En una charla retomada por Infobae, el presentador Arath de la Torre ofreció una lectura sobre la segunda edición de La Casa de los Famosos México. La conversación, realizada con Jorge ‘El Burro’ Van Rankin, repasó el papel que desempeñó el creador de contenido Adrián Marcelo dentro del programa y cómo su presencia alteró la percepción pública del concurso. El conductor reconoció la influencia del influencer en la intensidad de la temporada y explicó por qué determinadas confrontaciones terminaron por convertir episodios en tendencias.
El testimonio de De la Torre añade una voz interna que contextualiza conflictos, alianzas y decisiones estratégicas que marcaron la competencia. Además de comentar la mecánica del juego, el presentador admitió haber cambiado en su manera de reaccionar frente a la polémica y subrayó un deseo de cerrar ciclos con agradecimiento por lo vivido.
La importancia del antagonista en la narrativa del reality
De la Torre enfatizó que en un formato de convivencia, la existencia de un antagonista funciona como un motor narrativo. Según su visión, la figura de Adrián Marcelo no solo provocó discusiones, sino que también permitió que otros participantes mostraran facetas distintas. En este sentido, describió la presencia del influencer como un elemento que intensificó la atención mediática y dinamizó la interacción entre concursantes.
El conductor subrayó que, aunque hubo desacuerdos con el discurso y las formas de Marcelo, resultó imposible ignorar su capacidad para influir en la dinámica del grupo. Esa capacidad de generar reacciones contribuyó a que el programa mantuviera un nivel de conversación elevado en redes sociales y que la temporada alcanzara audiencias relevantes.
Estrategia y provocación como recursos televisivos
Arath explicó que dentro del juego existen tácticas deliberadas: algunos participantes optan por confrontar, otros por mediar, y unos más por permanecer al margen. En su lectura, la estrategia —entendida como la suma de acciones con intención de modificar la percepción del público y del resto— fue clara en el comportamiento del influencer. La provocación, afirmó, actuó como herramienta para mover alianzas y forzar reacciones que mantenían la trama en movimiento.
Tensión, metáforas y aprendizaje personal
En la entrevista, De la Torre recurrió a una imagen para explicar cómo la adversidad puede impulsar el rendimiento: comparó la situación con la navegación cuando el viento no empuja, sino que obliga a ajustar las velas. Con ello sugirió que la presión y el conflicto dentro de la casa contribuyeron a que los participantes mostraran recursos inesperados y que el programa ganara en dramatismo.
Este razonamiento también sirvió para abordar su propia evolución emocional. El presentador reconoció que, con el paso del tiempo, ha moderado reacciones impulsivas y que hoy su postura es de cierre de ciclo y agradecimiento. Recalcó que valora el aporte de cada concursante al resultado global del concurso y que entiende la controversia como parte del formato.
Mensaje de conciliación y reconocimiento
Arath transmitió un mensaje de reconciliación hacia quienes protagonizaron los choques más visibilizados. Admitió que, aunque hubo momentos de tensión con Adrián Marcelo, reconoce que su intervención fue determinante para el impacto del programa. En este punto destacó que todos los protagonistas aportaron a la narrativa colectiva y que, más allá de diferencias, existe un reconocimiento profesional por la contribución al formato.
Contexto y desenlaces de la temporada
La temporada quedó marcada por el conflicto entre Gala Montes y Adrián Marcelo, un enfrentamiento que generó picos de audiencia y conversación digital. Eventualmente, el influencer decidió abandonar la competencia por voluntad propia, un hecho que alimentó la cobertura mediática. Por su parte, el participante aliado de Gala y Arath, Mario Bezares, resultó vencedor de la edición, cerrando una trama que combinó alianzas, rupturas y estrategias televisivas.
En conjunto, las observaciones de De la Torre ofrecen una mirada interna sobre cómo un reality se construye tanto con la convivencia pacífica como con la tensión provocada por figuras disruptivas. Su testimonio permite entender por qué ciertos conflictos se convierten en piezas centrales para la narrativa del programa y cómo, desde la conducción, se pueden leer tanto los efectos como las responsabilidades de cada actor en pantalla.



