan los envases, convirtiéndolos en materia prima para la industria plástica.
Lecciones aprendidas y el camino por delante
Los logros alcanzados son significativos, pero también subrayan la necesidad de un esfuerzo colectivo. Cada envase recuperado representa un trabajo logístico y ambiental que merece ser reconocido. Este esfuerzo es vital para transformar hábitos y fomentar una cultura de sustentabilidad a largo plazo. La industria y los consumidores deben ver este proceso no solo como una obligación, sino como una oportunidad para fortalecer la economía circular.
María Pisanu, directora ejecutiva de CampoLimpio, nos recuerda que recuperar envases es un paso fundamental, pero aún queda mucho por hacer. La colaboración entre todos los actores involucrados es clave para superar los desafíos y asegurar un futuro más sostenible. La gestión responsable de envases fitosanitarios en Argentina ofrece un modelo a seguir, demostrando que, con esfuerzo y compromiso, es posible construir un sistema que beneficie tanto al medio ambiente como a nuestra economía local.


