Cómo el fútbol recuerda a los desaparecidos del golpe de 1976

A cinco décadas del golpe del 24 de marzo de 1976, el vínculo entre deporte y política vuelve a colocarse en el primer plano del debate público. El fútbol argentino no es ajeno a esa historia: clubes, hinchas y periodistas han sido testigos, víctimas y custodios de relatos que atraviesan la violencia estatal. El término detenido-desaparecido se usa para describir a las personas que fueron secuestradas por el aparato represivo y cuya suerte sigue sin conocerse en muchos casos, y esa ausencia se siente en estadios, salones de clubes y cementerios.

En las últimas semanas la conversación pública se ha intensificado por el 50.º aniversario del golpe y por decisiones del poder ejecutivo que reavivan polémicas. La Casa Rosada impulsó materiales audiovisuales con el eslogan «verdad completa», protagonizados por figuras vinculadas al Gobierno como Agustín Laje y, en ediciones anteriores, Juan Bautista Yofre, con el objetivo declarado de poner en discusión cifras y narrativas consolidadas desde la transición a la democracia. Al mismo tiempo, la Secretaría de Inteligencia anunció una nueva etapa de desclasificación de archivos correspondientes a 1973-1983; un tuit oficial del 19 de marzo de 2026 detalló la publicación inicial de documentos y una guía para su consulta.

Clubes, testimonios y el pulso de la memoria

El deporte y la represión se entrelazan en ejemplos concretos: la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) —uno de los centros clandestinos más conocidos— se ubicaba a poca distancia del estadio de River Plate, y sobrevivientes relataron haber oído los festejos del mundial de 1978 mientras permanecían cautivos. A partir de esos relatos, los clubes empezaron a asumir un papel activo: mantienen la inscripción simbólica de las víctimas como socios, organizan homenajes cada 24 de marzo y colaboran con investigaciones periodísticas y judiciales cuando aparecen pistas sobre crímenes cometidos cerca de sus instalaciones.

Casos y nombres que persisten

La investigación sobre víctimas vinculadas al fútbol fue potenciada por la obra del periodista Gustavo Veiga, que en su libro identificó inicialmente 22 deportistas asesinados o desaparecidos; trabajos posteriores elevaron ese número a 33 y es probable que la lista no esté completa. Entre los casos documentados figuran el arquero Antonio Piovoso, suplente de Hugo Gatti en 1973 y estudiante de arquitectura; Ernesto David Rojas, jugador de Gimnasia de Jujuy asesinado días antes del golpe; y Roberto Santoro, poeta y compilador de literatura futbolera, secuestrado el 1 de junio de 1977 y nunca más visto. También persiste la inquietante historia de los llamados Fusilados de Racing, asesinados el 22 de febrero de 1977 en las inmediaciones del Cilindro, episodio que cobró nueva vida en investigaciones y en un documental estrenado en noviembre de 2026.

Búsqueda de restos, exhumaciones y obstáculos

La localización y restitución de cadáveres ha avanzado gracias a equipos forenses independientes, a la perseverancia de familiares y a investigaciones que señalaron fosas y pozos utilizados por las fuerzas represivas. El caso del Pozo de Vargas ilustra la complejidad: exhumaciones realizadas en años recientes permitieron identificar a víctimas que habían sido enterradas en un pozo transformado en fosa, entre ellas Eduardo Ramos y Alicia Cerrota, cuyos restos fueron entregados a sus familias en marzo de 2026 y enterrados en Tucumán el 5 de marzo de 2026. Esa entrega representó para los familiares un cierre parcial después de décadas de incertidumbre.

Limitaciones institucionales

El camino hacia la verdad enfrenta trabas: la negativa de sectores militares a facilitar información, los recortes presupuestarios en programas de derechos humanos y las disputas sobre estadísticas oficiales. Organismos y jueces han trabajado con la cifra emblemática de 30.000 desaparecidos que consensuó la sociedad argentina a partir del informe Nunca Más, mientras que voces del Ejecutivo han cuestionado ese número, lo que ha reavivado debates sobre memoria, reparación y justicia.

Movilizaciones, Estado y futuro de la memoria

Cada 24 de marzo miles de personas confluyen en Plaza de Mayo y en plazas de todo el país para exigir memoria, verdad y justicia. En 2026 las convocatorias adquirieron mayor masividad por el 50.º aniversario: la CGT, organismos de derechos humanos, Abuelas, Madres y organizaciones políticas anunciaron marchas que partieron desde puntos históricos como la ex ESMA hacia la Plaza. Mientras tanto, clubes y periodistas siguen abriendo expedientes, manteniendo nombres vivos y colaborando con peritajes que ayuden a reconstruir lo sucedido.

La combinación de actos públicos, exhumaciones, libros y documentales demuestra que la sociedad argentina no ha renunciado a investigar su pasado. El proceso es lento y doloroso, pero la persistencia de familias, investigadores y sectores del fútbol muestra que la memoria se conserva tanto en tribunales como en camisetas y plateas. El reto es sostener esos esfuerzos hasta que la mayor cantidad posible de respuestas salgan a la luz.