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15 julio 2026

Cómo el fútbol mantiene su esencia a pesar de la comercialización y la tecnología

El fútbol, como un arte vivo, sigue desafiando las épocas y las tendencias, manteniendo su capacidad de sorprender y emocionar a través del talento de sus jugadores y la incertidumbre de cada partido.

Cómo el fútbol mantiene su esencia a pesar de la comercialización y la tecnología

El fútbol, como un romero que espanta lo malo y atrae lo bueno, sigue siendo un fenómeno cultural que trasciende épocas y tendencias. Este deporte, nacido en el Siglo XIX ha sabido adaptarse y mantener su esencia a pesar de los intentos por convertirlo en un producto previsible y comercial.

En la actualidad, el fútbol se encuentra en una constante tensión entre el juego puro el negocio y el método. Esta dinámica se ha puesto de manifiesto en el reciente Mundial donde la capacidad del fútbol para sorprender y emocionar ha quedado una vez más en evidencia.

La capacidad de resistencia del fútbol

El fútbol conserva una extraordinaria capacidad para defenderse gracias a varios factores clave. En primer lugar, es un patrimonio cultural y popular que trasciende fronteras y generaciones. En segundo lugar, un Mundial es un choque de identidades entre países que se creen únicos y diferentes. Además, los grandes jugadores, intérpretes y representación de multitudes, nos fascinan con su talento y habilidades. Por último, cada partido es una incógnita, como un sobre de cromos que no sabemos qué contiene.

Desde hace décadas, se dice que las diferencias entre selecciones grandes y pequeñas son cada vez más pequeñas. Sin embargo, en las instancias finales, la lucha suele ser entre las clásicas, aquellas que ya han ganado un Mundial. Esto se debe a que una generación le debe cosas a la anterior, que dejó gestas para el recuerdo y levantó copas. Cada episodio que protagonizaron aumentó el capital de gloria de una selección y obliga a los que vienen a estar a la altura.

El talento indomable

El balón sigue obedeciendo otra ley. Gana el que tiene a Messi a Mbappé a Kane a Haaland a Lamine… porque el talento sigue siendo una variable indomable. Estos jugadores multiplican las posibilidades de su equipo y, a pesar de la obsesión por medirlo todo, el desenlace sigue dependiendo de un crack que, en medio de un atasco intransitable de piernas, encuentra medio metro, medio segundo.

El fútbol, como el arte, sigue escapándose por los márgenes de lo medible. Si, como el arte, aunque a estos genios siempre le hayamos subestimado la precisión, como si los pies no merecieran tanta atención; o la creatividad, seguramente porque creemos que es demasiado delicada como para que sude.

La metodología y la libertad del jugador

La metodología trabaja principalmente sobre el colectivo, cuidando más a los entrenadores que a los jugadores. La academia lleva tiempo domesticándolos para hacerlos funcionales a un sistema. Sin embargo, una de dos: o los jugadores diferentes son indomables; o el tiempo nos ha enseñado a darle a los diferentes el margen de libertad que necesitan para ejercer su imperio. Esta segunda posibilidad es la que nos anima a pensar que el fútbol sabe corregir sus excesos.

Puestos a ser optimistas, acordemos que la gran paradoja del fútbol consiste en seguir siendo imperfecto. Todo lo importante de este juego nace precisamente de aquello que no puede programarse. Mientras conserve ese margen de incertidumbre, seguirá siendo una aventura incomparable y un arte popular capaz de sobrevivir a las amenazas y a los atropellos. Como el romero, siempre encontrará la manera de volver a crecer.

Autor

Diego Morales

Diego Morales escribe igual de bien sobre la táctica de un derbi madrileño y una ruta gastronómica por Asturias. Periodismo deportivo con contexto y crónica de viaje con itinerario real.