La jornada de quienes forman el Grupo Antiexplosivos y Antiterrorista de la Policía Metropolitana de Cali se describe mejor como una sucesión de decisiones minuciosas y respiraciones controladas. El relato que sigue reúne experiencias de un miembro de ese equipo —identificado como Jairo— que ha participado en operaciones complejas, desde detonaciones controladas en la vía Panamericana hasta la retirada y desarme de un camión cargado con cilindros explosivos.
Su trabajo exige soportar el peso literal de la protección y la carga emocional de saber que cada maniobra puede marcar la diferencia entre la vida y la tragedia. En cada salida, la disciplina, el protocolo y la confianza entre compañeros se combinan para neutralizar amenazas mientras protegen a la población civil y a la infraestructura crítica.
Formación, equipo y la hermandad que salva vidas
Los miembros del grupo llegan tras superar filtros físicos y psicológicos rigurosos; de cientos de aspirantes, quedan no más de una veintena por jurisdicción territorial. Se entrenan para desplazarse con blindaje y equipos que a veces pesan kilos encima del cuerpo, usando el traje antifragmentario que cubre de pies a cabeza, casco, guantes y calzado especial. Además de la indumentaria, emplean herramientas y procedimientos estandarizados para identificar y neutralizar dispositivos: desde una maleta con explosivo hasta una moto bomba o un camión con cargas masivas.
El vínculo entre colegas
La noción de hermandad no es un adjetivo vacío: en la práctica significa vigilancia continua, apoyo inmediato y coordinación durante jornadas que pueden prolongarse de sol a sol. Mientras uno se expone con el blindaje puesto, el resto del equipo sigue los protocolos de seguridad, listo para intervenir si algo sale mal. Esa estructura de apoyo disminuye errores humanos que podrían costar vidas.
Casos emblemáticos: del camión junto a la base aérea a la moto bomba en la Panamericana
El 21 de agosto de 2026, Jairo y su equipo intervinieron tras la explosión parcial de uno de dos camiones cargados con cilindros que contenían explosivo tipo amonal cerca de la base aérea Marco Fidel Suárez. El segundo vehículo, por fortuna, no detonó; su traslado y desarme requirieron extrema cautela y terminaron en una operación que se extendió cerca de nueve horas hasta el día siguiente. El mismo equipo ha participado en detonaciones controladas más recientes, como la de una moto bomba dejada en la vía Panamericana el 14 de febrero de 2026.
Cómo se manejan las emergencias
Ante el reporte, la prioridad es asegurar la zona y reducir el riesgo para transeúntes y personal. El procedimiento incluye evaluación remota cuando es posible, selección del integrante que asume el rol de operador con el traje blindado y, en muchos casos, la ejecución de una detonación controlada para neutralizar el artefacto sin daños colaterales. Cada paso se documenta y ejecuta con cuidado científico y precisión manual.
Motivaciones personales y el costo emocional del deber
La vocación llevó a Jairo a la Policía; su decisión fue marcada por un atentado ocurrido en el barrio El Vallado cuando era menor, episodio que lo impulsó a evitar que tragedias similares se repitieran. Aunque reconoce el miedo —»todos tenemos miedo, como cualquier ser humano»—, subraya que no puede permitir que ese sentimiento dicte sus actos: en su lugar lo controla para no cometer errores. Su madre conoce su labor, pero él evita detallar operaciones para no preocuparla.
Fe y rutina
Cada día inicia con un gesto ritual: una señal de fe y concentración antes de colocarse el blindaje y salir junto a su equipo. Esa rutina es tanto una preparación psicológica como una forma de afirmar el compromiso con la seguridad pública. Para este grupo de la Policía, la mezcla de entrenamiento técnico, solidaridad entre compañeros y convicciones personales constituye la columna vertebral de su labor frente a la amenaza del terrorismo.
Reflexión final
La labor de quienes desactivan artefactos en Cali es una combinación de técnica, paciencia y disciplina humana. En cada acción frustrada —tres en lo que va del año, según autoridades locales— se preserva la vida gracias a protocolos, equipos adecuados y la voluntad de hombres y mujeres que asumen riesgos extremos. La ciudad y sus habitantes deben tanto a esa unidad antiexplosivos como a la calma calculada que sus integrantes mantienen en los momentos más peligrosos.



